Siente la acción como si estuvieras dentro del juego: la tecnología 1000R del Samsung Odyssey G5

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Un panel curvo, 165 Hz y una resolución WQHD que marca la diferencia en pantalla.
El Odyssey G5 de Samsung apuesta por algo que muchos monitores gaming todavía no ofrecen, una curvatura 1000R, la misma que la del ojo humano, pensada para que la periferia visual quede cubierta sin esfuerzo. En una sesión larga de juego, esa curva reduce la fatiga visual y hace que el campo de visión se sienta más envolvente que en un panel plano.
La diagonal de 27 pulgadas y la resolución WQHD (2560 x 1440 píxeles) elevan la nitidez respecto a un Full HD convencional, con 1,7 veces más densidad de píxeles según los datos que aporta el fabricante. Eso se traduce en texturas más definidas, contornos más limpios y una experiencia que se nota especialmente en juegos de mundo abierto, donde el detalle a distancia marca la diferencia.
El Samsung Odyssey G5 se puede conseguir ahora por 149 euros, una rebaja del 6% sobre su precio habitual que lo sitúa en un tramo muy competitivo para un panel curvo con estas prestaciones. Para quien lleva tiempo jugando con un monitor plano de gama básica, el salto de sensaciones justifica sobradamente la inversión.
A nivel de fluidez, la tasa de refresco de 165 Hz combinada con un tiempo de respuesta de 1 ms deja fuera de combate al efecto fantasma y a los tirones que tanto molestan en títulos de disparos o carreras. Además, la compatibilidad con AMD FreeSync sincroniza la tarjeta gráfica y el panel para evitar el desgarro de imagen, ese tearing que rompe la inmersión en el momento menos oportuno.
El brillo máximo de 300 cd/m² y el contraste de 2500:1 permiten distinguir con claridad los detalles en escenas oscuras, algo habitual en juegos de terror o sigilo. A eso se suma la compatibilidad con HDR10, que amplía el rango de tonos y aporta más profundidad a las composiciones de color sin necesidad de retocar nada desde el software. La diferencia se aprecia a simple vista en cuanto se activa.
El diseño también cuida los detalles: marco fino en tres de sus lados, acabado en negro mate y un pie estable que permite ajustar la inclinación sin ocupar demasiado espacio en el escritorio. No hace falta un mueble especial ni brazos articulados adicionales para sacarle partido, algo que se agradece en habitaciones o mesas de trabajo donde el sitio siempre escasea. Es un monitor que se integra sin complicaciones en cualquier setup.
La conexión HDMI cubre lo básico para enchufar tanto una PlayStation o una Xbox como un PC de sobremesa, así que no hace falta limitarse a un único uso. Quien reparte el tiempo entre consola y ordenador encuentra aquí un compañero versátil, capaz de adaptarse a distintos escenarios sin perder calidad de imagen. Sirve tanto para gaming como para trabajo cuando toca ponerse serio.
La calificación media de 4,5 sobre 5 estrellas, con cerca de 400 valoraciones, respalda lo que se percibe nada más encenderlo: una relación entre prestaciones y precio poco habitual en monitores curvos de esta gama. Asimismo, la opción de pago fraccionado facilita el desembolso para quien prefiere repartir el gasto en varias cuotas sin intereses. Los datos avalan la buena acogida que ha tenido entre los usuarios.
Entre la curvatura 1000R, los 165 Hz y una resolución que aprovecha bien sus 27 pulgadas, el Samsung Odyssey G5 se plantea como una opción sólida para quien quiere notar un salto real en sus partidas sin complicarse con configuraciones avanzadas. Por lo demás, basta con conectarlo y dejar que la pantalla haga el resto: la inmersión llega prácticamente sola.

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