Crítica de Kill Bill: The Whole Bloody Affair, el montaje definitivo de una de las joyas de Tarantino

Kill Bill: The Whole Bloody AffairElastica

Crítica de Kill Bill: The Whole Bloody Affair, la experiencia restaurada y en 70 mm. que Tarantino siempre quiso estrenar, sin censura. Estreno el 10 de abril.

Ya está en cines Kill Bill: The Whole Bloody Affair, la versión restaurada y extendida de la película. Por tres semanas podrá verse proyectada en 70 mm. en los cines Paz de la cadena mk2 de Madrid en versión original subtitulada gracias a Elástica. También estará disponible en distintas salas de todo el país.

Lo primero que hay que decir es que supone una maratón larga, de casi cuatro horas y media si tenemos en cuenta el descanso a modo de intermedio entre la primera y la segunda parte. Pero también permite ver la intención general del conjunto, que es uno de los grandes atractivos de verla por fin íntegra.

¿Cuáles son las novedades? La primera y más importante es la inclusión de la pieza de animación que desarrolla el pasado del personaje O-Ren Ishii interpretado por Lucy Liu en su versión adulta y la segunda es la legendaria parte de la Casa de las Hojas Azules, que se presenta íntegra y a todo color, siendo uno de los puntos álgidos de la película además que haber marcado una impronta indeleble en la cultura popular.

En suma, los amantes de Kill Bill que en mayor o menor medida disfrutaron de los dos volúmenes de manera independiente van a poder apreciar la fuerza del relato, de los personajes, del humor, de la mala baba y de la mezcla de géneros que nos propone Quentin Tarantino. Su obra, por cierto, está envejeciendo mejor que él, que últimamente no para en meterse en jardines en lugar de rodar, que es lo que mejor se le da y aquí tan bien demuestra.

La cuarta película de su filmografía es una obra compleja compuesta por distintos capítulos en los que hay toda clase de referencias estilísticas tanto occidentales como orientales con una Uma Thurman completamente marcada por el gran papel de su carrera interpretativa. 

La venganza nunca es una línea recta. Es un bosque y, como en un bosque, es fácil perderse... Perderse... Para olvidar por dónde entraste.                      -Hattori Hanzo

Punto de partida: la tragedia

¿Aún no has visto Kill Bill? Mejor, así tienes ocasión de verla en la mejor de las condiciones, unida y obediente a la visión primera de su creador, de la que teníamos constancia gracias a la publicación del guión.

Arranca contándonos cómo una mujer que recibió un disparo en la cabeza a manos del amor de su vida el día de su boda, estando además encinta, sale del estado de coma y decide vengarse de todos y cada uno de los cómplices de ese hombre, Bill, reservándoselo a él en última instancia.

El problema es que se trata de un escuadrón de mortíferos asesinos implacables con los que establecerá un juego de todo o nada, de modo que tendrá peleas a vida o muerte para cumplir su objetivo.

Kill Bill es una película pletórica, excesiva, ambiciosa y sofisticada aunque también está repleta de humor y de momentos que rozan, premeditadamente, el ridículo. Puede que la narrativa sea algo facilona, al articularse en capítulos que parcelan la venganza de la protagonista y llevan a un lugar previsible, pero también guarda sorpresas inesperadas con unos giros de guión fabulosos y juega con la línea temporal para no ofrecer un relato lineal.

La marca de la casa es la estilización de la violencia en coreografías muy trabajadas (valientes movimientos de cámara, diseño de vestuario inolvidable, cables, especialistas a porrillo) y estéticamente preciosistas que tienden, como toda la película en sí misma, a la hipérbole desmesurada.

En las dos secuencias que han sido ampliadas esto se aprecia especialmente: sangre a borbotones, rostros expresionistas de dolor y mil y una maneras de acabar muerto, tullido o agonizante. De la fotografía, casi mejor ni hablar: es una verdadera barbaridad como se utiliza para crear ambientes, matizar intenciones narrativas o generar emociones en el espectador.

Kill Bill: The Whole Bloody AffairElastica

Podemos decir, sin lugar a dudas, que Tarantino estaba en la cúspide de su carrera como director asumiendo de manera plena el reto de lo que quería hacer y ahora se ha dado el gusto de ponerlo todo en su sitio, sin miedo a censuras, ni a problemas de distribución.

Por supuesto, en esta versión se mantiene el homenaje al cine de samuráis, al western, al thriller y a las películas de acción de tipo kung fu, si bien es más fluida la conexión entre el desenfreno del Volumen 1 y el drama del Volumen 2: es mucho más notorio en ese sentido el contraste y cambio del tono. Pasa así de la acción y las matanzas a ser más grave y apoyado en los diálogos de la segunda parte por estar abocada a ser el final, a retrotraernos al pasado para poner nombre y rostro a los personajes y zanjar la trama.

Solo unas líneas más para decir que ver Kill Bill: The Whole Bloody Affair así es una gozada absoluta: es una propuesta extrema que funciona como un tiro y te lleva por una montaña rusa emocional: divierte, repugna, emociona... Es un mix de influencias que pegó tan fuerte (la banda sonora es tan emblemática como determinadas secuencias) que es la precursora de muchos de los universos ficcionales de los que disfrutamos hoy como el de John Wick, por poner un ejemplo. Chapeau.

Valoración

Nota 90

Un estreno a celebrar que nos permite disfrutar de la obra en su conjunto, a todo color, restaurada y empaquetada de manera extraordinaria. ¡Fantástica!

Lo mejor

La experiencia en sí misma de poder verla completa en pantalla grande y con la visión inicial de su creador es muy gozosa. La mayoría de los cambios son bienvenidos.

Lo peor

Adiós al cliffhanger del Volumen 1, que deja de tener sentido y era una bomba.

Kill Bill: The Whole Bloody Affair (2026)

Kill Bill: The Whole Bloody Affair (2026)

Título original

Kill Bill: The Whole Bloody Affair

Género

Acción, Crimen

Idioma original

Inglés

Duración

4h 13m

Ingresos en taquilla

5.806.312,00 $

Presupuesto

55.000.000,00 $

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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