Tengo casi 30 años y no recuerdo la última vez que vi la televisión de toda la vida

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
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La televisión ha perdido su significado con el paso del tiempo, ha dejado de ocupar el lugar central que tenía antes en favor de otras alternativas.
He mentido en el titular. Pero sólo un poco. Esa oración resume de forma mucho más fidedigna mi relación con la televisión tradicional que la realidad, en la que de vez en cuando acabo encendiendo la televisión para ver algo concreto.
De repente, se me ha desbloqueado un recuerdo olvidado: mi padre era ese tipo de persona que siempre dejaba la televisión encendida, aunque no estuviera en el salón, ponía algún programa de deportes, de cocina, de política, una serie.
Al final daba un poco lo mismo. Era una acompañante independiente, la dejaba de fondo, como un ruido blanco, como quien tiene un gato. Es un hábito que yo no he heredado, tal vez porque ahora tengo un gato y no necesito ese ruido blanco.
Tampoco requiero llenar los silencios con música, así que no me hace falta que la televisión se convierta en mi nueva radio, pero sí que es verdad que hubo un tiempo en el que recurría a ella en busca de entretenimiento.
Durante una época veía El hormiguero, en parte como un acto social. Luego tan sólo cuando invitaban a alguien interesante. Luego maduré. En cualquier caso nunca he sido muy de programas de televisión como para reengancharme a cualquier otra opción mejor.
Lo que sí miraba con interés era la programación de los fines de semana, cuando había ocasión de que emitieran una película buena alguna tarde, alguna noche. Había que estar pendiente, dependías de la parrilla televisiva si no ibas a grabar lo que fuera que estuvieran poniendo.
La televisión tenía estrenos que llegaban por primera vez gratis para todo el mundo tras su paso por los cines, era un lugar cómodo al que recurrir. Todavía hoy sigue presumiendo cuando ocurre esta exclusividad, pero, ¿a quién le importa? Quiero decir: a mí ya no me importa, hace tiempo que dejé de acudir a ella en busca de novedades.
Mientras mi abuela de más de 90 años sigue mirando el periódico en la sección de programación en esa tradición de encontrar el contenido óptimo para pasar el rato por noche, yo no recuerdo cuándo fue la última vez que me preocupé por consultar la guía de televisión si no era para escribir alguna noticia relacionada con ello.
Supongo que la culpa es de internet, como todo. Internet fue llegando, se fue apoderando de cualquier forma de ocio, y ahora nos ha esclavizado para que seamos incapaces de ver la tele como antes.
He vuelto a ver la televisión

Internet son muchas cosas. Para las nuevas generaciones internet es TikTok y pasar horas enganchada a vídeos de un minuto, o Twitch y encadenar streams hasta que salga el sol. Yo decidí quedarme vieja para eso, pero a cambio existen Instagram o YouTube en unas líneas similares. Y ha sido precisamente YouTube la plataforma responsable de hacerme volver a la televisión, con ayuda de Instagram.
Un youtuber de viajes al que seguía anunció su colaboración con RTVE para lanzar un nuevo documental centrado en recorrer las diferentes provincias de nuestro país. La semana pasada anunció a través de sus redes sociales que el contenido por fin empezaría a emitirse en La 2, así que le di a grabar a la temporada completa de Esto es España.
Por tanto, he vuelto a ver la tele pero sólo a medias. De los cuatro episodios que lleva emitidos, no he visto ni uno solo en directo. Para dos de ellos utilicé la televisión a la carta, retrocediendo en la franja horaria para reproducir lo que yo quería cuando yo quería, y los últimos dos los vi grabados.
Es más, si no tuviera esas opciones podría haberme metido en la web de RTVE para encontrar el contenido online. Es por eso que, en honor a la verdad, nunca he vuelto a ver la televisión de toda la vida, sólo la he usado como una herramienta más, aunque sin seguir su filosofía, una que ya no encaja conmigo.
No pienso plegarme a los deseos de programación de las cadenas en un momento en el que cualquiera puede elegir su propia parrilla, ya sea viendo vlogs en YouTube o series en Netflix. El mando es nuestro.
Cuando quiero ver un estreno desde casa suelo consultar primero desde qué plataforma puede verse y, a partir de ahí, ya decido lo que hacer si no la tengo disponible. En varias ocasiones he terminado en la biblioteca, a veces por accidente, a ver con intención.
Me pregunto si alguien frecuenta las bibliotecas para otra cosa que no sea estudiar, pero tengo una información muy importante que ofrecer: ¡hay pelis gratis! Por tiempo limitado, pero gratis al fin y al cabo.
Tiene algo de romántico ir a una biblioteca: después de recorrerte sus pasillos eliges la cinta adecuada, te la puedes llevar a casa y verla, en un bonito homenaje a lo que fueron una vez los videoclubs.
Incluso existe una suerte de Netflix de las bibliotecas, pero es tan engorroso que apenas lo uso, porque lo que me interesa es la accesibilidad y la libertad de elección de contenido, algo que cada vez está menos relacionado con ver la televisión que existía hace una o dos décadas y más con la versatilidad que ofrece en internet y el streaming. Por eso ahora no veo la tele.




