Crítica de Altas capacidades: el laberinto social retratado con tintes de comedia negra

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Altas capacidadesBTEAM Pictures

Crítica de Altas capacidades, la nueva película de Víctor García León Marián Álvarez, Israel Elejalde, Juan Diego Botto y Natalia Reyes. Estreno el 27 de marzo.

Tras su paso por la 29ª edición del Festival de Málaga dentro de la Sección Oficial a concurso llega a los cines Altas capacidades, una comedia negra, cuyo libreto ha escrito el propio Víctor García León junto a Borja Cobeaga.

Lo primero que hay que destacar es que, a pesar de lo que su titulo parece insinuar, no se trata de una película que trate el tema de la neurodivergencia asociada a un alto potencial intelectual, creatividad superior e intensidad emocional asociada a un enorme nivel de autoexigencia de los niños como hiciera por ejemplo Wolgang sino que es un título trampa que busca jugar con las expectativas de los espectadores para subvertirlas a lo largo del metraje.

De hecho, el niño protagonista, el debutante Suso Nanclares, no es en realidad la figura central alrededor de la cual se articula el relato sino la excusa argumental que se utiliza para hablar de muchos otros temas: la hipocresía, la búsqueda desesperada de un ascenso social, el coste de entrar en el club de los privilegiados y, por supuesto, las insalvables diferencias de clase.

Cualquier cosa... ¿por tu hijo?

Altas capacidades nos presenta a una familia de clase media normal y corriente. Alicia trabaja como contable y Gonzalo trabaja en el sector de las finanzas. El director de la escuela de su hijo les convoca a una reunión para hablarles del pequeño Fer, que ha comenzado a manifestar una serie de conductas inapropiadas en el aula. Y lo que les aconseja es hablar con él para tratar de comprender qué le ocurre y ayudarle.

Ellos, sin embargo, están enfocados en un nuevo proyecto. Un trágico suceso ha dejado abierta la posibilidad de que quede libre una plaza en un colegio de élite de la zona. El jefe de Gonzalo lleva allí a su hija y cuando se entera de su interés empieza a presionarlo para que mueva ficha y trate de hacerse con el hueco a toda costa.

A cambio le propone una promoción interna en la empresa, presentarle a sus contactos y meterlo en un sustancioso negocio vinculado a las renovables. Le aconseja incluso que le diga a la directora del colegio que su hijo tiene altas capacidades y necesita una educación especial.

Entre tanto, empiezan a aflorar los primeros problemas económicos. La pareja se estaba planteando tener un segundo hijo, algo que es inviable si tienen que pagar las elevadas cuotas de la escuela. Pero es que, de todas maneras, necesitan un empujón de los padres de ella. ¿La solución? Decirles que el niño es disléxico y tiene necesidades especiales de aprendizaje.

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El tono de Altas capacidades varía de la comedia negra al drama aunque el trasfondo es de denuncia social rotunda: hace gala de un humor adulto y descarnado que busca inmortalizar algunos de los pecados capitales de las familias empeñadas en medrar. Te hace reír, sí, pero también te hiela la sangre mostrándote estereotipos sociales perfectamente reconocibles y situaciones que, por suerte o por desgracia, también son fáciles de asimilar a la realidad.

A nivel dialéctico funciona como un reloj suizo mostrando, por ejemplo, el contraste entre un cumpleaños familiar y un evento social de clase alta: la forma de vestir, las actividades lúdicas, las conversaciones y los aperitivos... Todo suma en una película que tiene muy claro cuál es el mensaje que quiere transmitir y cuenta con un guión incisivo e inmisericorde para hacerlo.

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Respecto a las interpretaciones, Marián Álvarez e Israel Elejalde soportan el mayor peso dramático con solvencia y buen hacer, pero quien brilla con luz propia es Juan Diego Botto en un rol que le permite jugar con su registro para variar de cómplice a jefe duro y siempre, como un personaje interesado, premeditadamente gris y lleno de matices.

En suma, Altas capacidades habla de aspiraciones sociales, de la dicotomía entre los miedos que pueden surgir cuando se busca un cambio de clase (supuestamente a mejor) y los principios morales que hay que atropellar para lograrlo. Es una de esas películas que te deja pensado, con una sonrisa desencajada y una gran sensación de incomodidad porque tiene más de realidad que de ficción. 

Valoración

Nota 72

Altas capacidades muestra realidades sociales muy incómodas mostrándonos el viaje a los infiernos de una familia empeñada en medrar a toda cosa, renunciando a sus propios proyectos y amoldando la realidad a su antojo. Te hace reír y a la vez te dan ganas de echarte a llorar.

Lo mejor

Juan Diego Botto está superlativo en un papel que le sienta como anillo al dedo y está en las antípodas de su forma de ser.

Lo peor

La película merecía un desenlace aún más bestia.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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