Crítica de Por cien millones: una miniserie de Movistar Plus+ que se mueve entre el retrato de costumbres y el humor social

Crítica de Por cien millones, la serie de Movistar Plus+ creada por Oriol Capel y Nacho G. Velilla con Raúl Arévalo, Vito Sanz, Gabriel Guevara y Agustín Otón. Estreno 26 de marzo.
Un capítulo de nuestra historia reciente vuelve a saltar a la ficción de la mano de Movistar Plus+ como ya ocurriera con Anatomía de un instante, que diseccionaba el golpe de Estado de 1981. De hecho, se ambienta en la misma época para recuperar un insólito capítulo de las páginas de sucesos del momento: el secuestro del pichichi de la liga en plena cúspide de su carrera futbolística.
Pero quizás lo más importante no es que la serie nos narre los entresijos de lo sucedido sino que sepa plasmar tan bien la idiosincrasia de la época y los tremendos problemas sociales que atravesaba un país en crisis, con tasas de paro alarmantes, los "años de plomo" de ETA y unos niveles de delincuencia bestiales (en Netflix, con un tono completamente distinto encontrareis Asalto al Banco Central, centrada también en un golpe perpetrado en el 81).
Lo hace además con un tono de comedia ligera que le hace mucho bien porque se aleja de la fórmula del thriller y hace que los personajes sean más humanos y reconocibles, despegados de estereotipos desgastados. Aquí no hay héroes ni villanos, los policías no son tipos duros sino agentes de la ley que buscan esclarecer los hechos y no hay concesiones a la fantasía como se atestigua a través de la ecléctica banda sonora que baña las imágenes y va de temas como Sí, señor de Leño al Pavo real de El Puma.
Lo difícil no es secuestrar, es cobrar el rescate
Por cien millones nos presenta a tres colegas ahogados de dinero que han montado un taller mecánico en un bajo. Alfonso, Jorge y Salva a duras penas pagan el alquiler, teniendo en cuenta que no tienen casi clientes y andan pensando cómo salir adelante cuando leen en el periódico que ETA ha conseguido 30 millones de pesetas en apenas tres días con un secuestro express.
Lo que arranca casi como una broma, se convierte en un proyecto: pueden construir una suerte de zulo en el taller donde ocultar a alguien famoso por quien pedir un rescate millonario. Eso resolvería de un plumazo sus problemas económicos y les permitiría volver a empezar dándoles a sus parejas la vida que se merecen. La víctima será Enrique Castro, conocido por el sobrenombre de "Quini", el delantero del FC Barcelona.
Pero lo que parecía algo sencillo pronto se les atraganta. Lo primero, es que mantener al futbolista retenido tiene un coste... y lo segundo, es que no tienen ni idea de cómo hacerse con el dinero sin que les pillen. Es lo que tiene la inexperiencia y la ausencia de maldad.

La ambientación está cuidada al milímetro para que nos sintamos en esa España de principios de los 80 con tascas de barrio, discotecas en sótanos, quinquis, pijos y gente humilde tratando de llevar un plato caliente a diario a los suyos mientras en la Lecturas ven el nivel de vida de los ricos y pasean frunciendo el ceño frente a los escaparates que ofrecen productos que no se pueden permitir.
Vestuario, peinados, vehículos, atrezzo... todo nos lleva de viaje a nuestro pasado reciente para recuperar esta historia que nos interpela desde un humor muy franco y de calado social, mostrando en ocasiones montajes paralelos que le dan cuerpo a la narración y agilidad a la historia.
Y respecto al reparto, hay que decir que es todo un acierto con Raúl Arévalo, otra vez, en un papel fantástico y un porrón de secundarios que funcionan muy bien en comedia pura y dura y aquí tienen más capas: desde Vito Sanz hasta Aixa Villagrán o Nacho Guerreros, huyendo por fin del papel de Coque que ha marcado su carrera televisiva y confirmando que tiene muchos más registros por explorar.
Por cien millones se ve con facilidad gracias a su formato de miniserie de tres episodios de 50 minutos de duración, aproximadamente, y deja buen sabor de boca contando el desenlace de este hecho real que sacudió a la opinión pública en un momento tan tenso y conflictivo. De falto nos recuerda que valores imprescindibles para la convivencia como la empatía, la conmiseración y el perdón. Emociona.
Valoración
Nota 75
Una miniserie anclada en nuestro pasado reciente que nos habla de los problemas del momento y nos pone en la piel de personas corrientes cuyas acciones fueron muy poco corrientes. Es un buen retrato de época que se vale del humor para mostrar realidades incómodas.
Lo mejor
La ambientación física y musical, las interpretaciones, los montajes paralelos y su capacidad para emocionar a los espectadores.
Lo peor
Quizás se pasa de buenista en algún momento y se alarga un pelín con las tramas secundarias.

Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.