Reportaje

Los Mejores Cómics: La Muerte de Superman

Por Jesús Delgado
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La Muerte de Superman reabre nuestra sección de Los Mejores Cómics. Esta historia es uno de los grandes hitos del cómic de superhéroes. Acaecida en 1992, La Muerte de Superman pretendía sacudir los cimientos del concepto de superhéroe y de su propia mortalidad. ¿Pero fue así o solo generó un vacuo precedente?

A día de hoy, la muerte de un superhéroe siempre es tomada con escepticismo, cinismo e, incluso con ironía, chistes y apuestas para ver cuánto tarda la editorial en sacarlo de la tumba, fresco como una rosa. Pero no siempre fue así. Corría 1992 y el mundo fue sacudido por la devastadora noticia: Superman había muerto. Incluso los telediarios, que por entonces se tomaban a befa todo cuanto saliera de unas viñetas, dieron la noticia del fallecimiento del Hombre de Acero, el héroe más grande de los cómics. 

En retrospectiva, La Muerte de Superman fue completamente nuevo. Sí, en los ochenta,  Flash (Barry Allen) había muerto y no hacía tanto, Jason Todd, el segundo Robin, fue asesinado a manos del Joker en la historia de Muerte en la Familia. Pero Superman era algo mucho más gordo y grande, era el ser indestructible por antonomasia, el foco de esperanza que nunca se apagaba, el pilar de integridad y resistencia que nunca se quebraba, el bien supremo imperecedero...  

¿Pero cómo se llegó a esta situación? ¿Cómo es posible que el héroe más grande de todos los tiempos fuera destruído de la noche a la mañana? Bien, si nos fijamos bien en los hechos, veremos que no fue lo que se dice un episodio espontáneo, sino que su muerte (y posterior resurección) se debieron a causas muy bien definidas.

La muerte de la inocencia del superhéroe

La versión oficial es que Doomsday (Juicio Final), un ser alienigena virtualmente indestructible, con malas pulgas y algo psicópata logró agotar a Superman, quien murió a causa de las terribles heridas sufridas en el combate. El monstruo había recorrido Estados Unidos, desde su corazón hasta Metrópolis, desatando una ola de muerte y destrucción que  ni siquiera la Liga de la Justicia al completo pudo detener. Solo el sacrificio del Hombre del Mañana, llevado más allá de sus límites logró frenar al monstruo, doblegándolo en un último y sobrehumano esfuerzo a las puertas del Daily Planet, medio en el que trabajaba bajo el alias de Clark Kent. De este modo, con su último aliento, Superman se sacrificaba, muriendo en los brazos de Lois Lane, su amor de toda la vida.

Ahora bien, la versión que normalmente no se cuenta es otra muy distinta. A Superman no lo mató la horma de su zapato, creada ad hoc para destruirle, cuando las ventas caían. Los asesinos de Superman fueron los años 80/90 y los lectores y la moda imperante. 

Antes de que empecéis a sentiros ofendidos, dejad que os expliquemos. A poco que conozcáis la historia del cómic, sabréis que los años 80/90 se caracterizan por haber sido un paso de tránsito entre el superhéroe arquetípico y la introducción de tramas cada vez más siniestras y oscuras, en favor de héroes de mandíbulas apretadas, algún que otro implante biónico y (a ser posible) un gran pistolón en las manos. Lo que inicio Frank Miller con su Daredevil y con su Batman, fue sublimado en 1991 con la llegada de X-Force, y héroes similares, hipermusculados y acorazados y totalmente antiheroicos. En este contexto, un héroe con superpoderes y un traje colorido, que representaba los valores tradicionales de la comunidad superheroica, se quedó desfasado.

Aunque en 1986, John Byrne había dado un nuevo génesis a la carrera de Superman con la colección The Man of Steel, tras Crisis en Tierras Infinitas, logrando el reconocimiento de la crítica y del público a la reinvención del personaje tras el masivo crossover que rebooteó DC Comics. Sin embargo, debido a una disputa de Byrne con DC, el artista abandonó  la serie y ésta fue puesta en manos de Roger Stern. Esta nueva etapa no cosechó los exitos esperados y rápidamente la colección se hundió en ventas, en favor de otros héroes cada vez más populares. Como solución en 1990, en la editorial se comenzó a hablar de un nuevo arco argumental bautizado como Doomsday (Juicio Final) con el que se devolver vida a su héroe más importante. 

Sin embargo, los creativos y guionistas no conseguían cuajar nada que fuera mínimamente interesante. Y entonces Jerry Ordway comenzó a bromear diciendo "Vamos a cargárnoslo y ya está". Aquello se convirtió en un chiste privado del grupo hasta que el editor Mike Carlin le vio posibilidades a la broma del guionista. Años después, Carlin señalaría que "El mundo daba por hecho que Superman siempre estaría ahí. Así que literalmente pensamos 'Vamos a enseñarles a todos cómo sería un mundo sin Superman'". 

Y eso hicieron. Mediante un trabajo conjunto entre los guionistas  Dan Jurgens, Roger Stern, Louise Simonson, Jerry Ordway y Karl Kesel se inicio una historia que mataría al héroe. Si bien no se trata de un trabajo digno de ser llamado novela gráfica, sí se debe reconocer la epicidad y un acabado de primer nivel, que culmina con varias splash page, a cada cual más épica (para los estándares de la época), despidiendo al superhéroe más poderoso de DC Comics como a un denotado martir. Desgraciadamente, esta historia de enormes posibilidades supuso también la defunción de un elemento narrativo imprescindible: la muerte. 

La muerte de la muerte de los superhéroes

No pasaría mucho tiempo antes de que el héroe regresara de entre los muertos, para encontrarse con cuatro "impostores" que habían estado haciendo su trabajo mientras tanto. Ahorrándonos los detalles de esta trama,la historia  básicamente se saldó con el regreso de un héroe no tan muerto como parecía y, tiempo después, con un segundo asalto entre Superman y Doomsday. O sea, todo cambió para seguir igual. 

Sin embargo, quizá el mayor daño que hizo a la comunidad superheroíca La Muerte y Resurección de Superman fue precisamente la creación de un precedente que se ha repetido hasta la nausea desde entonces. Superman no pasó muerto ni dos años, de hecho ni siquiera llegó a morir. Los guionistas explicaron que la fisiología kryptoniana y la radiación solar que había absorbido le permitieron entrar en una suerte de coma regenerativo del que salió cuando el argumento lo propició, retomando su papel como salvador de la Tierra.

Desgraciadamente, este giro tuvo un efecto secundario gravísimo. La fiebre de matar a un personaje, dejar pasar el tiempo y resucitarle cuando hiciera falta se extendió a otros tantos superhéroes de la propia casa como de la competencia, Marvel. Los casos más descarados son el regreso de Barry Allen, el Flash original, y Hal Jordan (Green Lantern) que se volvió villano antes de retornar una vez más a la continuidad de DC, como si nada hubiera pasado. En Marvel, más recientemente, tenemos la muerte del Capitán América, del Hombre Hormiga Scott Lang e, incluso, la de Ojo de Halcón o Spider-man. Pero a poco que os pongáis a investirgar, veréis que no son los únicos. Lobezno también se unió no hace mucho al club de héroes caídos y  también Masacre ha coqueteado con la muerte en numerosas ocasiones.  

En fin, como podéis ver, el hito de La Muerte de Superman supone un punto de inflexión en la que las reglas de la vida y de la muerte se fueron al carajo,  iniciando un ciclo en el que todo valía con tal de relanzar las ventas. Algo que durante más de veinte años ha sido una constante en el mundo editorial. Desgraciadamente, resulta complicado saber si se debe culpar de ello a los editores, ávidos de hacer negocio, o a los guionistas, hundidos en cierta mediocridad mercantil. ¿O quizá realmente la culpa es del público? Ese mismo que demanda "realismo y oscuridad" para personajes ficticios que se juegan la vida a diario, vestidos con mallas y luchando contra el crimen o el mal en sus distintas formas. Un público que luego no encaja con dignidad los cambios operados en estos héroes y ante cualquier cosa que se salga de la normalidad exclama un "vaya mierda, me habéis jodido al personaje", cuando dos días antes del suceso demandaba cambios radicales en él. Vosotros diréis.

Actualmente, ECC Ediciones ha reeditado el arco argumental de Doomsday de La Muerte de Superman en un tomo único recopilatorio. El tomo, de 168 páginas a todo color, ha sido editado en cartoné a un precio de 17,50 euros. Puede adquirirse en grandes superficies, librerias especializadas y tiendas on-line. También es posible, rebuscando en librerias especializadas, ediciones anteriores de esta historia que reúne también la historia de la Resurección de Superman.

 


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