Análisis

Cine de ciencia ficción: Crítica de 12 monos

Por Daniel Quesada
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ARGUMENTO: 38 años después de que un virus aniquilara al 99% de la población mundial, el preso James Cole se "ofrece voluntario" para viajar en el tiempo y encontrar el origen de la pandemia. El viaje no sale como se esperaba y pronto se verá envuelto en una espiral de locura, pistas ambiguas... Y el ejército de los Doce Monos. 1995 - DIRIGIDA POR Terry Gilliam - PROTAGONIZADA POR Bruce Willis, Madeleine Stowe y Brad Pitt.

El director Terry Gilliam está acostumbrado a los rodajes accidentados. Su relación de amor-odio con el sistema cinematográfico hollywoodiense le ha ocasionado más de una trifulca con los productores de sus películas... E incluso se ha tenido que apañar con "imponderables" como la muerte de su actor protagonista Heath Ledger en pleno proceso de rodaje de El imaginario del doctor Parnassus. La gestación de 12 Monos no escapó a esta tónica. Por primera vez, Gilliam tenía que enfrentarse a un guión que no era suyo, sino de David Webb y Janet Peoples. Además, tenía entre manos un reparto del que no despegaba la prensa: Bruce Willis, el protagonista, era todo un icono por sus peripecias en la saga La jungla de cristal. También estaba ahí Brad Pitt, que de golpe y porrazo se había convertido en uno de los actores más sexis del planeta.

Por suerte, los actores supusieron más una bendición que un problema. Deseoso de trabajar con Terry Gilliam y de sacarse más partido a sí mismo como actor, Bruce Willis trabajó por debajo de su caché y bordó una de las mejores actuaciones de su carrera. Aquí no era el tipo duro de mira encantadora de la torre Nakatomi, sino un héroe trágico, confundido y vulnerable, que resolvía el puzle del virus y los Doce Monos a base de tropiezos.

Por su parte, Brad Pitt construyó su personaje del esquizofrénico Jeffrey Goines con un divertidísimo resultado. No fue casualidad: estudió y hasta convivió con algunos enfermos mentales reales para adoptar sus manierismos. Incluso se colocó sus propios trasquilones en el pelo, todo con tal de huir de esa imagen de "actor buenorro" que se le había impuesto. Hay quien dice que Willis se muestra demasiado comedido en el film y que Pitt resulta más histriónico de la cuenta, pero es ese contraste el que da un resultado tan especial a las escenas que comparten.

El imaginario del doctor Gilliam

No es ningún secreto que 12 monos se inspira en el clásico francés La Jetée. De hecho, hasta se reconoce al principio del metraje. Su guión tiene muchos puntos en común, pero Terry Gilliam, como buen ex-Monty Python, no podía trabajar sin poner sus señas de identidad en la película. Él siempre ha dicho que no le obsesionaba tanto plasmar el guión sino ciertas imágenes que invadían su cabeza tras leerlo. La esfera del interrogatorio del futuro, el plano detalle de los ojos de un joven Cole iniciando la película... Suyos son también esos constantes planos rodados con objetivo angular o esos escorzos tan desconcertantes cuando opta por los primeros planos. También llama la atención la estética general: el futuro es sucio, destartalado y frío, una forma de ver las cosas muy propia de los 80 y 90, cuando la tecnología coemenzaba a inundarnos de cables.

Él quería transmitir una sensación de inquietud, de trastorno y, en definitiva, de locura. Para Gilliam, la película no habla tanto sobre viajes en el tiempo como sobre la constante posibilidad de la locura. ¿Está James Cole como un cencerro e imaginándolo todo o es su mundo así de cruel y él intenta evadirse? El otro pilar de la narrativa es la relación del protagonista con la doctora Kathryn Railly, interpretada por una Madeleine Stowe soberbia, tan sensual como frágil. Para muchos (yo me incluyo), la incipiente relación entre ella y el protagonista es uno de los puntos más forzados de la película. Se entiende ese "síndrome de Estocolmo" que ella desarrolla, pero el resultado se vuelve algo precipitado a medida que nos acercamos al climax de la historia.

La primera mitad del film puede resultar algo lenta y pesada para algunos espectadores, aunque precisamente esa era la intención de Gilliam: hacernos llegar esa incomodidad y confusión constantes con las que vive Bruce Willis. Es verdad que, si a eso sumamos el constante ejercicio de ubicación que tenemos que hacer para ir cuadrando las piezas del puzle, el visionado puede resultar algo extenuante al principio, pero esa sensación se va difuminando a medida que las piezas se van colocando sobre el tablero.

El síndrome de Casandra y su importancia en la ciencia ficción

Vale, Terry quería que 12 monos versara principalmente sobre la locura, pero es innegable que el asunto de los viajes en el tiempo es el matiz que más da qué hablar sobre la película. Aun hoy, casi 20 años después de su estreno, su extraño final sigue dando que hablar.

Ojo, spoilers:

El principal punto de debate está justo en la penúltima escena: el terrorista se siente en el avión y, a su lado, se encuentra la misma científica del futuro que mandó a Cole atrás en el tiempo. Ella dice que "trabaja en seguros". ¿Qué significa esto? ¿Quiere decir que la científica siempre estuvo ahí pero no sabía que ese era el terrorista? ¿O quizá está ahí porque ha viajado en el tiempo para encontrarse con él? Si es así, ¿qué pretende hacer, detenerlo o robarle una muestra del virus para estudiarla en el futuro? Y, si es una viajera del futuro, ¿por qué no viajó más atrás en el tiempo, para detenerlo antes incluso de que se le ocurriera usar el virus?

Hay montones de teorías al respecto (por supuesto, os invito a debatirla en los comentarios de esta crítica):

  • Que nada sucedió, ya que Cole estaba loco. Esto se sugiere varias veces en la película, pero entonces el argumento haría aguas en muchos aspectos y habría que presuponer que Cole "llenó las lagunas" con su imaginación.
  • Que el pasado no se puede cambiar y, como mucho, podemos recoger información del mismo para usarla en el futuro.
  • Que el pasado se puede cambiar, pero no sabemos si los científicos lo harán, porque les conviene más desarrollar una cura en el futuro y establecer un nuevo orden.

Personalmente, yo me quedo con la segunda teoría, que también requiere un poco de "comida de olla", pero que viene a significar que, aunque Cole haya viajado en el tiempo y estado allí, eso no altera el pasado: Cole siempre ha viajado en el tiempo, siempre ha recopilado la información. No se crean "pasados alternativos", porque no existe una línea temporal como en Regreso al Futuro. Simplemente, estamos destinados a que las cosas sucedan como suceden, porque siempre ha sido así. La propia película lo plantea al exponer la leyenda griega de Casandra: ella era capaz de ver el futuro, pero aunque lo intentara no podía hacer nada por cambiarlo, lo que la torturaba psicológicamente.

Fin de los spoilers

Lo curioso del asunto es que Terry Gilliam no quería que apareciera esa escena final en la película e hizo todo lo posible por "sabotearla", pero el resultado terminó convenciéndolo. Si esa escena no hubiera existido, seguramente el film habría ofrecido una interpretación más clara, así que probablemente este resultado fue el mejor: uno de los puntos fuertes de la ciencia ficción es provocar el debate sobre las ideas ambiguas que ofrece.

Así pues, 12 monos sigue funcionando como uno de los referentes de los viajes en el tiempo, como ejercicio plástico y como muestra de que los actores encasillados como galanes a veces pueden sorprendernos. Es verdad que el film a veces transmite esa "debilidad" que tuvo Gilliam durante todo el proceso de rodaje (un documental incluído en el Blu-Ray muestra cómo llegó a estar realmente desorientado y desesperado porque no sabía cómo continuar dando forma a la historia), pero a la vez nos contagia de ese mundo interior que el cineasta posee y que sólo los genios más locos saben ofrecer. A pesar de las malas acogidas que tuvo el film en las proyecciones previas y del pesimismo que inundó al equipo de rodaje, ellos decidieron luchar por su producto, que acabó convirtiéndose en un éxito comercial y en una película muy venerada. A veces, las cosas no salen como uno pueda esperar o temer. Ya sabéis, nadie espera a la Inquisición Española.

Otros clásicos de la ciencia ficción

¿Os habéis quedado con más ganas de viajes en el tiempo, futuros apocalípticos o viajes espaciales? Podéis ver el resto de críticas de clásicos ci-fi en nuestro recopilatorio especial de ciencia ficción.

Valoración

Una película arriesgada y personal, que a pesar de su ritmo algo irregular sabe mantener los sesos a tope para los que sepan disfrutarla.

Hobby

87

Muy bueno

Lo mejor

La inconfundible impronta visual de Gilliam. Los debates tan interesantes que sugiere.

Lo peor

Puede parecer un poco "fría" para algunos espectadores.

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