El Stephen King que más echo en falta vuelve a los cines este año

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
La adaptación de La larga marcha que está gustando tanto en sus primeros pases recuerda que antes había un Stephen King que nos era especial.
Al pensar en tus obras favoritas de Stephen King, seguro que los títulos que te vienen a la cabeza tienen más de un década. Es más, posiblemente serán del siglo XX. Había un momento en el que King nos provocaba mucho impacto, sobre todo en los primeros contactos con sus libros.
Una carrera tan profusa como la que ha tenido el llamado Rey del terror ha dado para muchas fases literarias y vitales. Pero se ha mantenido una esencia en su obra, hay un estilo muy reconocible y entretenido, igual que algunas estructuras narrativas donde se le reconoce.
Por ejemplo, las historias grupales, sea con gente encerrada en un mismo sitio (un supermercado, una cúpula, un pueblo...) o unos amigos que se enfrentan a una vivencia en su juventud. Lo coral suele ser marca de la casa, al menos en muchas de sus obras más conocidas.
También hay cierta forma de narrar situaciones, básicas en apariencia, pero que siempre dan para distintas lecturas (si se quieren hacer) o giros inesperados. King se ha manejado muy bien en ese aspecto, sobre todo en sus primeros años, donde era capaz de alternar títulos como Carrie o El misterio de Salem's Lot con las que escribió como Richard Bachman.
Vista la rápida producción que tenía, el autor decidió buscar un modo de publicación en paralelo con el seudónimo Richard Bachman, aunque acabó por ser descubierto. Con este nombre publicó unas obras que podían considerarse menores, como Rabia, Carretera maldita, El fugitivo, Maleficio o la que pronto veremos en cines: La larga marcha.
Son novelas más fáciles de leer, pero con mucho encanto y donde se condensa esa genialidad que también había en sus primeras antologías de relatos. Sabías que quizá no estabas leyendo algo muy profundo, pero sí divertido y escrito por alguien capaz de sorprenderte.
Porque La larga marcha tiene una premisa muy sencilla de resumir. El protagonista forma parte de una competición en la que 100 jóvenes deben avanzar a paso ligero hasta que solo quede uno. El que se detiene por el motivo que sea (cansancio, lesiones...) es asesinado por los organizadores. Todo esto es un espectáculo que se retransmite en directo por televisión.
A partir de ese contexto, King desarrolla unos personajes interesantes, subtramas que comienzan y terminan con rapidez, algún susto y siempre se mantiene la imagen mental de los personajes avanzando por las carreteras de Estados Unidos. En definitiva, lo que yo considero un divertimento.
¿Y qué quiero decir con todo esto? Algo muy sencillo. Disfruto mucho las tramas llenas de nostalgia, las que hablan del sentido de la vida, de grandes dramas, deudas pendientes de la infancia, misterios irresolubles... pero también añoro lo sencillo, lo que no tiene una gran carga y solo quiere provocar una emoción inmediata.
En esto último Stephen King ha sido un maestro, un creador que me ha dado muchísimos momentos de diversión. Quiero volver a sentir ese placer.
