Stranger Things me ha hecho darme cuenta de que cada vez me interesan menos las series

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
Stranger Things ha terminado con su quinta temporada en Netflix, y eso me ha hecho plantearme si de verdad quería seguirla durante tantos años.
No recuerdo cuál fue la serie que me hizo empezar a interesarme por las historias episódicas, pero Stranger Things se ha convertido en la que me ha recordado por qué no me gustaban en un primer momento.
Hace mucho tiempo yo no era de ver series. Tenía un sólido argumento: prefería ver algo con un principio y un final, que no me estuviera atando durante varias temporadas -traducidas en años- sin un destino claro. Y esos argumentos están empezando a regresar a mí.
Supongo que llegó un momento en el que la factura técnica de las series empezó a ser tan impresionante que costaba distinguirlas de las películas, convirtiéndose en un motivo de peso para que resultaran tan atractivas.
Supongo que se estandarizó tanto la consumición de nuevas producciones en streaming entre el público que resultaba imposible esquivar su ataque ante una oleada tan grande de catálogo apto para todos los gustos, mientras la necesidad de generar una conversación en torno a ellas afloraba.
Supongo que fue la mezcla de estos y otros factores lo que terminó haciendo que la María que defendía el “yo no veo series, soy más de películas” cambiara para consumir todo lo que se ponía frente a su pantalla. Y quizá ha llegado el momento de decir basta. No de volver al “yo no veo series”, pero sí al “veo sólo las series que de verdad me interesan”.
Mi problema con Stranger Things y las series de ahora

Stranger Things nunca me llamó demasiado la atención. No tengo un amor especial por esos 80 que no viví aunque impregnen la cultura popular más nostálgica; pero todo el mundo hablaba maravillas de ella, y debo reconocer que no estaba mal.
Era un buen entretenimiento que se permitía tocar muchos temas gracias a su condición de serie y la longitud de sus temporadas. Tenía monstruos, tenía aventuras, y tenía personajes de todas las edades. Era perfecta para cualquier persona. Pero fue laaarga. Y alargar algo que te entretiene sin más acaba dando como resultado el desinterés.

Al principio Stranger Things era una serie anual, mas ese sueño fue efímero, y para su tercera temporada ya hubo que esperar un par de años, una tortura que se aguzó con la cuarta, que no sólo tardó tardó tres, sino que además llegó dividida en dos partes, repitiendo la jugada en su temporada final.
No es sólo una cuestión de tiempo, sin embargo el tiempo también es significativo. Cuanto más tiempo pasa, más te distancias de la historia, pierdes conexión con sus personajes, con las tramas que se estaban desarrollando…
Vuelves a la serie tres años después con un paupérrimo resumen de tres minutos y sigues sin recordar nada porque por tu vida han pasado ya muchas series, incluso algunas que han copiado el fenómeno consiguiendo que se desdibuje el original en tu memoria.
Así que regresas a Stranger Things y no regresas a una serie que amabas -o que simplemente estaba entretenida-, regresas a una producción que es casi por completo ajena a ti, que tenía virtudes que ya no recuerdas.
Entonces te queda preguntarte la pregunta final: ¿De verdad hacían falta tantas temporadas? ¿No podría haber terminado en la tercera? ¿Esto resolvía un misterio o solo lo alargaba?
Dejando de lado las series
Stranger Things es una de entre tantas series que me ha provocado sensaciones similares. Una producción que empecé por un cúmulo de factores muy difíciles de mantener a largo plazo.
Es cierto que ese aumento en la calidad de las producciones es uno de los responsables principales de que cada vez sean más largos los tiempos de desarrollo de las series, sacrificando el enganche automático en pos del espectáculo. Pero yo me estoy perdiendo por el camino.
Echo de menos ver algo que me esté gustando sin tener la sensación de que se hace eterno y de que no me lleva a ningún lado. Algo que parece incompatible con las series de ahora, y me empuja a preferir apostar por las miniseries o el cine.
Un planteamiento muy dramático pero que en realidad nunca he abandonado. Tan sólo ha pasado a segundo plano en muchas ocasiones, mientras las series se convertían en una prioridad de consumo.
Aunque parecía que Stranger Things nos daba un respiro habiendo llegado a su final, fue tan solo una ilusión, porque acaba de dar inicio a su propio universo cinematográfico en Netflix, y además de manera inminente.
Pronto volveremos a los orígenes con una producción animada de un estilo visual tan atractivo que no puedo evitar mirarla con interés, pero mis dudas siguen siendo las mismas: ¿De verdad me merece la pena atarme a un universo como el de Stranger Things? Y ahora la respuesta está clara.
