Análisis

Del juego al cine: crítica de Super Mario Bros.

Por Gustavo Acero
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ARGUMENTO: Los dinosaurios, lejos de extinguirse, evolucionaron como los humanos y ahora viven hacinados en Dinohattan, una dimensión paralela gobernada por Koopa. El dictador pretende fundir las dos dimensiones a través de la princesa Daisy, pero dos fontaneros de Brooklyn cruzarán el portal entre ambos mundos para rescatarla. 1993 - DIRIGIDA POR: Rocky Morton y Annabel Jankel. INTERPRETADA POR: Bob Hoskins, John Leguizamo, Dennis Hopper y Samantha Mathis.

Por fin ha llegado el momento. Aprovechando la reciente concesión del Príncipe de Asturias a nuestro idolatrado Miyamoto, revisitamos esta gema del Séptimo Arte como homenaje a la obra del genio japonés; concretamente, a Wii Music, por el resultado final de ambos productos. Super Mario Bros. fue la segunda película basada en un videojuego (tras el éxito de Commando en 1985) y la primera que se dio el batacazo en taquilla, al recaudar sólo 20 de los 42 millones de dólares que costó. Si bien la crítica fue algo más generosa que el público, sus jueces más implacables acabaron siendo, curiosamente, sus propios actores. 

 

Para Bob Hoskins (¿Quién Engañó a Roger Rabbit?, Hook), enfundarse el peto de Mario es lo peor que ha hecho en su carrera, como si participar en Garfield 2 fuese de alfombra roja. Su hermano en la ficción John Leguizamo (Romeo y Julieta, El Incidente) también llegó a reconocer: “esa película apestaba, y yo en ella”; eso va a ser que no se vio en Moulin Rouge. Ni siquiera Dennis Hopper (Waterworld, Apocalypse Now) se llevó al cielo un buen recuerdo de su alter ego Koopa, papel que confesó haber aceptado "para poder comprarle unos zapatos a su hijo". Sin embargo, a pesar de todos los martillazos que recibió, Super Mario Bros. se ha convertido en una película de culto para el público gamer. Entonces, ¿qué falló exactamente, aparte de todo?

 

Lo siento, Mario: tu coherencia está en otro castillo

La principal avería de esta tubería argumental fue la arbitraria reinterpretación del Reino Champiñón, un universo de fantasía polícroma mucho más cercano al País de las Maravillas de Carroll que a la alienante y sórdida urbe cyberpunk de Dinohattan, un entorno hostil a medio camino entre la metrópoli de Blade Runner y el Marte de Desafío Total, del que parece beber constantemente, a pesar de que no hay agua.

Mientras sus tres guionistas (uno de ellos, autor de la pistonuda Men in Black) y sus dos directores se centraban en atraer a una audiencia adulta, el verdadero público objetivo del filme –nosotros con veinte años menos–, nos perdíamos en un Bronx de prostitutas, persecuciones policiales y salas X (ojo al cartel “I was a teenage mammal”), donde sólo faltaban la mujer “triteta” de Verhoeven y Robocop poniendo orden. Vamos, que Mario y Luigi no pegaban ni con cola Tanooki en ese Eurovegas del futuro.

En su empeño por saltarse las reglas del juego sin enfurecer aún más a los fans, los productores decidieron aderezar los cien minutos de metraje con un bob-ombardeo de guiños metidos con calzador. Es el caso de los champiñones, que cambian su colorido aspecto de amanita muscaria por un omnipresente hongo viscoso que amortigua caídas y expende Bob-ombas. También aparecen otros objetos tan familiares como las Super Scope de SNES a modo de bazukas; una NES Zapper reconvertida en navegador informático; o las Bill Balas, recicladas como baterías de las botas stomper (Botas Goomba de SMB3) para saltar grandes distancias. En fin, que todo está cogido por los pelos, y eso que dejaron fuera los nabos de Super Mario Bros 2.


Dinohattan: La Parada de los Tróspidos

Si estas inserciones ya chirrían, lo que hicieron con los personajes es para solicitar la intervención de la Fiscalía. La primera víctima es el pobre Toad, retratado como un músico “okoopa” al que, por suerte, se cargan en el minuto 35. Bueno, lo “des-evolucionan” (como si no existiese el verbo involucionar) mediante una (deus ex) máquina que fabrica Goombas, los esbirros más inútiles y penosos de la historia audiovisual, que nos regalan la tragicómica escena del bailecito en el ascensor.

Bowser no sólo aparece diez segundos, sino que encima es el rey bueno, transformado en un hongo nauseabundo por el Rey Koopa: un libidinoso petimetre que se pasa la última media hora de peli esperando una pizza, en un guiño inexplicable a Las Tortugas Ninja. No menos ridículo es el papel de sus primos, los pseudo-Koopalings Iggy y Spike, dos payasos de Circo Mundial que, al menos, protagonizan el mejor guiño a los jugadores, cuando dos ejecutivos japoneses (se aceptan apuestas) les proponen protagonizar su propio videojuego, titulado “Los Primos Super Koopa”. Eso sí, la escena está escondida tras los créditos finales, en un nuevo alarde de sinsentido común.

El único personaje que aporta cordura a la historia de Super Mario Bros. es Daisy, gracias a la dulzura angelical de Samantha Mathis (American PsychoBuried), aunque le venía mucho más al pelo (que para eso es rubia) el papel de Peach, que aquí directamente no existe. Además, Daisy ni siquiera es pretendida por Mario, ¡sino por el tolai de Luigi! En cambio, la novia de Mario es una chica corriente llamada Daniella Pauline, en honor al Donkey Kong original. Por fin, un acierto... empañado por la exagerada diferencia de edad entre ambos hermanos, que quedaría desmontada dos años después por Yoshi’s Island. Este error de casting se justifica mediante la surrealista escena de la comisaría, donde "Mario Mario" y "Luigi Mario" perpetran ese trabalenguas autoparódico que Miyamoto se ha visto obligado a desmentir.

Pero dejamos para el final al peor parado: el entrañable Yoshi, transmutado aquí en un grotesco dinosaurio animatrónico que se lleva una patada y una puñalada en las pocas escenas que le dedican, y no es para menos. Por suerte para sus creadores, sólo era un robot de látex y no pudo valorar su experiencia junto a sus compañeros de reparto años después. 

Alguien tenía que desatascar el váter

Ante semejante cúmulo de dislates, si alguien puede sentirse orgulloso del trabajo realizado con las herramientas equivocadas es Bob Hoskins, cuyo Mario espontáneo, bonachón y enérgico contrasta con el Luigi timorato y pagafantas de Leguizamo, que ni siquiera lleva bigote (WTF!), aunque la culpa es del nefasto departamento de vestuario y caracterización, que incluso olvidó bordar las letras ‘M’ y ‘L’ en sus gorras. De traca.
Junto a Hoskins, Dennis Hopper también parece disfrutar en su papel de villano hortera estereotipado, cuya batalla final recuerda a la última escena de Los Cazafantasmas y Los Gremlins; enésimo homenaje al cine fantástico de los 80, cuando el Blandi Blub lo petaba (de hecho, petaba a todos los grandes malos).

En definitiva, si intentamos disociar la delirante Dinohattan del universo creado por Nintendo y nos limitamos a valorar una comedia de ciencia ficción con espíritu de serie Z, el resultado es una hora y media de entretenimiento ultra friki, con un ritmo narrativo ágil, efectos especiales dignos y una ambientación pesimista demasiado verosímil, saboteada por la discordante banda sonora de Alan Silvestri, más propia de una comedia infantil como Stuart Little (de la que también es autor) que de una atmósfera +18. Para colmo, la célebre sintonía del juego queda relegada a la "cutrescena" de introducción.

A pesar de todos estos "bugs" e intentando objetivos, podría haber salido algo mucho peor de semejante caos, cuyo error de base fue intentar trasladar la fantasía blanca de Super Mario Bros a la jungla asfaltada de nuestro mundo real. Ahora bien, si esta obra de culto no hubiese existido, nunca habríamos visto a Mario perreando con una gordaca afroamericana en un garito de mala muerte. Desde entonces, Peach no ha vuelto a dejarle solo.

 

Mientras degustáis esta bella estampa o rememoráis el tráiler original de la película, no olvidéis visitar nuestro especial Del juego al cine para conocer otros filmes basados en juegos.

Valoración

Como aventura de ciencia ficción, una película entretenida que se ríe de sí misma. Como adaptación del videojuego, una aberración insostenible que se ríe de sus fans. 'Mario Mario' y 'Luigi Mario' no se merecían una seta tan mal cortada.

Hobby

40

Malo

Lo mejor

Sus múltiples defectos la hacen entrañable. El Mario de Bob Hoskins. Se puede ver sin sonido.

Lo peor

El guión. Dinohattan es la antítesis del Reino Champiñón. Los guiños forzados. Yoshi: 'Ecce Dino'.

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