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Urubú
Análisis

Crítica de Urubú, la ópera prima de Alejandro Ibáñez dedicada a la memoria de su padre, Chicho Ibáñez Serrador

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de Urubú, la película de Alejandro Ibáñez Nauta dedicada a la memoria de su padre Narciso Ibáñez Serrador en la que homenajea ¿Quién quiere matar a un niño? Estreno en salas el 18 de septiembre de 2020.

Ha pasado por el mundo de la televisión y del cortometraje antes de recalar en el largo y su ópera prima es Urubú. Alejandro Ibáñez abraza el legado de su padre, pero con el inconveniente de no haber sabido separarse suficientemente de él como para realizar algo del todo nuevo y original. Si grandes realizadores como Alejandro Amenábar, Jota Bayona, Álex de la Iglesia o Jaume Balagueró han señalado la fuerte influencia profesional que su figura ha ejercido sobre ellos, es incalculable la que habrá calado en su propio hijo.

Tengamos en cuenta que el corazón de esta película es el de ¿Quién puede matar a un niño? que el maestro del fantaterror español por excelencia filmó en 1976. Fue una obra transgresora en muchos sentidos que, si bien se convirtió en un éxito de taquilla, fue bastante criticada por su dureza.

No vamos a hablaros de lo que comparten a nivel argumental para no reventaros ninguna sorpresa, pero sí de algunas concomitancias interesantes. De aquella se alabó de forma muy especial la fotografía a plena luz del día de José Luis Alcaine, que no era lo habitual en una cinta de género, además de la inquietante música de Waldo de los Ríos.

En el caso que nos ocupa, los pasajes más perturbadores también han sido filmados con luz diurna en un esfuerzo conjunto de Diego Barrero y Daniel Úbeda y la banda sonora del malagueño Arturo Díez Boscovich es uno de los puntos fuertes de la película. Puede que también sea un elemento del que se abuse en ciertas ocasiones para darle fuerza a las imágenes, pero es de ley reconocer su valor.

La producción de Urubú se dio por concluida dos semanas después del fallecimiento de Chicho Ibáñez Serrador. En palabras del director y guionista, que además da vida a un personaje en la ficción llamado Nauta: "Siempre me quedará la pena de que no haya podido ver la película terminada, pero sinceramente creo que le hubiese gustado mucho y que se hubiera sentido muy orgulloso del resultado". 

Desde luego, hay que ser muy valiente para lanzarse al ruedo sabiendo que tu obra va a ser comparada de forma irremediable con la de tu predecesor, así que de entrada hay que reconocer el valor y el riesgo que entraña realizar una película así. Por otra parte, la filmación ha sido en plena selva, con todas las dificultades que eso entraña.

Cierto es que no se trata de una película que exija grandes esfuerzos de producción a otros niveles: es un universo bastante cerrado, pocos personajes y un conflicto muy específico que estalla al final y en el que por tanto la acción está muy dosificada y medida, pero sí que demanda mucha atención en otros sentidos: gran parte del metraje de Urubú se ha rodado en exteriores y supone bastante dificultad mantener tanto el raccord como la coherencia interna de la historia.

Y aquí entra en juego el guión, que no es el punto fuerte de Urubú. Tomás (un entregado Carlos Urrutia) es un fotógrafo y apasionado ornitólogo que tiene como finalidad última fotografiar al urubú albino, un pájaro de la selva amazónica nunca registrado en libertad y que podría por tanto relanzar su carrera. Es tal su obsesión que su relación de pareja con su esposa Eva (la debutante Clarice Alves) y con su hija Andrea (Jullie D'Arrigo) está muy deteriorada. La pequeña pasa casi todo su tiempo enganchada a su IPad mientras que su madre le culpa de la falta de atención que recibe la niña.

El viaje a la selva pretende ser una especie de reencuentro para volver a unir a la familia y descansar lejos del mundanal ruido, pero la desaparición de varios pescadores hace que lo que parecía un retiro idílico y tranquilo se transforme en una auténtica pesadilla. Una vez que Andrea desaparezca sin dejar rastro, la desesperación hará que Tomás y Eva vayan en su busca, adentrándose en un mundo que no se habrían atrevido ni a concebir.

Por supuesto, el espectador sí que llega a concebir, muy pronto, eso que a ellos les aterroriza y amenaza, percibiendo muy pronto que el famoso urubú del título no es más que un McGuffin, una excusa argumental, para enfrentarnos a un survival horror de lo más familiar.

Otros dos puntos débiles hacen que Urubú se desinfle bastante: en el plano interpretativo, la película está lejos de la excelencia (no hay química alguna entre los protagonitas y tienden a sobreactuar o a parecer perdidos en los momentos más íntimos) y el montaje también tiene serios problemas difíciles de solventar. En esencia, lo que la película quiere contar, dado que ya es conocido para los espectadores, no habría requerido tanto tiempo, así que una edición más ágil y elegante le habría sentado bien.

En suma, luces y sombras en una ópera prima con excelentes intenciones, pero a la que le falta una vuelta de tuerca para sorprender a la audiencia y un casting más cohesionado. Lo demás se irá puliendo con el paso del tiempo, porque visto lo visto queda claro que Alejandro Ibáñez tiene interés por el género y puede darnos muchas alegrías en el futuro.

Valoración

El debut de Alejandro Ibáñez tiene luces y sombras: la sombra del legado de su padre es demasiado larga y en lugar de rehuirla ha decidido abrazarla olvidándose por el camino de forjar una identidad propia. Con todo, los valores de producción y el esfuerzo humano y técnico (incluso la valentía de atreverse) es admirable.

Hobby

55

Regular

Lo mejor

El simple arrojo de homenajear una de las películas más controvertidas y celebradas de Chicho Ibáñez Serrador. La fotografía y la banda sonora.

Lo peor

Aunque la idea es buena, tiene demasiado relleno y es poco elegante en su forma de llegar a su conclusión. Habría necesitado otra vuelta de tuerca.

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