Ekaitz Ortega

Redactor jefe

El true crime sigue en caída y me pregunto, sinceramente, qué esperamos al ver estas series

Netflix
Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

El auge del true crime ha traído multitud de títulos que optan por el morbo más desatado y sacrifican cualquier responsabilidad para conseguir audiencia.

El último gran true crime que ha llegado a plataformas viene de uno de los creadores más prolíficos de este género durante los últimos años, Ryan Murphy. Este ha sido la tercera entrega de su saga sobre asesinos estadounidenses: Monstruo: La historia de Ed Gein.

La nueva entrega de la serie antológica de Netflix ha sido un desastre en cuanto a crítica y público. Lo cierto es que motivos no le faltan a quienes muestran su disconformidad con lo que aparece en la historia que se cuenta.

A los creadores no les ha bastado con los crímenes de Ed Gein. Se ha buscado un mayor impacto mediante la inclusión de escenas más morbosas y llenando vacíos con decisiones truculentas que intentan atrapar al espectador. En vez de optar por el misterio que acompaña a este tipo de asesinos, más todavía en tiempos predigitales, se los mira con un prisma que en ocasiones puede parecer admiración.

No quiero decir que Ryan Murphy haya sido el único que elige esta manera de afrontar sus series. En los últimos dos años han ido llegando más y más true crime, casi cada semana, en un acelerado pulso entre las distintas plataformas por hacerse con el éxito más inmediato.

¿Qué se cuenta en los true crime?

En el desolador panorama actual de true crime, de vez en cuando encontramos algún título que llama la atención por extravagante u original, como puede ser el caso de Los reyes de Tupelo: Una saga criminal en Misisipi. Pero es raro cuando una serie busca atraer por su documentación sorprendente y no por la solución fácil.

La pregunta que me puede surgir con este tema ya no es sobre la calidad en sí, que cada vez es menor y se encuentra en una época crepuscular, sino en la ética con que se afrontan.

Series como las de Monstruo tienden a rodarse en base a la atracción hacia el criminal por encima de todo, rara vez se pone toda la atención en las víctimas, el jurado o incluso el familiar que comparte techo con ellos. El foco se coloca en el asesino y se deja la narración a sus actos y la leyenda popular.

Hace unos meses leí un ensayo titulado La chica muerta favorita de todos, de Beatriz Garcia Guirado, que viene muy a cuenta del tema. Trata sobre el asesinato de Elizabeth Short, conocida por siempre como la Dalia Negra, y la doble victimización que sufrió. Esta mujer no fue solo víctima de su asesino, también de la sociedad que la cosificó para deshumanizarla y ajustarla a lo que mejor le venía a los periódicos.

En La chica muerta favorita de todos: El caso de la dalia negra y el detective de la multitud se habla del que mira el crimen y lo adapta en su beneficio. Eso es extraño en estos tiempos, porque analizar a quien escribe la leyenda y no a la persona perturbada es incómodo para todos, pero quizá pueda ser una solución al true crime actual.

Evidentemente, no es solo una cuestión de creadores, también se debe cuestionar al espectador. Quizá nos toca preguntarnos qué esperamos ver con cada true crime que ponemos, si buscamos entretenimiento o simple morbo, si merece la pena gastar el tiempo o no y qué ocurre con lo que no se está contando en las imágenes que solo buscan incomodarnos.

Otros artículos interesantes:

Más información sobre:

Mostrar comentarios