Análisis

Análisis de Killzone Shadow Fall en PS4

Por Borja Abadie
-

Guerrilla Games y Sony preparan un desembarco en PS4 por todo lo alto con Killzone Shadow Fall, un título que viene dispuesto a mostrar todo el potencial de la nueva consola y destinado a convertirse en el vende consolas de la primera hornada de juegos.

ACTUALIZADO 11/12/2014: Guerrilla Games anuncia que ya está disponible la actualización The Valor Patch para Killzone Shadow Fall. Esta nueva actualización añadirá el Valor, una especie de moneda que nos permitirá acceder a nuevas opciones de personalización. 

Todos los ojos están puestos en Killzone Shadow Fall. La desaparición de DriveClub del catálogo inicial de PS4 le ha dejado en solitario como el gran triple A exclusivo de lanzamiento. Cualquier comprador de una nueva consola quiere contar en su catálogo con un juego que exhibir a sus amigos, novia, familiares… para demostrarles que el dinero invertido en la máquina está más que justificado. Y si es un juego exclusivo, pues mucho mejor. Y… ¿es Killzone Shadow Fall ese juego? Lo vamos a ver ahora mismo, peor vamos por partes.

Ya os adelantamos lo básico de la trama del juego en nuestro avance de hace unas semanas. La mayor parte del juego la pasamos en Vekta una ciudad dividida por un impenetrable y custodiado muro que separa a los helghast de los vektans. La situación en cada una de las zonas es muy distinta, con diferencias de riqueza, de las condiciones mínimas para una vida digna y represión, así que la situación está a punto de explotar. Y de hecho explota, ya que los helghast deciden atacar la próspera zona de la ISA con un brutal atentado.

Nosotros encarnamos a Lucas Kellan, un agente de la ISA encargado de acabar de una vez por todas con la amenaza helghast. Por el camino nos encontramos con Echo, una soldado rival cuya misión es exactamente la contraria, que nos muestra la horrible vida de los refugiados en Vekta y que la guerra no es la solución, sino quizás el problema.

Enfrascados en la guerra

La realidad, como os podéis imaginar, es que la mecánica de juego no es precisamente diplomática. Aquí, y pese a lo que diga Echo, lo que importa son los tiros. El sistema de combate ha evolucionado con respecto a anteriores entregas gracias a la inclusión de un nuevo compañero de batallas, el Búho, un robot con más utilidades que una navaja suiza.

Nuestro colega puede revivirnos, crear un escudo que nos proteja, lanzar una tirolina por la que desplazarnos, piratear dispositivos enemigos, atacar a nuestros rivales e incluso aturdirles. Esta novedad cambia completamente el estilo de los combates, dándonos muchas más opciones que en anteriores Killzone. Esto se hace mucho más patente durante las partidas online, de las que os hablamos más adelante.

También contamos con dos habilidades más que merecen nuestra atención. Por una lado podemos hacer una especie de barrido electromagnético que resalta en pantalla a nuestros enemigos y los puntos de interés (como objetivos, paquetes de adrenalina,…). El problema de este tipo de sistemas es encontrar el equilibrio entre tener un gran poder y su uso indiscriminado. Guerrilla ha tratado de solucionarlo penalizándonos con la alerta de los enemigos si dejamos pulsado mucho tiempo el botón.

El problema es que no hay manera humana (ni helghast) de completar una zona de combate siendo sigilosos, ni tan siquiera asesinando cuerpo a cuerpo y por la espalda a nuestros enemigos, por lo que poco nos importa si nuestros rivales se ponen en alerta. Lo único que hacen es llamar a un pequeño grupo de soldados más, hasta que desactivamos las alarmas usando a nuestro robot.

La otra habilidad está mucho más equilibrada. Podemos gastar uno de los dos paquetes de adrenalina con los que podemos cargar para ralentizar la acción durante unos instantes. Su duración es de unos pocos segundos y lo normal es que queramos tener siempre algún paquete disponible para que nuestro robot pueda reanimarnos, así que no podemos abusar de ella.

El resto es tal y como lo recordábamos: un control muy bueno (que gana más aún gracias a la precisión de los sticks analógicos del nuevo dualshock 4), un arsenal que mezcla armas de ambos bandos, regeneración automática o mediante botiquines y mucha espectacularidad. La IA de los enemigos, por desgracia, también es exacta a la que conocíamos, con soldados rivales que son más temibles por el arma que llevan equipada y por su puntería que por comportarse de un modo inteligente.

El despliegue técnico

Muchos estaréis pensando: vale, todo eso está muy bien pero… ¿que pinta tiene? ¿es verdadera next gen? ¿se nota el salto gráfico? Tranquilos, que vamos a ello. Mentiría si no dijese que el acabado gráfico es impactante. Además de una nitidez asombrosa (gracias a los 1080p de resolución nativos), la pantalla está constantemente bombardeada por todo tipo de efectos. Sobre todos ellos destacan los reflejos en tiempo real. Un simple charco puede tenernos embobados más tiempo del que creeríais. Las explosiones, disparos, partículas y demás tampoco se quedan cortos, aunque nos ha impresionado mucho más la iluminación.

La transición entre distintos ambientes lumínicos es increíblemente suave y los escenarios parecen cobrar vida gracias a la simulación del sol y las luces artificiales. Mucha calidad, señores. Y dicho todo esto, vamos con la parte mala. Y es que la sensación que nos ha dejado es la de que realmente no hay un salto brutal con respecto a la pasada generación. Usar a GTA V para este tipo de comparaciones puede no ser justo, así que no lo haré. No hace falta. Otros juegos, como Uncharted 3, la saga CoD, Battlefield, y en general los últimos juegos de la todavía presente generación no tienen tanto que envidiarle. Entendámonos, hay cosas en Killzone Shadow Fall que son imposibles de ver en PS3 o Xbox 360, pero eso ya lo imaginábamos. El caso es que esperábamos más diferencia, aunque tratándose de un juego de lanzamiento, sin que sus creadores hayan podido investigar mucho con la máquina, resulta un gran punto de partida.

Redefiniendo el modo online

El modo multijugador, para 24 jugadores, aumenta mucho la duración del título, no sólo por opciones, sino porque realmente lo jugaremos. Dependiendo de la clase que escojamos, apoyo, asalto o explorador, podemos usar unos u otros poderes del Búho, lo que cambia radicalmente el modo en el que afrontamos las batallas. Incluso podemos crear variantes dentro de estas clases para personalizar aún más nuestro estilo de juego.

También tenemos cientos de desafíos para completar, subidas de nivel que nos desbloquean nuevos accesorios, personalización muy completa de las reglas de cada partida o 10 mapas disponibles desde un inicio (y los que lleguen en un futuro serán completamente gratuitos, bien por Sony).

Al margen de la next gen

Dejando a un lado las cuestiones técnicas, el fondo de Killzone Shadow Fall es demasiado estándar. Los niveles son muy pasilleros, no como nos prometieron Guerrilla y Sony. La libertad para el jugador es casi nula, no podemos tomar decisiones que afecten a la trama (también nos dijeron que las habría, aunque supuestamente serían pequeñas) y ni siquiera podemos decidir entre completar las fases de un modo más sigiloso o estratégico o a tiro limpio, como también se afanaron en prometernos.

La inclusión del Búho resulta muy interesante, aunque tampoco es algo que no hayamos visto en otros títulos del género, ya sea también mediante un robot (que ha habido varios) o mediante poderes especiales.

La curva de dificultad también es un tema complicado. Durante las 6 primeras horas de juego, de las 9-10 que dura la aventura, todo resulta tremendamente sencillo. Podemos caer en combate (y de hecho nos pasa mucho) pero siempre basta con las dos resurrecciones de base que puede hacer nuestro robot para avanzar fácilmente. El caso es que, sin previo aviso y sin in progreso gradual, la dificultad se dispara en detrminadas secciones, que debemos repetir hasta la saciedad si queremos superarlas. Incomprensible.

Sucede igual con la trama del juego, que se desarrolla al margen de nuestras acciones e incluso de nuestra comprensión. De repente (sin spoilear) la actitud de Kellan cambia, sin que haya habido una verdadera evolcuión del personaje en el camino.

El aprovechamiento del dualshock 4, eso sí, es total. Los dos sticks funcionan de lujo, el panel táctil (con el que elegimos la habilidad que queremos usar de nuestro robot) resulta cómodo y fácil de usar y además oímos los diarios de voz que vamos encontrando por el escenario en su micrófono.

Así que… una vez dicho todo esto, ¿qué es lo que nos queda? Un interesante multijugador, un apartado técnico con detalles geniales, un buen control y una trama atractiva pese a lo tremendamente mal contada que está. Killzone se convierte de este modo en un interesante viaje, pero en uno de esos en los que ya sabemos lo que va a pasar en todo momento.

Una especie de crucero de lujo en el que la pulsera que nos ponen nos da derecho a barra libre de efectos gráficos, pero en el que las paradas obligatorias (fases en torreta de posición, resistir oleadas protegiendo una zona...), lo previsible de su trayecto y el sentirnos como borregos que avanzan por un pasillo de monumentos y lugares clave nos termina dejando un sabor de boca demasiado conocido.

Si quieres que Sony te envíe toda la información sobre PS4, regístrate aquí.

Valoración

Una aventura espectacular en lo gráfico pero con un desarrollo demasiado estándar y lineal.

Hobby

83

Muy bueno

Lo mejor

Algunos detalles gráficos como la iluminación y los reflejos. El nuevo robot que nos acompaña.

Lo peor

Demasiado lineal. Desarrollo muy convencional, sin novedades en el género.

Lecturas recomendadas