Crítica de A 500 millas de casa, una sorprendente y conmovedora road movie

Crítica de A 500 millas de casa, la película de Morgan Matthews con Bill Nighy, Clare Dunne, Maise Williams, Roman Griffin Davis y Dexter Sol Ansell. Estreno el 10 de julio.
¡A 500 millas de casa tiene una doble vinculación con el universo televisivo de Juego de tronos! Veréis aquí a Maise Williams (la carismática Arya Stark de Juego de tronos) y Dexter Sol Ansell, Egg en El caballero de los Siete Reinos.
Hemos empezado esta crítica por la anécdota, pero es la única concesión que vamos a hacer antes de hablar de esta coproducción de Reino Unido, Irlanda y Chipre dirigida por Morgan Matthews y escrita por Malcolm Campbell.
El material original que ha servido de base al libreto es la aclamada novela Charlie and Me: 421 Miles from Home de Mark Lowery, publicada en 2018. Una de esas historias de paso a la madurez en la que el reparto brilla con especial fuerza. Y no solo por los dos personajes ya anunciados, sino por el conjunto y la química que hay entre todos ellos, contando incluso a secundarios que apenas llegan a abrir la boca, como Nana.
Es una película muy conmovedora gracias a un giro bestial a mitad de la cinta que tiene el potencial de dejar descolocada a la audiencia, pero que está bien justificado a nivel argumental. A 500 millas de casa se beneficia de un montaje paralelo de dos planos temporales distintos para sembrar la duda y el interés en la audiencia mientras esconde un poco sus cartas. El tiempo necesario para crear un alto impacto emocional y girar las tornas de lo que pensábamos que estaba sucediendo en pantalla.
Rumbo a la reconciliación
Finn recuerda con añoranza los momentos en los que su familia aún estaba unida y eso era cuando pasaban tiempo con sus abuelos en Dingle. También tiene grabado en la memoria el momento en el que nació su hermano Charlie, prematuro y con algunos problemas de salud, aunque al final tan enérgico y vivaracho que los deja sin aliento.
Cuando escucha a sus padres discutir y planear una separación, toma la decisión de regresar con su abuelo a Dingle, donde vive solo después de que sus padres le hayan retirado la palabra y su Nana haya sido ingresada en una residencia de ancianos por su avanzada demencia.
Al ser menor de edad y no disponer de muchos ahorros, el dinero es un agobio constante para él pero también la responsabilidad de viajar con su hermano, que queda atrapado por error en un autobús. Por suerte, Finn conocerá a Kait, una cantante callejera que se apiadará de sus circunstancias y le acompañará en su periplo para reunirse con su familia y, con suerte, sanar sus heridas.

A 500 millas de casa se configura como una road movie porque el detonante de la acción es la huida del hogar y el periplo en autobús, barco, coche y hasta caballo hasta llegar al punto de destino pero el corazón de la historia es la reunificación familiar y el paso a la madurez. El hecho por tanto de pasar página y conseguir hacer efectiva una reconciliación basada primero en la aceptación del pasado, en la compasión y la empatia. Tender puentes, en resumidas cuentas, para poder avanzar hacia el futuro.
Se trata de un relato muy humano y afectivamente intenso a la hora de mostrar las relaciones entre hermanos y entre padres e hijos de distintas generaciones.
Irlanda es un personaje más: la luz, los paisajes, la forma de ser de la gente (ese superpoder del que habla Maise Williams que se basa en ayudar a los demás hasta más allá del deber), las pintas en el bar, las canciones tradicionales, la música improvisada...

Preciosa la banda sonora, por cierto, que hace algo más que acompañar la historia, sumándole capas de significado y empaque emocional a una narración de por sí conmovedora.
Puede que A 500 millas de casa no sea la película que salte a primera vista a los ojos en una temporada en la que el cine de animación y los blockbusters reinan en la cartelera, pero merece mucho la pena y deja buen sabor de boca.
Valoración
Nota 78
Una emotiva road movie con giro inesperado y un reparto tan delicioso y bien afinado como su rica banda sonora. La película es además una carta de amor a una Irlanda real y humana, alejada de los tópicos, cuyos paisajes casi pueden tocarse y olerse.
Lo mejor
La banda sonora, los paisajes, la calidez de la historia y las interpretaciones.
Lo peor
Hay que tener el corazón de piedra para no llorar: no te mete los dedos en los ojos pero te rompe el alma.

Comentarios