Melania Trump utiliza el documental como propaganda, pero también lo vemos en cantantes e influencers

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
Melania Trump se vale de las mismas estrategias que cantantes e influencers han utilizado para impulsar sus carreras, aunque con trasfondos algo distintos.
Melania Trump hizo algo muy inteligente en 2024: después de las elecciones de Estados Unidos, le presentó a Jeff Bezos la idea de hacer un documental sobre sí misma en el que expondría cómo era su vida en los 20 días previos a la investidura presidencial de su esposo Donald Trump a principios de 2025.
La mujer de Doland Trump no sólo lanzó la idea sino que también la produjo, teniendo control creativo total sobre todos los aspectos de la producción, desde como sería la corrección de color de la cinta hasta su campaña publicitaria.

Nada podía estar puesto al azar. No sólo porque Melania (2026) se hubiera convertido posiblemente en el documental más caro sin licencia musical jamás realizado, sino porque tenía un objetivo crucial para su creadora: elegir qué aspectos de la realidad mostrar a su público para ensalzar su propia figura con tal de conseguir que la audiencia se posicionase a su favor y al de su marido.
Por eso la cinta ha sido tan mal recibida por parte de la crítica, con medios como The Hollywood Reporter llegando a calificarla como “un insulto a las hagiografías” y otros como The Bulwark señalando que es “un instrumento puro y desnudo de corrupción y propaganda”.
Tal y como demuestra Rotten Tomatoes, la prensa especializada no ha logrado encontrarle ninguna virtud a este artefacto -prueba de ellos es su calificación media del 5%-, pero sí ha conseguido conectar con su público objetivo: una oleada de más de mil fascistas ha hecho que, entre la audiencia, el documental de Melania roce la perfección con su nota media del 99%.
El documental de Melania no es un caso aislado

La estrategia de Melania Trump es cuestionable en muchos aspectos, pero no es la primera ni será la última persona en aprovecharse de este formato para conectar con la gente y potenciar así su carrera.
Utilizar los documentales como un medio para la propaganda personal de las figuras que hay tras ellos es algo que se de hace forma habitual en la industria, y que hemos podido ver repetirse en ámbitos de todo tipo, ya sea con cantes, influencers, o compañías.
Taylor Swift es una experta en hacer que la maquinaria siga funcionando a través del complemento a su carrera musical del documental. Uno de sus últimos lanzamientos -aunque no el único- fue Taylor Swift: The Official Release Party of a Showgirl (2025).
Es curioso cómo el título del largometraje ni siquiera esconde lo que es: publicidad para acompañar el lanzamiento de su nuevo disco, adentrándose en el proceso de creación del mismo para ofrecernos una mirada entre sus bambalinas a la que sólo podíamos tener acceso mediante la gran pantalla.
De nuevo, bajo su propia producción, guion y protagonismo, la artista lo creó para empujar el lanzamiento de su álbum más reciente, de forma similar a como Melania Trump hizo lo propio para vender su nueva posición política.
En el campo influencer el documental también se puede llegar a presentar casi como un reality, para que nos acerquemos a la otra cara de una personalidad de internet que suele parecer una figura distante.
Por ejemplo, Aida Domenech utilizó su colaboración con Mediaset España y Amazon Prime Video -también detrás de Melania- para enseñarnos en la segunda temporada de Dulceida al desnudo cómo fue su proceso de embarazo e incluso su reconciliación con su novia Alba Paul tras su sonada ruptura.
Así se vale de un espacio más controlado y menos expuesto que una red social en el que saciar la curiosidad de sus followers, mientras le sigue dando a su audiencia lo que quiere: conocer más a fondo su vida privada.
Al igual que Melania Trump quería humanizarse en su propuesta, mostrando sus facetas más íntimas -como la mudanza a la Casa Blanca o el traslado de su familia a capital de Estados Unidos-, que no suelen estar tan al descubierto en su día a día como figura pública. Eso te hace empatizar con ella, la convierte en una persona vulnerable, en humana.

El documental de personalidades influyentes que todavía siguen con vida rara vez será otra cosa distinta que un panfleto. Ya cuesta hacer un retrato de alguien que falleciera sin caer en el ensalzamiento con una hagiografía, y no hacerlo de alguien que protagoniza ese proyecto, e incluso lo idea y lo produce, sería un absurdo.
Melania Trump tenía claro su objetivo desde que se reunió por primera vez en Mar-a-Lago con un plan bajo el brazo. No debía ser ajena a la polémica que suscitaría en algunos ámbitos.
Con un sector de la población devoto que la apoyaría a cualquier precio, conseguiría afianzar todavía más su confianza al mostrarse de un modo distinto en Melania, mientras que la mala prensa no haría sino avivar el debate entre quienes opinaran de forma contraria a sus políticas, porque toda publicidad es buena y el documental es un medio excelente para tenerla.
