Creo que las plataformas de streaming se están equivocando con las subidas de precio y el aumento de publicidad

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
Los planes con anuncios van en contra de la fantasía de consumir contenido en plataformas de streaming, pero es la única opción económica que nos ofrecen.
Recuerdo cuando el streaming empezó a estar en auge y yo asistía al cine cuestionándome por primera vez cuál era el sentido de que estuviera pagando tanto por una entrada a una sala en la que me tenía que tragar media hora de anuncios antes de que empezara la película que quería ver.
O cuando dejé de ver la televisión tradicional, que interrumpía cualquier programa con publicidad cada cierto tiempo siendo tan molesta que dejaba de tener sentido.
Porque entonces había nacido una alternativa mejor a todo eso, una nueva forma de ver cine y televisión sin depender del cine ni de la televisión, un espacio en el que tú controlabas qué, cuándo, cómo y desde dónde ver el contenido que te interesaba.

Las plataformas de streaming habían llegado para quedarse, y para cambiar nuestra forma de interactuar con el mundo audiovisual. El streaming acababa de nacer y ponía fin a todas las incomodidades de los medios previos, era algo único y con ventajas exclusivas.
O, al menos, eso parecía durante un tiempo. Porque en los últimos años ha dejado de ser esa utopía que parecía al principio, acercándose cada vez más a la peor versión de lo que ya conocemos.
El streaming ha evolucionado a peor
Antes daba la sensación de que pagabas por desbloquear una mejora en la calidad de vida respecto a tu forma de relacionarte con el cine y las series, e incluso los programas. No sólo estabas dando dinero a un servicio que contaba con un amplio catálogo en crecimiento, que podía permitirse seguir ampliándose para nutrir de opciones y de sentido a una suscripción a él.
También estabas pagando por eliminar los molestos anuncios que te imponía cualquier otra forma de ver una producción si no la habías comprado en formato físico. El streaming casi venía a significar libertad a un precio económico. Pero ahora ya no.

Desde hace unos años las cadenas de streaming más importantes han empezado a inflar sus precios, incorporando a sus suscripciones nuevos modelos en apariencia más económicos que son en realidad una trampa.
El mayor contra que hay en ellos es que vienen con publicidad incorporada, así que se acabó lo de poder ver cualquier cosa sin interrupciones.
El segundo es que su precio no es más barato de lo que ya había, tan sólo se ha forzado la situación para convertir a esos planes con anuncios en los más suculentos para la audiencia, poniéndolos a un precio inferior que el resto de opciones que nunca habían sido tan caras.
Y esta diferencia de precios no hace sino incrementarse con el tiempo. En los últimos meses ya hemos presenciado cómo plataformas como Netflix o Prime Video han aumentado una vez más sus suscripciones, sin apenas ventajas para quienes pagan por ellas pero haciendo que las plataformas se lucren a costa de nuestro preciado tiempo.

Ya eran perversas antes con su filosofía de retención, al ofrecerte contenido constante para que no te alejaras del servicio y te convirtieras en una esclava del streaming, pero ahora además te conviertes en esclava de la publicidad que te fuerzan a consumir mientras les sigues dando minutos conectada a ellas.
La gente no está conforme, la subida de precios es una amenaza constante, y la publicidad se vuelve cada vez más invasiva, pero tampoco tenemos una alternativa mejor si queremos seguir velando por nuestra economía, pues la diferencia de precio entre un plan sin anuncios y uno con ellos ronda los diez euros mensuales. Un sacrificio muy grande para una opción que, en origen, ofrecía todos los beneficios por defecto.
Mientras tanto, la televisión y el cine se han puesto las pilas, habiendo notado la gran competencia en el mercado que suponía el streaming para intentar ofrecer una alternativa viable.
La televisión a la carta te permite organizar mejor lo que ver aunque no sea en directo, mientras que algunas cadenas de cines han incorporado suscripciones al estilo de las plataformas de streaming para poder ir a ver películas en la gran pantalla de manera ilimitada.

En el momento de escribir estas líneas, una suscripción a Unlimited de Cinesa cuesta lo mismo que el plan Estándar sin anuncios de Netflix en Estados Unidos, cuyos precios acabarán equiparándose en España tarde o temprano.
La línea que divide todas las opciones que tenemos disponibles en la actualidad es cada vez más fina, y las ventajas que ofrecen unas y otras por su precio ya no son tan evidentes como antes. La balanza se ha equilibrado. Y las dudas se hacen inevitables.
¿Es el momento de volver al cine aunque tenga anuncios porque el streaming se ha encarecido tanto que cuesta lo mismo?, ¿hay que anular todas las suscripciones como protesta ante las subidas de precio y el incremento de publicidad? No hay respuestas fáciles, lo único que está claro es que el streaming ha dejado de ser la mejor alternativa por defecto.
