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La opinión de
Sonia Herranz

Pagafantas digitales

Piratería

La semana pasada, Nintendo comunicó que se habían producido dos sentencias judiciales destinadas a proteger la industria del videojuego. Dos sentencias contra la piratería que intentan poner puertas al campo y que pretenden frenar los desmanes que se cometen en la red. 

Nintendo siempre ha sido muy activa en su lucha contra la piratería. En este caso ha logrado que, en ambas sentencias, el Juzgado de lo Mercantil de Barcelona haya ordenado a los principales proveedores de internet bloquear el acceso a tres webs donde se podía conseguir el material para piratear consolas y a otras dos en las que se distribuía software ilegalmente. Copias piratas, vaya. 

Y qué queréis que os diga, aplaudo con las orejas. La piratería hace daño siempre y, más allá de consideraciones éticas (que las morales relajadas todo lo justifican), estas sentencias dejan claro que piratear es un delito. Es un robo. No de algo físico, sino de una propiedad intelectual, que no por ser más etérea es menos valiosa

Piratas del Caribe

Piratear un juego, una película, un CD, un videojuego o un libro es robar al propietario de esa “idea”. Ya sé que no lo parece, porque no sacas nada de una tienda de tapadillo, pero lo es. Y no sólo se roba al creador la parte que le corresponde por la creación de su obra, también se roba a toda la cadena que ha conseguido que esa obra esté disponible en el mercado.

Conseguir una sentencia de este calado es realmente importante, no sólo porque demuestra que sí se puede luchar contra la pitaría en internet (aunque no sea una guerra fácil), también porque nos ayuda a recordar que piratear es delito y que enriquecerse con el trabajo de los demás, no está bien. 

Supongo que, al menos en esto, coincidiréis conmigo. Está muy feo sacar provecho del trabajo de otros. Y, encima, se pone en peligro toda la estructura que sustenta la creación, empezando por la estabilidad del propio creador. 

Por desgracia, hay otro tipo de piratería que resulta más escurridizo, pero es igual de dañino y no está tan claro (para algunos) que sea ilegal. Me refiero a los que comparten “con sus amigos” y “sin ánimo de lucro” las creaciones de otros. 

Estoy harta de verlo con las revistas. Gente que se compra su ejemplar, se toma la molestia de escanear página a página (o tirando de la versión digital, que es más cómodo) y luego la comparte con su grupo de Telegram o de Facebook, autoconvenciéndose de que con eso no se hace mal a nadie. Y como es sin ánimo de lucro… 

Dos productoras envían cartas a varios usuarios de España exigiendo una indemnización por piratería

Yo les llamo pagafantas digitales. Ya sabéis, como esos amigos simpáticos que por estar cerca de la chica de sus amores se dedican a ser suministrador de consumiciones, sean de Fanta o no. En este caso, gente que por ganar la aprobación de terceros es capaz de cualquier cosa, aunque tengan que pagar ellos la fiesta

El otro día, sin ir más lejos, tuve una interacción en redes sociales con uno de estos pagafantas. Un tipo que compraba la revista Retro Gamer, la escaneaba y la subía  a su grupo de Telegram, para gozo y deleite de sus miembros. Vamos, un pagafantas de manual al que seguramente sólo hagan casito cuando toque subir la siguiente revista, libro o lo que le mole a sus amigos. 

RETRO GAMER 34

Y no es el único, que me consta la existencia de docenas de pagafantas que se sienten satisfechos compartiendo su felicidad con los demás. Porque compartir es bueno y como se hacen sin ánimo de lucro… Pues, tío, yo creo que tus amigos sí que se lucran, leyendo por la cara la revista de turno. 

¿Qué quizá nunca se hubieran comprado el producto regalado por el pagafantas? Pues es posible, pero seguro que si no hubiera interés, no seguiría regalando lo que no es suyo.  ¿Cuántos sí se la comprarían? La suscripción anual son 20 euros, con acceso a la edición digital.  

Pensar que no se hace daño compartiendo gratuitamente los contenidos creados por otros y que tienen un precio demuestra en primer lugar un desprecio total por el trabajo de los demás. Y, en segundo lugar, una ignorancia que clama al cielo. Porque sí, es ilegal, y así se especifica. Cuando compras una revista, un libro, un videojuego, compras el soporte y el derecho a disfrutar del contenido, pero ese contenido sigue siendo propiedad del editor.

Prohibido reproducir revistas

Lo que más me fastidia es la defensa a ultranza de su caritativa actividad. ¿Habéis visto las excusas que ponen los políticos y cargos públicos que se han saltado el orden de las vacunas? Pues igual de ridículas me suenan las excusas de estos pagafantas digitales cuando vienen a mi timeline de Twitter a explicarme porqué no hacen nada malo… ¿No te basta con la aprobación de tus amigos de Telegram, quieres la mía? Pues mira, no se puede tener todo. No me lo cuentes, que quedas mejor. 

Los piratas hacen daño siempre. Son como los virus, que dañan los organismos de los que viven. A lo mejor no te matan rápido, pero te pueden hacer mucha pupita y dejarte débil para afrontar otras amenazas. A lo peor, si te pillan ya tocado, te llevan al otro barrio.

Por favor, si os gusta leer una revista (aunque sea para criticarla, que eso también da gustirrinín), pagad por ella. A fin de cuentas, si os entretiene, eso que le debéis. Y, si no queréis pagar, no la leáis, pero dejad de darle una palmadita en la espalda al pagafantas que os la ofrezca. 

A los que piratean les importará un bledo lo que les diga y tendrán una ristra de las excusas más peregrinas apunto de saltar del teclado. En esta ocasión, no es una cuestión de opinión y sé que tengo razón, así que por favor, a fardar de piratones a otra parte. 

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