Crítica de Desaparecida (Vanished): Nunca un título hizo tanta justicia a una serie

Desaparecida
Desaparecida

Un thriller de desapariciones con Marsella como protagonista que se queda en serie genérica, inconsistente y desprovista de intención.

Sólo queda una única cosa que podamos pedir a una película o una serie: que esté presente. Que exista. Que proponga, sugiera, ofrezca. Que su propósito no sea el de hacer fondo de catálogo.

Desaparecida (Vanished) pertenece a este último grupo. No por falta de medios, ni por falta de caras conodidas, ni siquiera por opciones narrativas. Se ha hundido en él porque carece de la única condición mínima exigible: tener intención.

Un thriller de secuestros/desapariciones de MGM+ disponible en Prime Video con David Hilton y Preston Thompson como creadores y con el flamante regreso a la televisión de Kaley Cuoco acompañada por Sam Claflin.

Los títulos de crédito son su primera advertencia. Ese derroche artístico que en series del género como True Detective, Mindhunter o Mare of Easttown se convierten en catalizadores de su imaginario y de una atmósfera inquietante representada a través del minimalismo.

Aquí tenemos un opening funcional, genérico e intercambiable. Es casi un template de cualquier programa de vídeo para una producción que aspira a rellenar un hueco. Una declaración de intenciones de lo que está por venir: un trámite.

La premisa es ciertamente básica: Alice Moore (Kaley Cuoco) es una arqueóloga de éxito que mantiene una relación a distancia con Tom (Sam Claflin), un médico que trabaja en una ONG de salvamento de personas, encontrándose con él en distintas partes del mundo.

Su última escapada romántica es un viaje por Francia, desde París hasta Marsella en tren. Un trayecto en el que Tom desaparece como el conejo de un mago. Pluf. Esfumado por completo.

La situación obliga a Alice a empezar una clásica búsqueda por un país extranjero, con su también clásica mecánica de pez fuera del agua y una sopa de clichés que pasan desde la policía poco colaborativa a la amiga periodista dispuesta a todo.

Pero en Desaparecida todo es hartazgo genérico. Guión y dirección presentan a villanos o incluso a supuestos villanos como Homer haciendo sospechoso a un perro en Los Simpson mirando a un lado y a otro. Y aunque la comparación parezca burda; créeme, es peor.

Cuatro episodios de 45 minutos que deberían ser un sprint —y que para Cuoco, de hecho, lo son, porque tendremos secuencias de más de 20 minutos de ella corriendo por Marsella para esconderse de la policía detrás de una planta, jurado— y que parecen una carrera estática.

Un thriller de fondo de catálogo

Kaley Cuoco, que se reinventó con The Flight Attendant después de The Big Bang Theory, vuelve a su último género de éxito sin mucha perspectiva de él. No es tanto su culpa; el guión la obliga a pronunciar diálogos que parecen sacados de un generador automático.

Podrías saltar las exasperantes declaraciones de amor Mr. Wonderful del Tom de Sam Claflin —otro que poca culpa tiene de ser reducido prácticamente a elemento decorativo— o sus conversaciones de redención con la periodista (Karin Viard) y la trama seguiría intacta.

La serie disponible en Prime Video desprende constantemente una sensación de la funcionalidad más genérica en toda su factura. Ni siquiera su principal valor de producción, el de thriller internacional, consigue elevar el resultado.

Con Francia como telón de fondo, que a ojos del espectador estadounidense es casi como un sueño onírico, la dirección parece incapaz de utilizar recursos de cámara que se alejen de la convención: planos básicos de situación, cámara al hombro para urgencias y una puesta en escena que no apoya la construcción de suspense.

Y luego está la música. Capas electrónicas genéricas —sí, otra vez— con subrayados obvios y crescendos que anticipan giros con tanta previsibilidad que destrozan cualquier opción de fabricar tensión.

Desaparecida
Desaparecida

Es, en esencia, un ejercicio global de lo que sería la temp music; esa banda sonora provisional que a veces se convierte en definitiva, pero que carece de todo carisma. El síntoma es, en realidad, la enfermedad.

El tema central de la serie trata una gravedad que voy a evitar por no caer en el spoiler, pero sus opciones han quedado más que demostradas en películas mainstream como Taken. Un ejemplo casi exclusivo de carisma físico, pero que ofreció su forma de aportar.

El crimen transnacional tiene evidentes opciones para desarrollar complejidad moral y densidad atmosférica, pero en Desaparecida todo parece deslizarse con una superficialidad que termina de rematarla.

De hecho, quiere insinuar subtemas como el sempiterno y asqueroso acoso sexual a la mujer, pero lo hace con técnicas tan burdas como plantar en medio de un episodio a cuatro tíos para intentar violar a Alice y que no tienen ningún eco en la trama ni en su protagonista.

Es como el pseudoartista que salpica con su brocha un lienzo en blanco para representar emociones; por muy buena que sea la intención, seguirá siendo papel manchado.

Hasta su propio clímax se convierte en una revelación que directamente dinamita la mitad del segundo episodio y pone en tela de juicio toda la construcción narrativa previa.

Es frustrante porque el material tenía margen para ofrecer algo más que un entretenimiento de bajo calado. Sí, la serie es corta y la puedes ver. Empieza y termina. Pero su escasa intención pesa más que el desastre total porque genera una absoluta falta de reacción.

Desaparecida podría haber funcionado mejor como película. Cuatro episodios que dilatan persecuciones, multiplican diálogos y escenas que se vuelven redundantes, aún más con el cuajo de repetir estructuras en dos secuencias seguidas.

Dame un montaje de 100 minutos más severo, deshaz todo el cliché caricaturesco y tendrás un thriller formulaico, pero una dignidad superior al de poner dos caras conocidas en un gran cartel esperando resultados.

Hay pocas cosas más demoledoras que terminar una serie y no tener opción para destacar algún detalle del que se pueda rascar positividad. No ya perfección, sino huella.

Desaparecida es, y lo digo con tristeza, precisamente eso: una historia ausente sobre una desaparición literal y creativa. Se ve. Se termina. Y se desvanece.

Valoración

Nota 40

Desaparecida es una oportunidad perdida: un thriller sin identidad ni tensión cuya intención sólo parece la de engordar catálogo.

Lo mejor

El segundo episodio consigue generar un mínimo de interés y la premisa, por muy genérica que sea, tenía margen y valores para hacer una película funcional.

Lo peor

Guion incongruente, diálogos artificiales y una dirección sin personalidad que convierten el thriller en un producto plano y olvidable.

Mostrar comentarios