Análisis

Cine de ciencia ficción: Alien, el octavo pasajero

Por Manuel del Campo
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ARGUMENTO:  La nave Nostromo se dirige a la Tierra tras una misión convencional de extracción minera con sus tripulantes en estado de hibernación. Sin embargo, el ordenador principal decide despertarlos antes de tiempo ante la recepción de una señal desconocida. Obligados por las normativas de la compañía para la que trabajan, aterrizan en un planeta desértico donde comienzan a descubrir una serie de sucesos sorprendentes. La expedición acaba con una criatura adherida al rostro de uno de los miembros del equipo, mientras descifran que la señal recibida era una señal de advertencia. 1979 - DIRIGIDA POR Ridley Scott - PROTAGONIZADA POR Sigourney Weaver, Tom Skerritt, John Hurt, Harry Dean Stanton, Yaphet Kotto, Veronica Cartwright e Ian Holm.

ACTUALIZADO (26/04/2017): A las puertas ya del estreno de Alien: Covenant que se producirá el próximo 12 de mayo de 2017, refrescamos la crítica de la película que lo inició todo y de paso repasamos las mejores curiosidades de la saga. ¡Porque hoy, 26 de abril es el Alien Day!

ACTUALIZADO (06/02/2015): Rescatamos la crítica de Alien, el octavo pasajero para informaros de que con motivo del 35 aniversario del premio Oscar a los mejores efectos especiales que ganó la cinta, muchos cines españoles la reestrenarán hoy mismo en sus salas. Lo harán con la versión digital del director y en algunos de ellos permanecerá en cartel durante una semana entera.

TEXTO ORIGINAL: La inmensidad del espacio. Una gigantesca nave se desplaza lentamente. Se dirige al Tierra con una carga de 20 millones de toneladas de mineral. Enormes pasillos e innumerables estancias vacías. Parece desierta, abandonada. De pronto comienza a despertar, cobra vida poco a poco. Y con ella sus siete tripulantes.

Con este magistral comienzo, sin una sola línea de diálogo en 10 minutos, ya tenemos los mimbres para una de las mejores películas de ciencia ficción y terror de la historia. Porque, ante todo, es la sutil y eficaz presentación de la que es la verdadera protagonista de la cinta: la nave Nostromo. Inmensa, fría, laberíntica. Inabarcable y a la vez claustrofóbica. Una prisión dentro de otra prisión aún mayor que es el espacio exterior.

Colocar a unos personajes en un lugar sin escapatoria enfrentados a una amenaza exterior (o interior) no era una planteamiento original en 1979. Dos grandes maestros como John Ford y Howard Hawks ya lo hicieron dentro del western en La Diligencia y Rio Bravo respectivamente. El propio Hawks lo llevó al terreno de la ciencia ficción en 1951 con El Enigma de otro Mundo (del que John Carpenter haría el remake La Cosa), fuente de inspiración de Alien. Y el mismísmo Spielberg también se apuntó al carro en 1975 al meter a sus protagonistas en una lancha en Tiburón. Todas ellas habían demostrado las infinitas posibilidades narrativas de esta idea y la facilidad para crear una atmósfera tensa y agobiante a partir de ella. Pero para convertir una buena idea en una extraordinaria película, hace falta añadir muchos y buenos ingredientes. Alien los tiene (casi) todos.

Dan O´Bannon, uno de los dos guionistas, llevaba rumiando trabajar en una historia  de ciencia ficción con esa premisa. De hecho, poco antes había participado en una película dirigida por John Carpenter, Dark Star, con un concepto similar. Pero le faltaba crear al alien que la liara parda. Y es entonces cuando aparecen dos personajes cruciales. El artista e ilustrador H.R. Giger conquistó a O´Bannon con el diseño de unas horripilantes criaturas. Justo lo que necesitaba. Mientras, Ronald Shusett, guionista y productor, le contó a O´Bannon una idea bizarra que le obsesionaba desde hacía tiempo: “¿Qué te parece si un bicho se introduce en el cuerpo de un humano para después salir por su pecho convertido en un monstruo aterrador?”. Se acababa de gestar una de las escenas más famosas e impactantes de la historia del cine. Aún recuerdo la primera vez que la vi (en casa de mis padres y en VHS, porque no tenía edad para verla en el cine). Me quedé tan impresionado que durante semanas comprobé cada día que no hubiera ninguna protuberancia sospechosa en mi pecho.

Por supuesto, quedaba la guinda a este suculento pastel. Un joven director británico, que venía de ganar un premio en Cannes por la original y estimulante Los Duelistas, su primer film tras haberse dedicado al mundo de la publicidad, fue el elegido para darle sentido a todo esto. Nadie dudaba de su probado talento visual, pero conseguir que el espectador se cague de miedo son palabras mayores. Con un par, Ridley Scott se las arregló para aumentar el presupuesto del film y convertir lo que iba a ser una película de serie B en una producción de primer nivel. A los productores se les agotaron las caras de extrañeza en el set de rodaje (al que acudían a diario desde que aumentó el presupuesto) al verle filmar infinidad de planos aparentemente absurdos...hasta que veían el resultado en pantalla y alucinaban. El tipo era un genio.

Además, Scott hizo tan suyo el guión, que incluso escribió la biografía de los siete protagonistas (parejas, amigos, trabajos anteriores, aficiones, manías…) para que todos ellos interiorizaran sus personajes al máximo. Porque uno de los grandes aciertos de Alien es colocar a unos personajes reales, trabajadores al servicio de una corporación, preocupados por sus salarios, sus horas (en este caso años…) de trabajo. Nada de héroes o fornidos marines (como en Aliens, el regreso). Scott, en un alarde de economía narrativa, los retrata uno a uno con sus respectivas interrelaciones en apenas unos diálogos al principio del film. Y ninguno pierde coherencia hasta el (su) final. Por supuesto, a ello también contribuye un puñado de excelentes actores, perfectos en sus papeles, y con una debutante (era su primer film, pues venía de hacer teatro en Brodway) que no solo se convirtió en estrella, sino que creó un personaje icónico (que se lo digan a mi compañera Sonia Herranz) para la historia, la Teniente Ripley. Quintaesencia de la profesionalidad, capaz de tomar siempre las decisiones correctas en las circunstancias más extremas.

Con el paso del metraje, sin apenas darnos cuenta, ya formamos parte de la tripulación, y conocemos la personalidad de Brett, Dallas, Kane, Parker, Ash, Lambert y Ripley como si fueran compañeros en nuestro trabajo. Y hasta podríamos describir muchas de las estancias de la nave con los ojos cerrados.

La película ofrece un ritmo impecable: conocemos a los protagonistas y su contexto en apenas media hora (que operan con procedimientos realistas, me encanta que las películas de ciencia ficción no nos tomen a los espectadores por tontos y expliquen por qué suceden o no las cosas), asistimos a la inquietante presentación del problema y nos pasamos la última hora aterrorizados al ver que la presa se convierte en implacable cazador. Dicho así puede resultar simple, pero nada más lejos. El film, gracias al talento de Scott, nos lleva entre la fascinación y el desasosiego, y mientras compartimos con los personajes la estupefacción ante lo que van averiguando, comienzan a surgir un puñado de enigmas que no solo han arrastrado todo un mundo de especulaciones y teorías (como ya os contamos en este artículo) sino que el propio Scott se animó a explicar algunos de ellos (con desigual fortuna)  en la reciente Prometheus.

La sal la ponen los dos inolvidables golpes de efecto, la mencionada aparición del Chestburster (por cierto, Scott no quiso que los actores supieran exactamente cómo se iba a rodar esa escena y de ahí que sus reacciones fueran tan reales, sobre todo la de Lambert) y el descubrimiento de la verdadera naturaleza de Ash (una idea que llegó de Walter Hill y otros guionistas que metieron mano a la historia inicial).

Con el oportuno "momento McGiver" para combatir a un monstruo al que apenas vemos -pero que cada dato que conocemos le vuelve más terrible e invencible (“no podéis matarle”, les dice Ash antes de…terminarse),- que nos presenta otro elemento narrativo sensacional, el radar casero que responde a “microcambios en la densidad del aire” (que Cameron evolucionaría y explotaría en la secuela) empezamos a comprender, sobrecogidos, que hasta el apuntador lo va a tener crudo para salir de una pieza. Y es en esa parte final donde la Weaver forjó su leyenda (con la ayuda también de un aparentemente descuidado striptease), un mito que provocó tres películas más, multitud de imitaciones y una influencia sobre films posteriores que aún perdura.

Aún hay más que aplaudir. En una época en la que no existían los efectos digitales, la imaginación de los técnicos para lograr que todo pareciera real, a base de maquetas, tipos disfrazados y trucos de lo más inverosímil, resultó tan convincente que, aún hoy, casi 40 años después, siguen dando el pego (se llevaron el Oscar aquel año).

Mención especial para la banda sonora, obra de uno de los grandes, Jerry Goldsmith (Acorralado, Gremlins, Desafío Total) que logró una sorprendente partitura que fluye con pasmosa naturalidad de los acordes más inquietantes a una bellísima melodía.

Mucho se ha hablado de las connotaciones sexuales de Alien (que sus creadores confirman sin tapujos), tanto en el diseño del monstruo (con esa cabeza fálica y sus múltiples bocas) y sus "manías" (el guionista tuvo claro que la “violación facial” debía ser en un hombre, y no en una mujer, de hecho en un momento del film se habla de “el hijo de Kane") como en las relaciones entre los tripulantes. (¿Hay algo entre Dallas y Ripley? ¿Y entre Ripley y Lambert? ¿Pretende Ash “algo más” que cargarse a Ripley?). Algunas escenas eliminadas dan pistas sobre las respuestas… (por cierto, os recomiendo que os hagáis con versiones que incluyen todos los documentales y archivos, son una joya).

Lo cierto es que nada volvió a ser igual tras este film. Que levante la mano quien no haya hecho alguna broma sobre llevar a un alien dentro. Y, por supuesto, su influencia sobre films posteriores es incuestionable (Y el slogan promocional “En el espacio nadie puede oír tus gritos” se ha mostrado insuperable). O´Bannon nunca escondió que se inspiró en multitud de films para crear esta historia, desde Planeta Prohibido (1956) hasta 2001 (el ordenador Madre es el alter ego de HAL) pasando por la mencionada producción de Hawks, y sus responsables confiesan que el estreno de Star Wars una par de años antes les benefició (aunque el guión de Alien fue concebido mucho antes). Pero el verdadero logro de Alien es que consiguió aunar el talento de un puñado de geniales artistas para completar una experiencia cinematográfica inolvidable.

Otros clásicos de la ciencia ficción

¿Os habéis quedado con más ganas de viajes en el tiempo, futuros apocalípticos o viajes espaciales? Podéis ver el resto de críticas de clásicos sci-fi en nuestro recopilatorio especial de ciencia ficción.

Valoración

Todo un clásico. Fascinante, angustiosa, enigmática. Consiguió que el término Alien se asociara para siempre a la terrorífica criatura. Un alarde de ritmo narrativo y tensión, con un director y unos actores inspiradísimos.

Hobby

94

Excelente

Lo mejor

La criatura y sus variantes. El talento visual y narrativo de Scott. Los actores. La banda sonora.

Lo peor

Su éxito fue tal que provocó secuelas e imitaciones desiguales.

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