Worms WMD
Reportaje

Worms WMD - Avance del regreso de los Worms

Por Daniel Quesada
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La franquicia Worms lleva dando guerra desde 1994 y, sin duda, vivió su mejor momento con la llegada de Worms 2 y el posterior Worms Armageddon: armas absurdas y tronchantes como la granada sagrada, la superoveja o el burro de cemento han hecho gozar a los fans de la estrategia multijugador durante lustros. Con el paso del tiempo, la saga ha intentado con toda clase de alternativas: el salto a las 3D, uso de fortines, física de fluídos para ahogar a los rivales... Sin embargo, la saga no ha vuelto a tener la popularidad de finales de los 90.

La nueva apuesta de sus desarrolladores, el Team 17, intenta regresar a las raíces para reinventar la fórmula. Así llega Worms WMD, una nueva entrega para PS4, One y PC, que retoma la jugabilidad en 2D de las últimas entregas. Eso sí, esta vez no hay efectos poligonales: tanto escenarios como personajes vuelven a basarse en sprites, aunque los worms han sufrido un rediseño... Para peor, en nuestra opinión. Siguen siendo muy expresivos, pero el aspecto "cartoon" que mantuvieron desde Worms 3D ha quedado un poco simplificado de más. En cualquier caso, las armas y los escenarios son más detallados que nunca.

Pero esto es solo la superficie. Aunque la jugabilidad básica se mantiene (el objetivo es controlar por turnos a nuestros gusanos para eliminar a los bandos rivales lanzándoles toda clase de ataques), se han introducido montones de cambios que van a dar una vuelta a los duelos. El más llamativo es el de la creación de nuestras propias armas. Ya se había insinuado una mecánica parecida en las últimas entregas, pero en esta ocasión el editor es todo un festival que nos permite diseñar el "armatoste" de nuestros sueños.

Otro cambio está en los escenarios: algunas partes pueden tener una "capa frontal". Por ejemplo, si estamos lejos de un edificio veremos su fachada, pero al acercarnos esta fachada se volverá transparente y podremos movernos por los pasillos o escaleras que hay dentro. Por otro lado, se han incluído vehículos, con el tanque como protagonista. Basta con acercarnos y pulsar un botón para montarnos. El tanque puede moverse por escenarios muy inclinados e incluso ejecutar saltos... ¡Y lanza 6 disparos por turno! Incluso habrá un helicóptero que lanza disparos devastores, pero también un control bamboleante.

Worms WMD d
El helicóptero puede liarla así de parda.

Además de vehículos, veremos torretas fijas, que tienen una contundencia mayor que buena parte de las armas y aprovechan una mira láser. Estas torretas pueden ser, por ejemplo, un rifle de francotirador o una ametralladora de posición. Tanto las torretas como los vehículos dan una enorme ventaja a los que las usan, así que llegar hasta ellos será crucial para sacar ventaja en el duelo. Como veis, el número de cambios se asemeja o incluso supera al de Worms Revolution, si bien descarta algunas de sus aportaciones.

¿Y qué hay de las armas nuevas en Worms WMD? ¡Pues las habrá y más locas que nunca! La batería telefónica puede lanzar descargas eléctricas y expandir su radio de acción si hay objetos metálicos (y, por tanto, conductores), cerca; el regalo no deseado es un explosivo que puede estallar cuando tú decidas, entre 1 y 5 turnos; por su parte, el ataque OMG llama a un satélite para que desencadene un devastador ataque láser. Sus creadores aseguran que será tan devastador como el Armagedón.

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Nosotros hemos podido probar una demo de Worms WMD algo limitada en cuanto a opciones, pero el juego final tendrá 20 misiones de entrenamiento, 30 de campaña y 10 retos. Además, cómo no, habrá multijugador local y online para hasta 6 usuarios. La personalización de nuestro equipo (¡sombreros a go-go, amigos!) será más completa que nunca, así que los fans de la vieja escuela van a sentirse como en cada con esta entrega. Hay que ver si el equilibrio en la disposición de las armas es el correcto en la versión final, pero las primeras partidas son tan atractivas y enganchantes como siempre. El 23 de agosto, la guerra anélida volverá a reptar por nuestros sistemas. 

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