Es difícil escribir personajes principales que no aportan nada, pero Taylor Sheridan lo ha logrado en Landman

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Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

Taylor Sheridan se las ha ingeniado para que dos personajes absolutamente superfluos a nivel narrativo ocupen más de la mitad del tiempo de su nueva serie estrella.

Que Taylor Sheridan se ha convertido en uno de los creativos de televisión más importantes, no lo voy a discutir. Series como Yellowstone, Mayor of Kingstown, Tulsa King o 1923 le avalan. Pero tampoco voy a negar que el actor y guionista tiene ciertas carencias narrativas que, cuando no tiene un compañero apropiado para suplirlas, terminan en desastre.

Un ejemplo de manual lo tenemos en Landman: Un negocio crudo, una serie muy potente, muy interesante, con actorazos, y con dos de los personajes principales más superfluos que he tenido el disgusto de encontrar en mis 38 inviernos.

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A la hora de escribir historias, hay muchas normas, y una de ellas es que, si algo no aporta, no lo muestres. Te puedes permitir un capricho puntual, una escena, un pasaje, pero sé breve.

Con esa premisa en mente, nos adentramos en el rocambolesco entramado de personajes de Taylor Sheridan en Landman: Un negocio crudo, para que pueda destacar a dos que, si las quitas, no pasaría absolutamente nada.

Dos insufribles clichés con patas

Vaya por delante que voy a hacer spoilers de Landman: Un negocio crudo. Si no has terminado la serie o planeas verla, es mejor que lo hagas antes de leerme despotricando.

La serie de Taylor Sheridan está encabezada por un Billy Bob Thornton que está inmenso en el papel de Tommy Norris, el hombre sobre el terreno de una compañía petrolífera de tamaño medio en Texas.

Landman en una serie que toca temas muy complejos dentro del corporativismo petrolero, pero también al nivel de trabajadores y sus familias y cómo un trabajo en el que la vida depende de una fracción de segundo tiene sus beneficios, y sus muchos inconvenientes.

Todo esto sin contar con el clásico batiburrillo económico que es común en las series sobre grandes compañías y con el que no te voy a aburrir.

Taylor Sheridan aborda todas estas tramas a través de Tommy Norris y con un enfoque mayoritariamente dramático. Pero entonces entran en juego Angela y Ansley Norris, interpretadas por Ali Larter y Michelle Randolph, respectivamente. Vaya por delante que mi crítica no va hacia ellas, sino hacia sus personajes.

Angela y Ansley son la exmujer y la hija de Tommy, lo único que hace mínimamente comprensible su presencia en la serie. El problema es que, en resumidas cuentas, son una mala representación de un cliché más antiguo que el viento: la rubia tonta.

Esto no habría sido un problema si Taylor Sheridan hubiese recurrido a este recurso de forma anecdótica, como la "barbie" que pone café a los currantes por la mañana en un par de escenas. Fenomenal, ya has dejado tu caprichito que no aporta nada. Pero Angela y Ansley no se van… nunca.

La frustración de una trama innecesaria

Mientras Landman: Un negocio crudo explora más o menos bien a personajes como Cooper Norris (Jacob Lofland) y Ariana (Paulina Chávez), otros, como Monty Miller y su esposa, Cami, encarnados por Jon Hamm y Demi Moore —especialmente esta última—, aparecen de forma esporádica, en la serie, salvo al final.

Mientras tanto, Angela y Ansley no dejan de salir en escenas que versan sobre lo mismo: sexo, sus caprichos y el culto al cuerpo. Tanto es así que, cada vez que se salen de ese cliché, destaca lo artificiales que son sus personajes. Y no lo digo porque no exista gente así, ojo.

Una de ellas ya era mala al comienzo de la serie, cuando a Angela solo la sufríamos en llamadas telefónicas que dejaron de tener gracia tras la primera. Ansley ya era pesada cuando solo estaba ella, así que imagínate la situación cuando llega su madre, que hace válido aquello de "de tal palo, tal astilla".

Las tramas de madre e hija son tan innecesarias y rompen la dinámica de la serie de forma tan atroz, que hacen que despreciar a sendos personajes sea  la cosa más sencilla del mundo. Son el típico personaje que llega a las series de larga duración cuando la cosa empieza a flaquear, y generalmente no mejora con esa inclusión.

Pero lo peor es que, lejos de darle sentido al exceso de atención que reciben, Taylor Sheridan se monta una trama aún más absurda en una residencia de ancianos, todo para seguir dándoles la mitad de cada episodio a dos personajes que, si borras de la serie, no ha pasado nada.

Angela y Ansley no infieren en modo alguno en el modo en que Tommy Norris aborda sus diferentes conflictos en Landman. Su presencia es un parche mal cosido para cuando llega a casa, generando escenas cómicas que rompen con el ambiente de alguien que acaba de ver cómo alguien muere en el trabajo.

Taylor Sheridan ya puede contratar a alguien que le dé con una vara de bambú en las manos cada vez que escriba ciertas escenas en la temporada 2 de Landman: Un negocio crudo, porque ver cómo se ha desaprovechado a Jon Hamm y Demi Moore durante casi toda la serie mientras veía las tonterías de Angela y Ansley, ha dolido.

Tienes la temporada 1 de Landman: Un negocio crudo disponible en SkyShowtime. Si omites el tema que llevo criticando todo este rato, es una serie interesante. Como dije en mi crítica para HobbyCine, ofrece lo mejor de Taylor Sheridan, pero también lo peor. Me habría quedado más satisfecho con 6 episodios bien hechos que con 10 saturados de estos dos personajes.

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