Seth McFarlane tiene razón: nos sobran distopías agoreras y nos hace falta tener esperanza y reír más en el cine

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
Seth McFarlane señala en la promoción de Agárralo como puedas que el mercado está saturado de historias pesimistas y hace falta más esperanza. Y tiene más razón que un santo.
Inmerso en la promoción de Agárralo como puedas, el productor, guionista, director y actor Seth McFarlane ha ofrecido unas interesantes declaraciones que hemos podido leer en Variety: afirma que hay una sobreabundancia de historias "negativas" en Hollywood y que el público necesita más películas y programas de televisión que "den esperanza a la gente".
Solo hay que echar un vistazo a la cartelera y a las plataformas digitales para darse cuenta de la escasez crónica de comedias... ¡Y eso que estamos en verano y se supone que es el momento en el que la audiencia pide algo más de relax e historias amables! Pero es que, en general, las distopías campan a sus anchas con especial vehemencia desde que pasamos por la pandemia de COVID-19.
Ya no sabemos cómo imaginar el colapso de la civilización o el fin de nuestros días porque estamos hartos de hacerlo: crisis energéticas, catástrofes naturales, guerras mundiales, invasiones extraterrestres, epidemias desoladoras... ¿Qué nos queda por explorar?
Tampoco es que la realidad misma nos esté dando muchas alegrías en los últimos tiempos, con una sensación constante de regresión social y cultural, múltiples conflictos armados y crisis humanitarias en curso y ambientes políticos que van mucho más allá de la crispación y en los que el diálogo razonable y la negociación se antojan metas imposibles.
Pero donde más y de peor manera puede calar el discurso pesimista es entre las nuevas generaciones que buscan justo lo contrario: luz al final del túnel y una razón para seguir adelante y esforzarse para llegar a sus objetivos. ¿Es esa la razón de que triunfen historias como Superman, con un héroe del lado de la humanidad, animalista y esperanzador?
Es fácil ver un desajuste entre lo que ofrece la industria y lo que demanda el público, que incluso abre sus brazos a las hibridaciones de terror y comedia como es el caso de las recientes Destino final: Lazos de sangre o Weapons.
No es incompatible hacer pensar a la audiencia e incluso zarandearla con ofrecerle historias de las que puede disfrutar a distintos niveles. Se puede llegar a la carcajada desde la mala leche y al escalofrío dejando la sonrisa encajada en la mueca.
De manera adicional, si el disfrute llega acompañado de algún ingrediente como ilusión, alegría, confianza en un futuro mejor o simplemente buen rollo, no se puede pedir más. Las películas no tienen por qué ser siempre iguales: ni masajes, ni palizas. El problema es que nos estamos olvidando de la sensación de salir reconfortados, animados y envalentonados del cine. Que nos haga sentir bien, vaya.
Always look on the bright side of life
McFarlane se remite a su propia infancia: "Cuando era niño, Hollywood ofrecía esa voz de diversas formas. Había mucha esperanza, y parte de la culpa recae precisamente en esta ciudad. Los platos que servimos son tan distópicos y pesimistas... Y sí, hay muchas razones por las que ser pesimista, pero es una visión muy parcial. No estamos haciendo nada que ofrezca a la gente una imagen de esperanza".
"Y es lo único que Hollywood puede hacer que realmente valga la pena, porque, como todos hemos aprendido de estas elecciones, a nadie le importa un carajo lo que piensen las celebridades", ha expresado.
"Podemos tuitear, podemos hablar. Pero a la gente no le importa. Lo que se nos da bien es contar historias. Y ahora mismo no estamos haciendo un buen trabajo a la hora de contar esas historias de una forma que den esperanza a la gente".
Dejando a un lado la faceta profesional y como consumidora de contenidos, también como madre y tía, pendiente de la formación y evolución de los miembros más jóvenes de mi familia, noto esa necesidad de pasarlo bien, de reír y de ver un horizonte más apacible. Dándoles, claro, las claves de cómo pueden contribuir ellos mismos a que así sea.
Si dedicamos todo nuestro tiempo libre a machacarnos aún más, acabaremos asfixiándonos y sumándonos a la legión de personas que padecen insomnio, estrés crónico o lidian con distintos grados de depresión. Hay que darse treguas, hay que respirar y hay que dedicarle el tiempo a las historias que nos aportan algo, no solo malestar emocional.
No hay que vivir de espaldas a la realidad ni edulcorarla, pero quizás sí buscar remedio real a los problemas que están en nuestras manos y crear cadenas de esperanza incluso desde la ficción... ¡Sobre todo, desde la ficción, qué demonios! Si no se nos permite ni siquiera soñar en positivo nos quedamos sin nada por lo que luchar.
