Análisis

El niño y la bestia - Crítica de la cinta de animación japonesa

Por Raquel Hernández Luján
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CRÍTICA DE: El niño y la bestia (Bakemono no ko) - DIRIGIDA POR: Mamoru Hosoda - PRODUCTORAS: Studio Chizu y Toho Company. Ya en cines.ARGUMENTO: Kyuta es un niño solitario que vive en Tokio, y Kumatetsu es una criatura sobrenatural aislada en un mundo fantástico. Un día, el niño cruza la frontera al otro mundo y entabla amistad con Kumatetsu, que se convierte en su amigo y guía espiritual. Este encuentro les llevará a vivir multitud de aventuras.

Después de Wolf Children el director y animador japonés Mamoru Hosoda nos presenta El niño y la bestia (Bakemono no ko), una conmovedora y dramátcia película en la que hay tantas lecciones de humildad que no parece una sencilla cinta de animación dirigida al espectador infantil medio sino a un público más amplio.

 

 

El mundo de las bestias se rige por sus propias reglas de forma paralela al de los humanos pero un niño, tras sentirse traicionado por su familia, se escapa y se introduce en él. Allí entablará amistad con el fuerte pero nada disciplinado Kumatetsu, que se convierte en su amigo y guía espiritual.


Aspira a convertirse en el nuevo líder de las bestias, pero para eso precisa convertirse en un buen maestro y demostrar que es capaz de ser ejemplo de virtud. El pequeño al que llama Kyuta se convertirá en su primer aprendiz pero el vacío que alberga en su interior hará que toda su evolución se vea marcada por una lucha interior de superación.

 


 

La historia, tan íntima como realista a pesar de la irrupción de lo fantástico, refleja una intensa historia de amistad y de aprendizaje mutuo. Emocionante y hermosa, la trama desarrolla varias ideas de lo más interesantes: la bidireccionalidad del proceso educativo y la forma en la que maestro y discípulo terminan fundiéndose.

 

El alegórico mundo de las bestias no solo funciona como eco flocklórico nipón y telón de fondo sino que ayuda a explorar sentimientos tan complejos como el desarraigo, la frustración ante la pérdida o la voluntad por aprender, evolucionar y avanzar.

 


 

En muchos aspectos, El niño y la bestia es una película muy madura. El hecho de que veamos a Kyuta crecer física y mentalmente hasta convertirse en un hombre que tiene que enfrentarse a sus miedos nos hace embarcarnos en un viaje emocional repleto de tragedia pero también de superación personal y de búsqueda de redención espiritual.

 

La metáfora que queda materializada en un momento dado en la ballena de "Moby Dick" (al margen del espectáculo visual) sirve a la perfección para expresar el punto de inflexión vital del protagonista, que tiene que conseguir doblegar ese odio y esa pena que siente desde niño y que podría llevarlo a la perdición. Él es su propia Némesis.

 

Lógicamente las relaciones paterno-filiales son el eje sobre el que pivota en su mayor parte el guión habida cuenta de que Kyuta bascula entre el mundo de los humanos y el de las bestias, siempre desubicado, siempre ocupando un ambiguo lugar que nunca llega a pertenecerle del todo. La historia es tan universal que por más que ciertos aspectos del rico imaginario japonés puedan parecernos lejanos o por más que las explosiones recargadas de los sentimientos puedan chocarnos, la asimilación de la trama es sencilla.

 


 

En cuanto al diseño de personajes, la película es perfecta. Ya desde el comienzo con la introducción en la que solo vemos sombras, el espectador tiene el gusanillo de saber y ver más y a medida que el metraje avanza queda absorto en la trama y atrapado en la ternura exenta de sentimentalismo y el carisma que desprende cada uno de ellos. A pesar de tocar mucho la fibra sensible, hay giros narrativos que sorprenden hasta el final y hay una profunda reticencia a llevar a nuestro personaje a lugares comunes.

 

Para cualquier fan de la animación nipona El niño y la bestia es de visionado obligatorio como sugiere el periplo festivalero que ha tenido la película y su acogedora recepción. ¡A disfrutar! Aquí tenéis el listado de los cines en los que se estrena.

Valoración

Preciosa cinta de animación con poderosos conflictos resueltos con poesía y humanidad. Aunque las particularidades del imaginario nipón pueden desconcertarnos el viaje es emocionante.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

El diseño de los personajes y la analogía con la lucha del protagonista de la novela "Moby Dick".

Lo peor

Es muy dramática así que aunque la experiencia cinematográfica es muy disfrutable también se sufre.

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