Crítica de Wicked, un espectacular regreso a Oz basado en el musical de Broadway

Crítica de Wicked, la adaptación cinematográfica del famoso musical de Broadway ambientado en el universo de El mago de Oz que llega dividida en dos partes.
Ocurre algo muy interesante con las versiones cinematográficas de los musicales: los democratizan. Asistir a un musical no es una cosa barata mientras que una entrada de cine es algo mucho más asequible comparado con la de un teatro. Y si ese teatro se encuentra en otra ciudad o en otro país, ya te puedes ir olvidando del tema.
Siempre existe la posibilidad de que accedas a una versión grabada de la obra, pero ya no será lo mismo, te faltaría una parte de la experiencia para la que fue diseñada. Por eso el cine le da sentido.
Wicked es uno de los musicales más populares de Broadway, uno que todavía no ha pisado nuestras fronteras. Lo que sí hemos recibido es su película… O una parte de ella. Pero a eso ya llegaremos.
Wicked no es El mago de Oz
La cinta arranca justo al término de El mago de Oz (1939), cuando la Malvada Bruja del Oeste ha sido derrotada por Dorothy, a quien vemos de lejos regresar a Munchkinland junto a sus amigos mientras una población eufórica grita: “The Wicked Witch is dead”.
Y, aunque en tu cabeza ya estás tarareando Ding-Dong!, la primera canción de la película se aleja tanto de todas las melodías del clásico de 1939 como de su antigua protagonista, para establecer su propio tono y recordarte que lo que estás a punto de ver es un relato nuevo.
Ese capítulo que nunca te habían contado de la historia de Oz, uno mucho más oscuro, que transcurre tiempo antes de la irrupción en él de una joven de Kansas.
Esta es la historia de Elphaba, una chica de incomprendida piel verde a quien le permiten acceder a la Universidad Shiz por sus inusuales poderes, en lo que podríamos definir como la versión de Maléfica (2014) de El mago de Oz.
Sacándole 15 años al personaje al que debería interpretar, Cynthia Erivo encaja mejor como universitaria que Judy Garland como niña, pero no es sólo ella quien se come la pantalla en la película, pues también la acompaña Ariana Grande en el papel de Galinda.

Aunque más adelante será conocida como la Bruja Buena del Norte, en sus años mozos era la típica rubia, pija, popular e insoportable, un personaje tan paródico que te saca una sonrisa cada vez que agita la melena.
Galinda contrasta con el resto de estudiantes -entre quienes hay un acertado y consciente espacio para todas las formas, colores y condiciones-, por su hortera ropa siempre de rosa, y en especial con Elphaba, que parece salida de un funeral.

El vestuario es sólo el primer apartado que podría destacar para hablar sobre el cuidado barroquismo de su imagen, con una exageración de detalles en cada plano por los que ya merece la pena verla en pantalla grande.
Es mágico volver a Oz, adentrarte más profundamente en su mitología, sus orígenes, sus conflictos, pero es si cabe más mágico hacerlo a través de una película con un despliegue de producción tan potente como Wicked, que te permite visitar a una Ciudad Esmeralda como nunca antes la habías visto.

Quizá aún no hayas tenido la oportunidad de ver el musical original, sin embargo, las escenas de esta película ofrecen una mirada a lo que podría suponer este montaje sobre las tablas al empujar sus fronteras.
El agua, el fuego o el humo se dan por sentados, pero en el largometraje no se olvidan de incorporar en sus sets tremendos -tan artificiosos como un decorado-, muchos escenarios prácticos, con piezas móviles que se van desplegando para que dancen sus intérpretes, en coreografías medidas al milímetro pese a sus decenas de extras.

Es difícil imaginar la magnitud de su escenografía cuando casi todo lo que ven tus ojos, y parece inviable construir, está ahí de verdad, desde el largo campo de amapolas arcoíris, hasta el lago con barcas que lleva al alumnado por primera vez a clase.
Todo ello con el añadido imposible que sólo te ofrece el cine de rellenar cada uno de esos espacios en los que antes debías poner a trabajar tu imaginación, que se complementan con una luz de ensueño y con la ayuda de un CGI del que gusta mirar porque no puedes llegar a ciertos niveles de fantasía y riqueza visual sin recurrir a él para completar lo que falta.
Un final a la altura de Dune

Pero a la cinta la envuelve un aura siniestra que se va acrecentando desde que Elphaba sube al tren para encontrarse con el Mago de Oz. Tienes la certeza de que tarde o temprano te van a arrancar de la película antes de que haya terminado.
Por aquí, al menos, no se ha promocionado demasiado que Wicked sea una primera parte, porque eso le resta bastante atractivo a la propuesta. No te preocupes, que el título del largometraje se encarga de confirmártelo, cuando ya es demasiado tarde para echarse atrás, con un “Part One” y su desenlace te lo recuerda con un “To be continued”, que será en el lejano noviembre del año que viene.
Una durísima guinda del pastel para las más de dos horas y media de metraje de esta primera parte, que se corresponden con las casi tres horas que dura el musical de Broadway completo. -Por fortuna, gracias a su ritmo tan frenético, no eres consciente de su extensión-.
Encima tiene el descaro de terminar por todo lo alto: cuando su protagonista reúne aquellos atributos que la hacen reconocibles en El mago de Oz, después de cantar la canción más popular del musical: Defying Gravity.
Si quieres sufrir sabiendo que vas a tener que esperar hasta 2025 para ver Wicked: Part Two, podrás ir a ver Wicked a los cines a partir del próximo viernes 22 de noviembre.
Valoración
Nota 93
Wicked es un musical bastante largo pero que no se hace pesado, y que merece la pena ver en la gran pantalla, para descubrir toda la riqueza visual que esconde esta precuela no oficial de El mago de Oz.
Lo mejor
Su imagen tan recargada. Cada uno de los sets. El personaje de Galinda, todo humor.
Lo peor
Esto es sólo una traicionera primera parte.


