Análisis

Crítica de Pos eso: animación canalla

Por Raquel Hernández Luján
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CRÍTICA DE: Pos eso. DIRIGIDA POR: Samuel Ortí - CON LAS VOCES DE: Anabel Alonso, Josem Yuste, Mariví Bilbao, Álex Angulo y Santiago Segura.ARGUMENTO: La Trini, bailaora mundialmente conocida, abandonó los tablaos sumida en una gran depresión desde que su esposo, el gran mataor de toros Gregorio, muriese en un accidente doméstico. Damián, su hijo de 8 años, ha empezado a dar signos de una rebeldía que roza la demencia. Ningún médico, psicólogo o psiquiatra puede explicar el comportamiento del crío, conducta que irá empeorando hasta tal extremo que será necesaria una explicación sobrenatural a su estado.

Hoy comentamos una auténtica rareza en el panorama nacional: la película en stop-motion del director valenciano Samuel Ortí, conocido como Sam, que se lanza al largo con Pos eso tras haber hecho sus pinitos en stop-motion en cortometrajes precedentes tales como Vicenta o The Werepig.

Vaya por delante que eso significa que este hombre es un valiente y que en su día emprendió un largo camino para sacar a flote una de esas películas que sabría que le llevaría años: cuatro, en concreto (¡y qué poco hemos cambiado!).

Ésa es la razón de que podamos escuchar junto a Santiago Segura, Josema Yuste o Anabel Alonso a dos actores que ya no están con nosotros: Mariví Bilbao y Álex Angulo, lo que de por sí suma puntos al proyecto. No pudieron ver su trabajo finalizado pero nosotros sí y es un honor escucharlos otra vez.

El tono de Pos eso es claramente de comedia ácida hacia el folklore y los usos sociales optando para lograrlo por una inesperada alianza con el cine de terror. En la galería de personajes encontramos el trasunto castizo del padre Karras de El exorcista, un cura vasco con crisis de fe, "la Trini", una suerte de almodovariana flamenca cuyo hijo Damián (obvia alusión al Damien de La profecía) está endemoniado por no hablar de otras referencias cinéfilas y a programas de televisión del corazón de los que acaparan el prime time cada tarde.

Sam, que coescribe el guión e la película junto a Rubén Ontiveros, el responsable de la divertida serie Qué vida más triste, no ahorra recursos para poner de hoja perejil a los esperpentos nacionales hasta el punto de hacerte sentir un poco culpable desde tu asiento de estar riéndote de según qué salvajadas, pero lo cierto es que en el fondo la voz de la cordura nos susurra en el oído que tiene más razón que un santo, lo que sí que es preocupante. Las plasti todo lo hace posible y nos disipa en la catarsis el trauma.

En la amalgama de hits de la cultura popular que están en el punto de mira de la película encontramos al famoseo fruto y pasto de realities y talk-shows intempestivos de los que duran más que la versión extendida de El señor de los anillos y "colaboradores pseudoperiodísticos" de medio pelo de toda clase y condición o, como podríamos señalar con un eufemismo diletante, profesionales a la hora de vender su vida privada y convertirse en comentaristas de la misma. No hará falta que os diga nombres...

En este sentido el tiempo transcurrido entre el comienzo de la realización de la película y el momento del lanzamiento le hace mella a algunos de los gags que habrían tenido más carga explosiva de haber detonado a tiempo, aunque, qué demonios, el chándal naranja y rosa fosforito de "la princesa del pueblo" se nos clavó en la retina de modo que es imposible no reconocerlo a la primera como chanza como tras tantas alusiones.

Carga de fondo a la falta de talento de personas que sin haber hecho nada en la vida acaparan horas y horas en televisión sin aportar en verdad nada digno de ser contado.

Pero, lo mejor, es el cuidado puesto en la animación habida cuenta de que el presupuesto no ha sido para tirar cohetes. El detalle de los decorados de plasti, el modelado de los personajes, la iluminación y los efectos son impresionantes teniendo en cuenta la producción.

Al final del visionado, queda flotando la sensación de que se trata de un trabajo muy personal, nacido de una profunda insatisfacción con una "cultura" popular que nos avergüenza pero a la vez nos define (muy a nuestro pesar), así que amargo sabor de boca. ¿Hay algo que pueda hacerse de la farándula infame salvo reírse de ella?

Valoración

Plasti para mayores de 16 años: nunca la técnica de stop-motion estuvo al servicio del escarnio nacional como en esta ocasión.

Hobby

60

Aceptable

Lo mejor

El detallismo, la iluminación y las risas sardónicas que te saca a tu pesar.

Lo peor

Ha costado años sacarla adelante de modo que algunos gags han perdido empuje.

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