Crítica de El refugio atómico: los creadores de La casa de papel quieren dar un nuevo golpe... subterráneo

Crítica de El refugio atómico, la nueva serie creada por Álex Pina y Esther Martínez Lobato (La casa de papel), de estreno en Netflix el 19 de septiembre.
Era fácil predecir el éxito inmediato de El refugio atómico, la nueva serie creada por Álex Pina y Esther Martínez Lobato, dúo creativo detrás del pepinazo de La casa de papel y su spin-off Berlín y artífices también de otras series como El embarcadero, White Lines o Sky rojo, entre otros títulos que les resultarán familiares a los lectores.
En esta ocasión sorprendían al incursionar (se suponía) en el terreno de la ciencia ficción vía distopía catastrofista. Nada más lejos, sin embargo. El contexto de la serie no es más que una percha vistosa de la que colgar a un grupo de variopintos personajes unidos por un único nexo: salvar sus culos en pleno apocalipsis nuclear. Lo que se llega a enredar la madeja es ya harina de otro costal.
Las similitudes con series similares son obvias: durante el visionado, a cualquiera le vendrán a la cabeza Silo o Fallout, solo que en el caso que nos ocupa no hay gran interés por lo que pasa fuera del refugio, ni siquiera por parte de los implicados, cuyos escarceos amorosos, riñas y prioridades están muy alejadas de lo que se cuece fuera.
De primeras El refugio atómico nos remite a un escenario que por desgracia no nos parece lejano. La escalada de hostilidades entre las grandes naciones hace peligrar el precario equilibrio político y parece inminente que estalle una Tercera Guerra Mundial, algo para lo que las grandes fortunas se han estado preparando desde hace años invirtiendo en la creación de un refugio subterráneo.
Kimera Underground Park es una instalación de lujo preparada para albergar a las familias adineradas que están dispuestas a presenciar el estallido del conflicto desde sus cómodas instalaciones provistas de spa, jardín zen y sala de monitorización del exterior.
Al poco tiempo de ingresar en su interior, una serie de sacudidas parecen anunciar que lo peor ha llegado: el caos nuclear se ha adueñado del exterior, las antenas dejan de recibir información y parece insoslayable pasar diez años encerrados antes de emerger a la superficie.
A partir de ese momento, en enfrentamiento entre dos familias a cuenta de una tragedia del pasado va a hacer que salten chispas entre ellos mientras que la organización cierra filas en torno a la seguridad de un refugio repleto de secretos y medias verdades.

El primer talón de Aquiles de la serie es el de presentar una extensa galería de personajes inverosímiles y cuyas decisiones parecen siempre bastante injustificables porque nunca se basan en la racionalidad. Tampoco parecen tener claras sus prioridades en un momento de máxima tensión, pero hasta cierto punto es algo perdonable en la medida en la que "el show manda".
El refugio atómico peca también de exponer demasiado pronto sus cartas. En lugar de jugar con el encierro de los personajes y tratar de despistar a propósito de lo que sucede en el exterior, pronto se revela el ardid y el engaño pergeñado por Minerva (Miren Ibarguren) y su hermano Ciro (Álex Villazán).
Pero quizás lo más preocupante es la necesidad que tienen sus creadores de autoplagiarse con una trama que emula en todo a La casa de papel.
Tira de los mismos recursos: una estafa contada en dos tiempos en la que hay una mente maestra (cambian al Profesor por la megaarquitecta fan de Grandes estructuras interpretada por Ibarguren) y meten más fantasía gracias a un IA todopoderosa pero el grueso de la serie es el salseo, el culebrón y las grandes frases rimbombantes que pueblan un guión sin pies ni cabeza.

La baza ganadora de El refugio atómico no es el "qué" sino el "cómo": la dirección artística es impecable y le han echado billetes al diseño de producción para que la serie tenga una estética propia y reconocible. Por desgracia, esto no está al servicio del objetivo principal que debería ser contar una buena historia.
En suma, El refugio atómico es uno de los mayores disparates que ha llegado a Netflix este año. Solo consigue ser entretenida a ratos y alcanza niveles de ordinariez que dan vergüenza ajena.
A veces hay que desechar ideas en los brainstorming en lugar de elevar las apuestas constantemente. No siempre más es mejor: habrá usuarios que empiecen a verla pensando que es un placer culpable y se quedarán solo con la culpabilidad de haberle dedicado el tiempo.
Valoración
Nota 37
Lejos de las expectativas, El refugio atómico ofrece muy pocas novedades más allá de retorcer las relaciones de los personajes más allá de lo que dicta la lógica.
Lo mejor
El diseño de producción y la dirección artística: en el plano visual han sabido darle a la serie una estética propia, reconocible y atractiva.
Lo peor
El guión es un desastre de principio a fin. Duele la falta de originalidad tratando de beber de éxitos pasados.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.