Yo, Tonya
Análisis

Crítica de Yo, Tonya, con una excelente Margot Robbie

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de Yo, Tonya (I, Tonya), dirigida por Gillespie, con unas excelentes Margot Robbie y Allison Janney nominadas al Oscar junto a la montadora Tatiana S. Riegel. En cines a partir del 23 de febrero de 2018.

El director australiano Craig Gillespie (La hora decisiva) juguetea con los límites de la realidad y la ficción en la excelente película Yo, Tonya, un relato de ritmo endiablado. No en vano, la montadora Tatiana S. Riegel ha sido nominada al Oscar por la agilidad y precisión de su labor.

Como asegura Margot Robbie (sí, la Harley Quinn de Escuadrón Suicida) flamante protagonista de la película y reciente ganadora del BAFTA, el texto inicial que aparece en pantalla al principio de la película resume bien lo que se narra. Es una película “basada en entrevistas desprovistas de ironía, completamente contradictorias y absolutamente ciertas realizadas a Tonya Harding y Jeff Gillooly".

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¿Quiénes son estos dos individuos? Se trata de la controvertida patinadora olímpica, Tonya Harding, la primera estadounidense capaz de ejecutar un perfecto salto triple axel y su ex marido, Jeff Gillooly, con quien mantuvo un turbulento matrimonio durante tres años (desde los 19 a los 22 años). La cinta abarca la vida de Tonya desde los 4 a los 44 años, con lo que hay una labor cuidadísima en lo que al maquillaje, el vestuario y los prostéticos se refiere para ajustarse a cada época y nos lleva al episodio más polémico de su carrera: el ataque a una patinadora rival que la llevaría ante los tribunales.

Cada uno de ellos mantiene una posición diametralmente opuesta y ambas se ven amplificadas por la madre de la patinadora LaVona y el mejor amigo de él, Shawn, partes implicadas de forma activa o pasiva en lo sucedido. Gillespie recrea esas entrevistas (cuyo contenido en parte se ve al final), que quedan jalonadas por la reconstrucción de la vida de Tonya. Pero no se limita a realizar una película convencional, sino que a menudo recurre a saltarse la línea temporal o a permitir a sus personajes romper la cuarta pared y dialogar con el espectador. Es más, en un momento dado uno de ellos reclama su espacio porque considera que está perdiendo visibilidad. Muy unamuniano todo.

A todo ese armazón hay que sumar la dificultad técnica que entraña rodar una película como ésta. El productor de Yo, Tonya (I, Tonya), Tom Ackerley, aclara que "puedes ver las escenas de patinaje y entenderlas como si fueran secuencias de acción de una película de tiros. La mecánica de cómo filmamos el patinaje es similar, con especialistas, efectos visuales y todos los demás elementos que hay que coordinar para poder sacar adelante escenas así. [...] Conseguir hacer todo esto, a la escala y con el presupuesto del cine independiente, fue increíblemente complicado". 

Pues lo cierto es que solo hay un momento en el que los efectos visuales no consiguen engañarte: una pirueta en la que se ve claramente cuándo se ha introducido el rostro de Robbie en lugar del de la patinadora profesional que estaría ejecutando la figura. Es un momento puntual en una película de dos horas que consta de 256 escenas entre las que se incluyen cuatro competiciones de patinaje, dos de ellas Juegos Olímpicos, así que prácticamente lo nombro como una anécdota, porque no es en absoluto importante.

El guionista Steven Rogers, firma su mejor libreto hasta la fecha (venía de escribir películas tan flojitas como Postdata te quiero, para que os hagáis una idea) en el que en ocasiones acusa la influencia de los hermanos Coen y en otras tiene el toque de Scorsese.

"Me convertisteis en una heroína durante un minuto. Después fui la mala y al final me quedé en un chiste"

Si hay dos pilares que apuntalan con fuerza Yo, Tonya son las dos pedazo de intérpretes que se dejan la piel en sus respectivos papeles: Margot Robbie, maravillosa como antiheroína, llena de matices (y ejerciendo de productora, por cierto), y una increíble Allison Janney que ejecuta a la perfección un papel que es un verdadero regalo. Raro será que se vaya con las manos vacías de los Oscar, teniendo en cuenta que se ha alzado ya con el Globo de Oro y el BAFTA. Si a Margot Robbie se le escapa la estatuilla dorada, será solo porque McDormand pisa con una fuerza increíble con Tres anuncios en las afueras... Cualquier otro año no habría la menor duda.

La banda sonora es otro de los puntos fuertes de la cinta: está cuajada de temazos que acompañan a la narración, casi siempre. Y esto lo decimos porque también tiene un "patinazo", nunca mejor dicho. La elección de "Can You Mend a Broken Heart?" de Al Green en una escena en la que Harding es maltratada es, como poco, desafortunada y, en cualquier caso, hay momentos en los que esta cuestión emponzoña ese humor negro que lo impregna todo desde el comienzo. 

Yo, Tonya tiene otro gran atractivo que proviene del factor sorpresa: es un falso documental que el público no se espera, lo que puede hacer que la disfrute el doble. Los aspectos relativos a la rivalidad de Harding con su compatriota Nancy Kerrigan, que amenazaba sus posibilidades de cara a los Juegos Olímpicos de Lillehammer, son al final una excusa para hablarnos de otras cosas que superan la excepcionalidad de los personajes: la idiosincrasia estadounidense, la importancia de las apariencias, los cruces de intereses... Es una película audaz, ágil e imprescindible: no os la perdáis.

Valoración

Con un guión excelente, Yo, Tonya nos lleva a bucear por un pasaje deportivo reciente que trajo cola y para ello su director toma decisiones audaces. Muy original y tan efectiva en su ritmo como una coreografía que aspire al oro.

Hobby

90

Excelente

Lo mejor

Interpretaciones, banda sonora y mezcla de estilos casi perfecta: tiene sentido del humor autoconsciente, toques de thriller, parte de biopic...

Lo peor

El tono de comedia negra puede chocar de frente con algunas de las situaciones de abuso y maltrato que refleja la película.

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