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La opinión de

¡Esta película no es fiel al cómic en el que se basa! ¿Y acaso importa?

¡Esta película no es fiel al cómic en el que se basa! ¿Y acaso importa?
Muchas películas basadas en cómic no se parecen a los cómics en los que se basan. ¿Pero realmente afecta esto a su calidad? Con motivo del estreno de Kingsman: el circulo de oro, analizamos si efectivamente ya es un baremo a tener en cuenta.

"Esta película es una mierda por que el cómic en el que se basa, editado en 1978, con guión de Roy Claremont y tintas de John Simonson III, el color de la capa del Doctor Mortal era púrpura y no fuscia, y el Capitán Júpiter era griego de las islas en lugar de turco chipriota".

Y ahora que beba un chupito de tequila quien en la sala haya oído o afirmado alguna sentencia como con la que hemos abierto esta columna de opinión. Y si ha pasado alguna vez más, podéis repetir. 

Cierto es que el cine de películas basadas en cómic, cine de superhéroes o adaptaciones varias del cómic americano o el BD europeo siempre tienen que hacer frente a las horribles comparativas de lo que se muestra en la Gran Pantalla y lo que se narró originalmente en el cómic, el material supuestamente de referencia. ¡Más aún! Durante mucho tiempo, parecía que la calidad de la película dependiera de si esta era fiel al cómic o no. Y algo de eso se puede también trasladar a series de televisón o dibujos animados. 

¿Pero realmente la fidelidad respecto al cómic es ya un factor determinante a día de hoy? ¿Es importante que una película sea una lectura literal de una obra de hace quince o veinte años, retratando detalle por detalle en todos los fotogramas la misma obra en la que se inspira, incapaz de tomarse ni una sola libertad? Debido al estreno de Kingsman: El círculo de oro, os propongo hablar del tema. 

Que una película fuera fiel hasta no hace mucho era un dogma de fe entre círculos comicófilos y de "entendidos. Sin embargo, en los últimos años se ha tornado únicamente en una característica interpretable como un valor añadido o, incluso, una elección de los estudios y/o del director. Y es que nos hemos encontrado adaptaciones en series y cine, basadas en cómic, que tomándose ciertas libertades han logrado (incluso) mejorar el cómic original, sino al menos ofrecer una versión paralela de una calidad también óptima. 

Echemos un vistazo en perspectiva. 

La era oscura

En honor a la verdad, Hollywood nos ha dejado auténtica truñ... bazofia a lo largo de los años, gracias a libertades "creativas" tomadas por directores, productores y guionistas.

Supongo que mencionar Constantine, From Hell o La liga de los hombres extraordinarios hará que más de uno maldiga a los estadounidenses y sus decisiones de marketing. Pero, ojo amigos, que aquí se hizo también una serie de acción real de El Botones Sacarino en la que salía Alaska y a la que había que echar de comer aparte. Así que no nos creamos superiores a la hora de adaptar nuestros tebeos tampoco. 

No entraré a hablar de las películas anteriores, ya que nos extenderíamos demasiado, pero sirva solo como apunte que la crítica las dio caña por motivos sobrados como productos cinematográficos de calidad más que cuestionable y el fandom se rasgó las vestiduras en añadidura ya que al agravio de la mala producción se añadió la injuria de libertades creativas mal llevadas. Algo que escoció más con los años cuando veíamos cosas como Sin City desfilar por las pantallas, demostrando que se podían hacer películas más o menos fieles al cómic sin por ello hacer que el título flaqueara en calidad.

Y es que, en este sentido, la industria cinematográfica siempre ha tenido un miedo tremendo al cómic. Sus productores parecían obcecados en la idea de que las películas de superhéroes o inspiradas en un cómic (o similares) eran una suerte de subgénero del serie-B, destinado a deficientes emocionales o a público infantil. De ahí que tampoco se tuviera mucho mimo en lo que se hiciera, dando por hecho que la película sería o un blockbuster palomitero sin mayor trascendencia o un pufo de taquilla y crítica. Esta tendencia alimentó títulos olvidables como las tres cintas anteriormente citadas, pero también horrores como Elektra, Catwoman, Motorista Fantasma...

Afortunadamente, el trabajo de Christopher Nolan, Bryan Singer, Sam Raimi y Robert Rodríguez en sus respectivas producciones demostró que se podía hacer cine diferente, siendo más o menos fiel al material. A pesar de las libertades que se pudiera tomar el cineasta en cuestión. Y Zack Snyder, con su Watchmen incluso mostró que era posible tomar páginas enteras como storyboard para una película. 

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Por cierto que sobre Watchmen voy a hacer un inciso y a opinar a este respecto. A mi, a título personal, no me parece mala película, y considero que los palos que se le dan han venido dados por no ser precisamente una lectura literal de la serie original de Alan Moore, quien se refirió a la película como "es lo mismo que un vómito de gusano". A mi entender, en cambio, me parece que tiene narices que tenga que venir Solid Snake (David Hayter, la voz del personaje, vaya) a escribir un guión que adapte la obra y le de una resolución más coherente que la del monstruo vagina con tentáculos del espacio exterior. Llamadme hereje si queréis, pero más de uno sabéis que tengo razón. 

Retomando el hilo de lo que contaba. Hasta hace relativamente poco, apenas diez años, el cine de superhéroes se dividía en esa línea. Entre la final línea de la adaptación literal, que casi hacía indispensable que aquello fuera literal a los cómics, para que el público especializado diera su voto de aprobación. Sobre todo si, insisto, se trataba de una obra alabada por el público hipster, por ser una novela gráfica o un cómic independiente.

Sin embargo, el paradigma está cambiando y la fidelidad al cómic ya no es sinónimo de calidad. 

¿La actualidad, un cambio sustancial?

El Nick Furia afroamericano de Marvel Studios; Un Riverdale protagonizado por un Archie más canalla que el de la historieta; unos Guardianes de la Galaxia que no son la policía espacial del cómic original, sino una banda de mercenarios de buen corazón; un Kick-Ass con un toque más fantástico; un Spider-man que recibe un traje de Tony Stark y cuya tía es una madurita interesante; Un Preacher cuyos personajes no se parecen del todo al cómic de Predicador en el que se basa; un Kingsman en el que la historia no es del todo igual al relato impreso...

Si nos ponemos a ennumerar los ejemplos, os daréis cuenta de que las series y películas basadas en cómic a día de hoy se toman muchas más libertades, sino las mismas que las producciones de hace una década. ¿Pero entonces qué está pasando para que estas decisiones funcionen? Os lo diré: Gente que conoce el material y una intención de hacerlo bien y no de manera cutre. Ha habido un cambio de mentalidad en el que tanto público como empresarios consideran la adaptación de cómic a formato audiovisual algo no solo destinado a un sector minoritario y poco estimado o respetado, sino también capaz de captar e interesar al generalista. 

Esto ha llevado a las producciones a ser llevadas por una serie de personas que no solo conocen el material, sino también el formato en el que se van a mover, sabiendo hasta dónde y en qué dirección cambian la cosas. Esto es, un autentico expertise y know how sobre el terreno en el que se mueven.

En Marvel Studios tenemos a un señor llamado Kevin Feige que ha tenido mucho cuidado hasta dónde adaptar, tropezando algunas veces por el camino. Pero se ha asegurado de contar con asesores como Michael Brian Bendis (una de las vacas sagradas de Marvel). Paralelamente, James Gunn, responsable de Guardianes de la Galaxia, no se ha basado de manera literal, pero ha sabido cómo encauzar las cosas e introducir huevos de pascua para acallar a los fanboys más delirantes al tiempo que se montaba su espectacular y entrañable space opera marveliana. 

Y paralelamente Fox ha confiado ya dos de las obras de Mark Millar a su amigo Matthew Vaughn, quien supo trasladar el lenguaje cafre y desaforado del escocés al público generalista en Kick-Ass y en las dos películas de Kingsman (las cuales se alejan bastante del cómic, por cierto). Si esta línea se mantiene, incluso nos podrían brindar más títulos de calidad similar. 

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Y lo mismo ya podríamos hablar de las series  de DC. Greg Berlanti, Geoff Johns y otros tantos se han asegurado de hacer sexys series como Arrow, Flash, Legends of Tomorrow, Gotham y Supergirl, superando en buenas críticas a la división de cine hasta el estreno de Wonder Woman. Netflix, AMC y otras responsable de formatos televisivos o seriados han sabido cómo hacerlo, evadiendo muchas veces la literalidad y sin embargo logrando éxito de crítica y lectores habituales de cómic gracias a títulos como Daredevil, Preacher o The Walking Dead

Además, en los últimos años tampoco nos creamos que la literalidad ha asegurado el éxito. Kick-Ass 2: Con un par de Jeff Wadlow fue la lápida de lo que podía haber sido una hermosa trilogía. Y Batman v Superman quiso acercarse tanto al material de Frank Miller que acabó recibiendo palos por todos los lados (al menos hasta que vimos su versión extendida). Y Escuadrón Suicida quiso ser para unas cosas muy cercana al cómic y tan poco en otras cosas que al final cometió el pecado de no ser una película mala del todo, pero tampoco la que redimió a Warner ante la crítica en 2016. ¿Y hemos hablado de Sin City 2, que se pegó tal batacazo, que en Europa solo ha salido la versión de Dvd/Blu-Ray sin siquiera pasar por las salas de cine?

Concluyendo, podemos pensar que ya la fidelidad no es lo que define que una película de cómic sea buena o mala per sé. Es un detalle interesante y muy valorable, pero no definitorio. Es de agradecer que la historia en cine se parezca al cómic, pero eso no asegura ni la calidad del metraje ni que acabe gustando al público. Obviamente, sigue siendo un factor importante, y se detecta cuando ha habido un trabajo de documental detrás del guión y la realización de la película, pero tampoco significa que por ser más o menos fiel, la película vaya a funcionar. A veces, solo a veces, lo que funciona para el cómic no funciona para la pantalla y viceversa.

Y si no me creéis, tan solo pensad en cómo sería The Sandman si alguna vez llega al cine o a la televisión tratando de ser literal en estética, discurso y narrativa. Solo diré que ni un David Lynch pasado de ácido sería capaz de desentrañarla.

Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no tienen por qué coincidir necesaria o exactamente con la posición de Axel Springer o Hobby Consolas.

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