Análisis

Análisis de RAGE con mutantes y vehículos

Por Óscar Díaz
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Partamos de lo básico: disparos en primera persona. ID Software lleva muchos años detrás de esta idea. Esa misma que les hizo ‘regalarnos’ Wolfenstein, los Doom, los Quake… y, ahora, tras esperar bastante, vuelven con eso mismo en RAGE. Pero, claro, con millones de fans que quieren más de lo mismo y muchos otros que aún no son seguidores de John Carmack, Tim Willits y compañía, a esa fórmula de principios de los noventa le venía bien un buen lavado de cara.

Como nos han contado durante años los desarrolladores de RAGE, este título llega como algo independiente de cuanto han hecho antes. Por un lado, tenían una tecnología que rompía con los límites que ataban a títulos anteriores. Por otro, querían demostrar que eran capaces de hacer algo fresco. Pero, ante todo, en ID Software quieren divertirse y confían en que sus gustos sean los de millones de usuarios que compren sus juegos.

Bajo la tutela de Bethesda y con sus recursos a disposición de la creatividad, este nuevo título va a sentar las bases para la tecnología que llegará con la siguiente generación. En pocos años escucharemos términos como gigatexturas... ¿teratexturas tal vez?, pero por ahora, nos conformaremos con megatexturas como las que usa RAGE. Las mismas que sirven para mostrar un mundo abierto, donde cada rincón parece diferente del anterior y que representa un planeta que ha sido sacudido por un desastre global.

Post-apocalíptico con todos los clichés

Cuando vemos un mundo acabado, desértico, donde sus pobladores viven de los restos de civilizaciones anteriores, lo primero que pensamos es que a la Tierra le ha pasado algo. Así, de primeras, quien haya ido por ahí, sin devanarse mucho el cerebro, habrá acertado. Nada menos que un asteroide enorme, de nombre Apophis, ha sido el causante de que todo un planeta acabe hecho un eral. Eso sí, antes de que las cosas se pusieran mal de verdad, los científicos más previsores idearon el proyecto Edén. Este incluye una especie de cápsulas del tiempo. Arcas en las que la hibernación garantizaba la supervivencia de los mejores representantes de la especie. Por cierto, tampoco falta el término pseudo científico para darle credibilidad, los nanotritos inyectados en cada sujeto. Y aquí empieza nuestra historia, como espejo de muchas otras en las que un mundo nuevo se abre ante nosotros. Uno lleno de peligros, traiciones y falta de recursos, pero hecho a nuestra medida.

Nada más salir a la luz del mundo exterior, RAGE da una idea muy buena de lo que nos queda por delante. Encontraremos amigos, enemigos, algunos que son una cosa pero parecen otra y unos escenarios inmensos, tanto por tamaño como por el detalle con que están recreados. Más adelante veremos mutantes, colonos, bandidos y la ‘temida’ autoridad. Los contrastes en el juego van desde la iluminación, perfectamente exagerada, hasta la mezcla entre espacios cerrados y un yermo que explorar.

La ambientación apenas necesita explicarse. Lo hemos visto en películas como Mad Max, libros como Mensajero del futuro y, por supuesto, muchos juegos. Los primeros que vienen a la cabeza por su cercanía en el tiempo son Borderlands y Fallout 3. Pero está claro que en ID Software tienen un estilo muy depurado, que resulta difícil imitar. Esto lo dan las tablas y, también, que RAGE no intenta ser un juego de rol al uso y se centra mucho en algo tan sencillo como que ‘disparar a cosas es divertido’.

'Fuentro' del Yermo

La variedad de escenarios que presenta el juego es toda una novedad. No para el género, pero sí para quien está detrás de RAGE. Cañones enormes, montañas, un cielo impresionante y la posibilidad de mirar al horizonte y ver que todo está modelado en 3D, son los primeros elementos que sorprenden, para tratarse de un juego de ID Software, claro. Después llegan los vehículos y, al poco rato, pasillos… El estilo de este título es toda una declaración sobre lo que nos espera por parte de sus creadores, de aquí a unos años. Tienen la tecnología, disponen de los medios humanos (gracias a la inversión de Bethesda) y no les faltan ideas.

Tampoco hay que pensar en RAGE como si fuera una demostración técnica. Es un juego en sí y, en todos los aspectos, ofrece un nivel excelente. Es más, según Tim Willits, no van a 'alquilar' el motor que han usado, como hacían con los anteriores. Como mucho, lo veremos en juegos de sus más directos colaboradores, aunque ni siquiera Prey 2 va a hacer uso de esta ID Tech 5 que mueve RAGE, sino que seguirán con la que se inauguró Doom 3 (eso sí, muy mejorada).

Lo que ofrecen con este juego es un mundo vivo, donde los personajes interactúan con nosotros y podemos encontrarnos zonas bien diferenciadas. Por un lado, tenemos los asentamientos que hacen de bases y donde se nos asignan misiones. Estos cuentan con tiendas, mecánicos, antros y todo lo que queda de la civilización que habitó el planeta hasta 106 años atrás. Alcaldes, sheriffs, jefes locales, nuevos ricos… el poder tampoco se echa de menos, como era de esperar. Pero la población de a pie es lo suficientemente interesante como para no dejar pasar una conversación. Precisamente, su apartado sonoro nos ha hecho olvidar algunos episodios recientes y poco afortunados. Cada personaje nos cuenta una historia con un doblaje muy bueno, que nos intenta convencer de dónde estamos y por qué les debemos ayudar.

La diferenciación es total entre el Yermo, los puestos menores, las ciudades y las cloacas (a las que se accede con un código que las activa, por lo que quedáis avisados los que alquiléis o compréis de segunda mano). Para desplazarnos por las zonas más abiertas, usaremos vehículos que incluyen varias categorías, según su resistencia, velocidad o armas. Sí, dejaremos de ir a pie para usarlos libremente o, incluso, en carreras contra reloj. La primera persona más tradicional se mezcla con una vista exterior para los buggies, interceptores y quads, pero tampoco es lo mismo andar por un pasillo que salir a una plaza plagada de enemigos. La variedad es clave en RAGE, por si no había quedado claro.

¿Dónde está mi Rocket jump?

La forma en que controlamos al protagonista, que al completar algunas misiones podemos vestir al estilo de los demás pobladores, es tan típica como podíamos esperar. Con una vista que agobia en espacios cerrados y se vuelve perfecta cuando las paredes desaparecen. Años de prueba y error han conseguido que RAGE transmita algo diferente a otros juegos, no sólo visualmente, sino en el control. Pero no todo es marca de la casa, porque vemos cómo las consolas han influido un poco. La vista desde el cañón cambia las sensaciones a las que estábamos acostumbrados con ID Software. Aspectos criticados como no poder usar la linterna y la pistola al mismo tiempo, como pasaba en Doom 3, ahora se ‘homenajean’ con un monocular... que tiene el mismo problema. Pero, tranquilos, que hay muchas armas y todas tienen el nivel de perfección que cabía esperar.

De más a menos espectaculares, el lanzamisiles vuelve a ser todo un espectáculo, con guiños y un primer contacto memorables. Pero no sólo debemos fijarnos en que tenemos una recortada, rifle de francotirador, escopeta, ballesta… lo interesante es lo que llega después de echarles el guante. ¿Qué tal si dispara las seis balas al mismo tiempo? ¿Y unas saetas electrificadas? ¿Balas expansivas? Todo esto es fruto de haber creado antes muchos juegos en primera persona y saber muy bien cómo hay que hacer las cosas. Las armas de RAGE son uno de sus principales alicientes, su munición es la guinda y la posibilidad de buscar nuevas recetas hará que muchos se… bueno, os va a encantar.

La combinación de elementos que compramos o encontramos por ahí da lugar a opciones tan interesantes como un boomerang triple, llamado wingstick, que cambia bastante el estilo de juego. En lugar de hacer ruido, los ataques silenciosos nos permiten probar con el sigilo, algo muy importante con todas las misiones en las que necesitamos infiltrarnos en bases enemigas y nidos de mutantes o salvajes. Las torretas, más clásicas, tampoco faltan y se han introducido elementos que nos recuerdan a otros títulos, como un coche por radio control que explota. ¿Os suena?

El comportamiento de los enemigos tampoco desentona. Aunque la inteligencia artificial aprovecha algunos trucos poco sofisticados, cualquier enfrentamiento puede ser interesante en RAGE. Los vemos, se acercan, se cubren, se asoman para ponerse a tiro, desaparecen, intentan rodearnos y… caen abatidos con nuestras bombas, disparos o la culata del arma. Tampoco falta un recurso prestado del cine, esos disparos que fallan a pocos centímetros. Después, un enemigo que se esconde para luego aparecer por otro lado o, sencillamente, que avisa a los compañeros, esto ya nos hace que paremos de andar y busquemos cobertura.

Sin posibilidad de usar los objetos como en otros juegos, el control es muy tradicional. Andar agachados y ponernos detrás de las columnas nos dará el respiro que necesitamos. Los combates tienen varios niveles. A larga distancia podemos acabar con quien usa munición más pesada. Cuando se allana el camino, más cerca, usaremos todo el repertorio de armas. Por último, también tenemos la lucha cuerpo a cuerpo, cuando el contrario esté al alcance de nuestros puños, que son un recurso útil cuando se acaba la munición. Tampoco faltan los elementos que explotan cuando disparamos y varias formas de superar una misión, algo de agradecer cuando tenemos que volver a un lugar que ya hemos limpiado de enemigos otro día.

Morir, por otro lado, es algo que nos puede divertir y frustrar al mismo tiempo. Como buen heredero de los clásicos de PC, RAGE no usa puntos de control cada poco tiempo. Necesitamos guardar la partida a mano, lo cual agradecerán muchos, pero quien esté acostumbrado a esos ‘checkpoints’… será mejor que se haga experto en desfribriladores. Precisamente, al caer podemos intentar volver a la vida con un curioso juego, en el que debemos reanimar nuestro cuerpo y que no siempre funciona bien.

En busca de recursos

Con unos escenarios bastante grandes, pero misiones que nos llevan de un punto a otro, en RAGE no faltan excusas para que investiguemos. Los ‘ingredientes’ que necesitamos para crear nuevas armas y utensilios, así como los que canjeamos por dinero, están ocultos por todas partes. Parar, bajar del vehículo y dar una vuelta nos puede resultar muy productivo. Pero muchas veces serán los coleccionistas y quien intenta siempre sacar todo el jugo a los juegos quien lo disfrute de verdad.

La grandiosidad del mundo que presenta RAGE choca con que apenas hay interacción con el jugador. Los muros invisibles rompen la magia que proporciona un aspecto visual impactante. Hay muchos sitios a los que llegar, pero normalmente sólo se puede ir por un camino. Eso sí, experimentar no está de más y conviene que, de vez en cuando, intentemos escalar alguna montaña, porque nos llevaremos bastantes sorpresas agradables.

En esa búsqueda de recursos, ya sea en los cuerpos caídos o por cualquier lugar de los escenarios, no faltan los homenajes. Bethesda está presente, pero también toda la historia de ID Software. Hay que reconocer lo bien que queda un muñeco cabezón en el salpicadero o los diseños con ciertos logos para el exterior de cada vehículo. Unos detalles que vemos, tanto en el modo historia como online.

Como vemos, a pesar de no estar ante un juego de rol al uso, no faltan ingredientes típicos de estos. A las opciones para personalizar, ligeramente, a nuestro protagonista y sus vehículos, se unen las de buscar ingredientes y craftear un poco. Nada complicado, pero que enriquece el típico concepto de juego de disparos. Además, tenemos unos juegos de azar, para los que debemos recolectar cartas o en los que un héroe holográfico lucha con los mutantes, por turnos…

Entre las misiones del modo historia, además de las típicas de recadero, también tenemos las que nos llevan a conducir por escenarios que parecen pistas de competición o verdaderos campos de minas. Al ganar en los torneos oficiales podremos canjear los premios por mejoras. La recolección de recursos, como fragmentos de meteoritos, o la destrucción de enemigos a base de misiles tampoco faltan. A pie, o a bordo de los vehículos, RAGE ofrece diversión directa y un control directo al que no se le pueden poner pegas.

Donde sí puede haber espacio para alguna crítica es en la forma de unir cada estilo del juego. Mientras que durante ratos bastante largos no hay tiempos de carga ni saltos entre escenas de vídeo y el juego, al entrar en algunas misiones se produce una parada que a veces parece excesiva. Esto invita a que, en Xbox 360, todo el que juegue a RAGE instale los discos del juego. Además de tener un aspecto gráfico más homogéneo, sin texturas que cargan de forma totalmente visible, la experiencia global mejora. En las otras plataformas, la instalación es obligatoria, así que sobra el consejo.

También hay un detalle que los seguidores de ID Software pueden encontrar curioso. Aunque hay bastantes enemigos que podemos considerar finales, pocos de ellos resultan memorables. Las presentaciones de los escenarios y algunas situaciones que nos dan la bienvenida, así como el diseño de algunos escenarios sí que nos dejan con la boca abierta, pero no la forma de concluir que tienen algunos de ellos. Esa explosión final que buscamos muchos, cuando lo hemos pasado realmente mal para llegar al final o, sencillamente, el silencio y la calma nos han preparado para ella… no están donde deben en RAGE.

¿Multijugador marca ID? No, en RAGE no

Los inventores del Deathmatch han diseñado el multijugador de RAGE como una especie de experimento. En lugar de ofrecernos enfrentamientos a la antigua usanza, disponemos de dos opciones principales: con o sin vehículos.

Para enfrentarnos a algo tradicional, lo único que nos ofrece RAGE son misiones cooperativas para dos jugadores online o a pantalla partida. Sueltas, en un número que puede pasar de la decena con descargas futuras, pero que al menos tienen que ver con la historia principal. Es decir, están separados del modo general de juego, pero nos cuentan detalles sobre sus personajes. Unas veces nos llevan al pasado y otras a la época actual del título, con lo que cubren ciertas lagunas y enriquecen el mundo que nos ofrece ID Sofware.

La parte más amplia del multijugador de RAGE nos lleva a competir a bordo de los vehículos que hemos preparado. Ganar nos permite mejorarlos y, aunque sin muchas opciones para alargar la vida online del juego, no deja de ser toda una experiencia. En total, hay 20 niveles por los que escalar en el ranking, así como armas, tipos de chasis o emblemas que mostrar a los demás. Los modos de juego nos llevan a, aquí sí, enfrentamientos de todos contra todos, carreras encadenadas, recolección de meteoritos al estilo capturar la bandera o capturar zonas antes que el enemigo.

Dicho así, las opciones online de RAGE parecen mucho menos divertidas de lo que realmente son. Pero hay que reconocer que el control de los vehículos y todo lo que ha heredado de otros juegos son una delicia. Lo extraño es que se haya optado por algo así y en el menú no estén también los modos más tradicionales y marca de la casa.

*(Análisis realizado con la versión para Xbox 360)

Valoración

El estilo de ID Software y los continuos homenajes chocan con elementos tan poco habituales como vehículos o un multijugador que tampoco nos esperábamos. En conjunto, una experiencia que hay que jugar.

Hobby

90

Excelente

Lo mejor

Esto sí son armas. El control es impecable, como siempre, y esta vez los escenarios son muy grandes.

Lo peor

Sin deathmatch marca de la casa, nos quedamos un poco huérfanos de ID.

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