Crítica de Días de agosto: un drama familiar con encuentros tórridos y mensajes difusos

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Crítica de Días de agosto, la película dirigida por Chema de la Peña con Maggie Civantos y Roberto Álamo. Estreno el 14 de agosto.
La carrera como director de Chema de la Peña es bastante heterogénea: ha alumbrado títulos tan dispares como Isi/Disi: Amor a lo bestia, 23-F: La película o Vive por mí tocando la comedia y el drama, pero demostrando un interés especial por el género documental.
En esta ocasión, con Días de agosto, se adentra en el terreno del drama familiar de la mano de un guión escrito por el debutante David Sueiro. Aunque es una película elegante que quiere explorar los sentimientos y la parte más física del amor: el sexo, da la sensación de tener poco que contar más allá de un embrollo familiar que se gesta a fuego lento y parece no ir a ninguna parte.
Sirve, y eso es algo que hace muy bien, para congelar la sensación del verano en el tiempo y esa aparición voluptuosa del deseo macerada en el calor estival que comparte, por ejemplo, con cintas como Call Me by Your Name.
Tiene una factura técnica cuidada, planos subacuáticos bonitos (y metafóricos, que vienen a explorar lo prohibido), una fotografía firmada por el talentoso Dani Salo y, en líneas generales, intenta zafarse de lo chabacano y lo hortera, aunque no siempre lo consiga. Por desgracia, lo que no logra es presentar una historia con demasiada profundidad argumental.
Erotismo en tiempos de esterilización
Juan y Gabriela son una joven pareja de enamorados que, tras acabar las clases de la universidad, se van al chalet de la playa de la familia de él a pasar el verano. Son felices en su burbuja y desearían poder alargar esa sensación de libertad durante todo el tiempo posible.
Sus planes se tuercen cuando Fernando, el padre de Juan, aparece allí sin previo aviso con su nueva pareja. Mónica es una mujer mucho más joven que él y hace surgir rápidamente tensiones en la dinámica familiar. En primer lugar porque su madre también aparece por allí, pero es que además los roces entre el padre y el hijo complican la convivencia del día a día.
El salto generacional se deja sentir, así como una pasión secreta que aflora en el momento más inadecuado, precipitando un efecto dominó. Nada tendrá que ver el comienzo del verano con el fin, cuando Juan cierre las puertas del chalet antes de regresar a la rutina.

Hemos pasado del hartazgo (con el efecto Élite) a la casi ausencia del sexo en el cine. No solo es ya raro ver escenas de sexo explícitas, sino que apenas hay afectividad entre los personajes: besos, caricias... intimidad, en útima instancia.
Esta película tiene la rara cualidad de ser valiente en este sentido y no temer a la sensación de caer en el ridículo por ello, es más, es más vemos la primera relación sexual a los cinco minutos de empezar el metraje. Tampoco tiene reparo en tirar de clichés: roces eléctricos, miradas de embelesamiento y mentiras arriesgadas. El problema es que tampoco parece haber una hoja de ruta para que eso sea algo significativo.

Aunque el reparto cuenta con actores veteranos como Maggie Civantos, Roberto Álamo y Pilar Castro, se centra más bien en la efervescencia de la sexualidad del joven protagonista, interpretado por un Pau Simón algo insípido al que habíamos visto antes en dos series como Nudes y El refugio atómico. Funciona bien en cámara, tiene el atractivo físico, pero le siguen faltando muchas tablas para lograr que los diálogos fluyan con naturalidad y que los conflictos tengan alguna verosimilitud. Algo mejor se desempeña Berta Galo, con una trayectoria más dilatada en televisión.
Días de agosto es una película que se conforma con convertirse en su desenlace en un telefilm bien filmado, casi de lujo, con varios giros de guión forzados que repentinamente acaban con la tensión narrativa y hacen moverse a los personajes por un terreno algo incoherente. Es una pena que el guión no llegue a dejarse desbordar o a estallar de una manera mas sorpresiva. El final es tan endeble que te hace cuestionarte si el viaje mereció la pena.
Valoración
Nota 50
Un drama familiar difuso al que le habría hecho falta un guión más atrevido no solo en el tono, sino en la intención.
Lo mejor
La fotografía, el aire elegante de la producción y el tema que aborda, por más que no lo exprima hasta sus últimas consecuencias.
Lo peor
Es una película más bien sosainas.

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