Los últimos meses he visto las cuatro adaptaciones de Stephen King y la verdad es que todas son estupendas

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Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

Hasta cuatro adaptaciones de obras literarias de Stephen King se han ido lanzando en los últimos meses y, cada una a su manera, son magníficas. Y explicamos por qué.

Es uno de los escritores que más adaptaciones cinematográficas y televisivas ha ido acumulando y la razón es bastante obvia: sí, vinculamos inmediatamente Stephen King al terror pero sus obras trascienden el género para hablarnos de la naturaleza humana. 

También es cierto que tiene una producción creativa que lo ha ido arrastrando a distintos registros. Está el King más duro, que nos retrotrae a nuestros miedos atávicos y el King más metafísico que se vale de las tinturas de misterio para explorar otros recodos de nuestra identidad.

La variedad de su legado literario (en permanente expansión) la demuestra de manera muy clara lo que ha ido llegando a la pantalla grande y la pequeña en los últimos tiempos. Si HBO Max está ampliando su catálogo de series con It: Bienvenidos a Derry es porque el payaso Pennywise, uno de los alter ego de Eso, ha tenido siempre la capacidad de alterarnos las pulsaciones y eso ya provenía de la letra impresa. Solo han hecho falta creadores con ganas de darle una vuelta de tuerca y ofrecer un contenido para adultos y llevar la propuesta a un extremo gozoso a la par que perturbador.

El primer Stephen King, refugiado bajo el pseudónimo de Richard Bachman, también ha sido la fuente de inspiración de dos nuevas películas de registros bien distintos, aunque igualmente satisfactorias. Hablamos de The Running Man que, sin ser la cinta más brillante de Edgar Wright, mejora mucho la versión anterior de Perseguido (al propio autor le ha flipado tanto que la califica como "la Jungla de cristal de nuestros días") y de La larga marcha, que en manos de Francis Lawrence se ha convertido en una joya extrema pero indispensable.

Decía Glen Powell en la entrevista que nos concedió antes del estreno y que podéis ver al completo aquí arriba, que uno de los aspectos que más le llamó la atención cuando tuvo en sus manos el guión de The Running Man fue la pertinencia del discurso a pesar de que medien cuatro décadas desde su alumbramiento. 

Ahí está la clave: no se ha han disipado los temores fundados de los años 70/80 de que terminemos viviendo en una autocracia, con los medios de comunicación (léase redes sociales o IA) manipulando a la opinión pública y haciendo que tome decisiones que van contra sus propios intereses. 

Esa misma sensación de contemporaneidad la tenemos respecto a las ideas esenciales de La larga marcha, aunque ahondando más en su mensaje existencialista porque estamos ante un coming of age en un marco de supervivencia extrema que está muy pensado para que su brutalidad nos lleve a plantearnos qué es lo que nos hace libres, humanos, congruentes, relevantes...

Qué decir, llegados a este punto, de lo que significa por tanto que uno de los trabajos más luminosos de King como es La vida de Chuck, haya tenido su traslación en imágenes. Qué dejamos atrás cuando nos vamos, qué microcosmos se apaga cuando se acaba la función.

Son cuatro piezas completamente distintas en tono, género, plasmación visual y ambición pero dan cuenta de la variedad de los trabajos de Stephen King y de la calidad de su obra que va mucho más allá de los tropos clásicos del terror. Quiere hacernos pensar sobre el mundo en el que vivimos, en cómo podría irse a la mierda (aún más) y que no dejemos de preguntarnos quiénes somos en todos ese proceso. 

Es, por derecho propio, uno de los autores literarios más adaptados no solo por su prolífica y variada bibliografía, que da pie a enfoques diferentes y posibilidades ilimitadas, sino porque sus mensajes no caducan. Se nota que tiene puesto el radar y es además un ávido lector y un ávido espectador, siempre digno de ser reivindicado por su rebeldía y su arrojo. Larga vida al Rey.

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