Crítica de Warfare: Tiempo de guerra - Alex Garland y Ray Mendoza nos introducen en la contienda

Crítica de Warfare: Tiempo de guerra, la película coescrita y codirigida por Alex Garland y Ray Mendoza en base a una experiencia de este último en Irak. Estreno el 16 de abril.
A pesar del ninguneo en la temporada de premios (que muy probablemente tuvo mucho que ver con su punto de vista político, nada complaciente), Civil War fue, sin lugar a dudas, una de las películas más audaces y preclaras de cuantas llegaron a las carteleras en 2024.
En gran parte, eso tuvo que ver con la colaboración entre Alex Garland (Ex_Machina) y Ray Mendoza, que le asesoró como exmarine a la hora de idear algunas de las secuencias más impactantes de la película como la toma de la Casa Blanca. La intención era hacer que todo fuese lo más realista posible... y a la vista está que consiguieron su objetivo.
Warfare: Tiempo de guerra, nace de la necesidad de recrear una experiencia propia de Mendoza: una operación que tuvo lugar durante la ocupación de Irak en 2006 en la que él era el encargado de las comunicaciones.
La película nos presenta a un pelotón de jóvenes Navy Seals estadounidenses que se encuentran realizando una operación de vigilancia en territorio insurgente. Toman una vivienda que consideran bien ubicada para tal fin, cometiendo el grave error de hacer mucho ruido y delatar su posición.
Al cabo de un tiempo detectan un aumento de movimiento de personas sospechosas que se agrupan y van armando paulatinamente. La tensión va incrementándose hasta que, de improviso, son atacados. Con dos efectivos gravemente heridos, la única posibilidad es pedir una extracción, pero los otros dos grupos de operaciones cercanos están haciendo frente a disparos indiscriminados.
Las cosas se irán complicando poco a poco: se impone salir del estado de shock inicial para atender a los heridos y evacuarlos pero no es fácil reaccionar cuando se está contra las cuerdas.
No hay poesía cuando rugen los disparos
Warfare: Tiempo de guerra sirve a muchos propósitos distintos. El primero de ellos es el de documentar una experiencia de la manera más fiel posible a los hechos. Sabiendo que no estamos en el terreno del documental pero sí lindando con su tono, se han recabado y contrastado distintos testimonios de supervivientes con el objetivo de presentar una versión lo más fidedigna posible a la realidad.
¿Cómo conseguir que el espectador entre de lleno a la propuesta? "Metiéndolo" dentro de la película. A tal efecto, se ha buscado que Warfare sea lo más inmersiva posible, creando escenarios 3D en los que los operadores de cámaras de tipo steadycam (como las utilizadas en 1917 o Adolescencia) puedan moverse con libertad, utilizando todos los ángulos posibles.
El metraje se compone de ocho largos segmentos en los cuales los actores tenían un cierto margen para actuar como si se tratara de teatro en vivo, interactuando con los elementos del set y entre ellos con pequeñas dosis de improvisación, pero también ateniéndose a una coreografía colectiva marcada.

El segundo gran propósito de la película es arrebatarle a un relato de guerra cualquier tipo de romantización y de sentido épico. Aquí nadie encontrará al clásico marine estadounidense omnipotente como representación absoluta del bien u objeto propagandístico para propiciar alistamientos masivos.
Muy al contrario, Warfare pone de manifiesto que las guerras son ideadas por lo general por unos y libradas por otros: miembros jóvenes de la comunidad que tienen que enfrentarse a un nivel de violencia, estrés y responsabilidad para el que no están preparados y marcarán sus vidas de forma física y psicológica para siempre.
No son invulnerables ni infalibles, lo que hace que la tensión se respire en todo momento, a medida que la película se instala en un in crescendo demoledor en el que es radicalmente importante la relación personal establecida en el grupo.
Tuvimos ocasión de charlar con el reparto acerca del entrenamiento previo al rodaje y la creación de esa particular camaradería. Y, hay que decirlo, el casting es una verdadera maravilla, contando con un ramillete de intérpretes magnífico: D'Pharaoh Woon-A-Tai, Will Poulter, Joseoh Quinn, Kit Connor, Cosmo Jarvis y Taylor John Smith destacan de forma muy especial.
Por todo lo anteriormente expuesto, queda claro que Warfare es una película de guerra, pero con un trasfondo en esencia antibelicista. La guerra es confrontación, destrucción y una experiencia demoledora para todos los bandos y 95 minutos de metraje son más que suficientes para dejar este mensaje cristalino.
De manera adicional, al final pueden verse a las personas reales interactuando y asesorando a los actores. En algunos casos sus rostros han sido difuminados lo que obedece a distintas razones: algunos han fallecido, otros desean preservar su intimidad o siguen en activo.
En suma, estamos ante una película honesta, exhaustiva y desasosegante. ¿Quieres saber qué es lo que marca a fuego a un soldado que ha estado en el frente y qué tipo de experiencias originan el famoso TEPT? He aquí el origen de las pesadillas: el estruendo que te deja sordo y atorado, la sangre, el polvo y las lágrimas.
Valoración
Nota 82
Garland y Mendoza reniegan de las versiones romantizadas y heroicas de la guerra para contarnos qué supone para un pelotón formado por hombres jóvenes que una misión se tuerza. Inmersiva, asfixiante y desoladora, es un relato sobre la guerra con corazón antibelicista que sobrecoge.
Lo mejor
Todos los esfuerzos por hacer inmersiva la película: las tomas largas, los escenarios 3D, el trabajo de steadycam, las intepretaciones...
Lo peor
No es la típica película que verías varias veces: es una experiencia traumática que te dejará dolorido y entumecido,
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.