Crítica de El gran diluvio, la nueva película surcoreana de catástrofes en Netflix que viene con plot twist

Crítica de El gran diluvio de Netflix, en cuya premisa se nos plantea cómo el fin del mundo tiene lugar en un bloque de apartamento de Seúl que se está inundando.
Corea del Sur vuelve a explorar el apocalipsis con la cinta El gran diluvio, que acaba de estrenarse en Netflix. En ella se conjugan varios elementos comunes del género, pero dándole un giro a su historia a mitad de la narrativa con el que se aleja de la progresión temática en el cine de catástrofes más convencional.
Pese a que existieran ejemplos previos, fue Train to Busan (2016) la película que marcó un precedente en la industria al poner al cine surcoreano en el mapa para ese tipo de producciones que parecían reservadas a Hollywood.
Busan también se podía convertir en el epicentro de un apocalipsis zombi y Yeon Sang-ho se encargó de contárnoslo llevando la acción al particular terreno de un tren en marcha mientras se hacía énfasis en el componente humano.
Del mismo modo, El gran diluvio se preocupa más por los sentimientos de sus personajes que por la catástrofe en sí, haciendo que el marco que construye para hablarnos sobre ellos se vuelva el contexto perfecto para potenciar los temas que quiere tratar.
En su premisa nos plantea cómo un meteorito ha impactado contra la Antártida acelerando la inundación del mundo con la que ya amenaza la crisis climática, en el microcosmos de un gran bloque de apartamentos de Seúl.
Aunque suene tan parecido en su sinopsis a la de Concrete Utopia (2023), sustituyendo los terremotos por tsunamis, lo nuevo de Netflix no busca hablarnos tanto sobre la conciencia de clases y la violencia que propicia el escenario ascendente de un rascacielos como ya hicieron filmes como High-Rise (2015) o incluso El hoyo (2019).
El gran diluvio resulta ser más bien un examen moral para su protagonista, llegando a aproximarse a la parte sentimental que en su día atrajo tanto de Train to Busan, con un padre que acababa dándolo todo para salvar a su propia hija y al resto antes que anteponer sus necesidades.

En este bloque de apartamentos, una madre lucha por sobrevivir con su pequeño, consiguiendo exponer de nuevo la crisis desde un espacio mucho más comprimido y con el que tenemos una gran familiaridad para que conectemos rápido con él.
Uno de los primeros giros de guion a medida que la trama avanza nos descubre que la madre es en realidad la única persona en el mundo capaz de salvarlo para que la humanidad tenga una nueva oportunidad.
Pero, en su camino por llegar a la azotea, se enfrenta a todo tipo de obstáculos tanto físicos como emocionales, siendo los primeros más propios del cine de catástrofes y los segundos unos que intentan añadir carga sentimental.

En ese apartado de catástrofes resulta efectiva esta localización que se va inundando de manera progresiva, similar a la cinta sobre un trasatlántico La aventura del Poseidón (1972), al tiempo que sus protagonistas ascienden por el edificio topándose con explosiones, caídas desde pisos superiores o nuevas olas gigantes.
Mientras, la madre y su hijo sufren por la desorientación, la falta de recursos o estar al borde del ahogo, con el tiempo en su contra, para acrecentar el suspense y lograr que la sensación de urgencia sea mayor.
En su carrera hacia los pisos más altos, se cruzan con otras personas en una situación igual de desesperada, como una niña encerrada en un ascensor o una pareja que está dando a luz, poniendo al personaje de Kim Da-mi en una encrucijada constante. Aunque ninguna es tan dura como el dilema final al que se enfrenta: ¿debe salvar al mundo o quedarse con su hijo?
La otra cara de la catástrofe

Después del gran plot twist justo a mitad de los 106 minutos de metraje de la película, entendemos qué es en realidad este lugar y todas estas cuestiones que se plantean, pero la historia pierde fuerza y emoción en una segunda parte que sea alarga demasiado.
Es fácil intuir cuál será el desenlace cuando ya te han dado casi toda la información que necesitabas y sólo te queda esperar a comprobar cómo se desarrollan los acontecimientos, acompañados por la evolución de los personajes.
El gran diluvio se esfuerza por querer decir algo, por insistir en que las emociones que tenemos importan, pero su discurso se encamina a dejar claro a la audiencia que sólo hay una respuesta correcta.
Pese a que resultara fácil empatizar con todos los conflictos internos a los que hemos visto encarar a su protagonista a lo largo de la cinta, ninguno parece haber sido ser relevante. Por tanto, el mensaje que nos deja es que la única humanidad posible debe ser perfecta, y para mí eso no es humanidad.
El gran diluvio ya está disponible en Netflix desde el viernes 19 de diciembre, como una producción exclusiva de la plataforma de streaming.
Valoración
Nota 64
Cada vez se hace más recurrente el escenario de un edificio para presenciar el fin del mundo, y El gran diluvio se apodera de esa premisa para plantear una historia de ciencia ficción que tiene más capas y varios giros de guion.
Lo mejor
Genera un drama y una tensión que resultan bastante eficaces al principio.
Lo peor
La segunda mitad se vuelve predecible y no termina de acertar con la moralidad.