Vivo esperando a que la ciencia ficción regrese a las salas de cine

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
Si con el terror se está viviendo una época más que interesante, la ciencia ficción sigue encontrando espacio entre las series, pero no en las salas de cine.
Desde que empecé a interesarme por el cine he sentido especial placer con los géneros fantásticos: terror, ciencia ficción y fantasía. Veo toda clase de películas, pero cuando son de estos tipos las disfruto especialmente y es más fácil que conecten con mis gustos.
Pasé muchas tardes de la adolescencia yendo con mis amigos a ver las películas de ciencia ficción de finales de los noventa. Con sus increíbles éxitos y también ejemplos vergonzosos, fue una etapa que recuerdo con una sonrisa. Vivir un espectáculo visual, asombrarme con los efectos especiales, romper mis esquemas sobre qué es la realidad... Cómo me divertía.
Desde entonces he repasado las películas más importantes de la historia, tenido mi etapa con las obras prospectivas del este de Europa, buceado en la serie B, buscado los blockbusters más excéntricos de Asia... pero, ahora, a la hora de pensar en el presente miro con cierta envidia al terror.
Ese género vive un momento muy activo y basta con ver que las últimas semanas hemos tenido lanzamientos tan interesantes como Weapons o Devuélvemela. Y hace poco vimos Presence, Heretic, Los pecadores, Destino final: Lazos de sangre, 28 años después, MEGAN 2.0, Sé lo que hicisteis el último verano...
Soy consciente de que no todas estas películas que cito son de calidad o recomendables, pero sí me parecen oportunidades para que los aficionados regresen al género, al lugar que muchos sienten como espacio de placer, en las salas de cine. Algunas incluso son eventos en sí mismas.

Hemos dejado de soñar
Con la ciencia ficción vivimos una época menos agradecida y cada persona encontrará distintos motivos para explicarla.
Uno de ellos, que daría para su propio artículo, es el presente político y social que se ha llenado de oscuridad y cinismo. No nos apetece pensar en el futuro o en alternativas porque nos hemos vuelto descreídos, hemos cancelado cualquier opción de soñar.
Históricamente podemos encontrar épocas llenas de estrés, bélicas o de crisis, pero con el auge tecnológico del presente también sufrimos una incapacidad de imaginar opciones más allá de los fines capitalistas.
El caso es que la ciencia ficción casi siempre ha necesitado de algo de inocencia para funcionar, al menos cuando no hablamos de películas como Blade Runner o La llegada. Y estos años no nos estamos permitiendo soñar. Parece que necesitamos la ironía, la sátira, la crítica por encima del espectáculo. Mickey 17 sirve como un ejemplo de todo esto.
Sin alejarnos de Robert Pattinson en su filmografía hay otros ejemplos de la ciencia ficción que se pueden encontrar en los últimos años. Por un lado el Tenet de Christopher Nolan que naufraga en una propuesta difícil de asimilar para el público, que se pierde en sí misma; o High Life, una película más introspectiva y clásica, pero a la que la pierde su sobriedad.
No olvidemos que la ciencia ficción es para los cafeteros, los que nos quedábamos de madrugada para ver la película de las dos de la mañana, pero también para toda la familia mediante el blockbuster, para los pequeños a través de la animación, para los adolescentes que van en grupo al cine, para las plataformas con presupuestos medios, para diseccionar nuestro presente desde la alegoría, la distopía, la utopía...
Pero es un género caro y arriesgado en el contexto actual y las decisiones que se están tomando son conservadoras. Esto se puede ver en los proyectos monstruosos que ha lanzado Netflix los últimos años: Estado eléctrico o Rebel Moon. ¿Son ciencia ficción? Sin duda. El problema es que apuestan por el nivel formal, buscan un éxito en lo visual, y no dicen nada nuevo en sus propuestas. A pesar de todo, son cobardes.
¿Está la solución en la televisión? ¿O quizá el mejor ejemplo?

Desde hace varios años que se repite el éxito de las series de ciencia ficción en Apple TV+. Yo, personalmente, como amante del género, las sigo casi todas. Con sus distintos enfoques hemos podido ver Fundación, Separación, Para toda la humanidad, Silo, Matabot...
A través de adaptaciones de libros o con propuestas ambiciosas a las que les dan su tiempo para avanzar, se ha conseguido enamorar a los fans. Además, con paciencia y creyendo en las historias, sin que estas sufran agonías como el recorrido que vivió The Expanse hasta llegar a su final.
Sin duda alguna, el modelo de capítulos de las series es óptimo para el género, pero esto no sirve para compensar la época crepuscular de la ciencia ficción en las salas de cine.
Lo que sí demuestra el ejemplo de Apple TV+ y otras plataformas es que el género no está muerto. Las historias de ciencia ficción siguen siendo posibles y se pueden trabajar buscando a distintos públicos, solo hay que esperar a que la industria lo recuerde.
Somos muchos los aficionados que esperan volver al cine una, dos o diez veces cada año para ver ciencia ficción. Y también hay espectadores que no lo saben, pero irían a ver estas películas igual que las disfrutan en formato serie.
