Los cómics más famosos de Francisco Ibáñez, el inolvidable dibujante que dio vida a Mortadelo y Filemón, Rompetechos, Sacarino...

Repasamos los mejores cómics del legendario Francisco Ibáñez, el hombre que nos regaló horas y horas de aventuras cargadas de risas y sátira.

El 15 de julio de 2023, un trocito de la infancia de casi todos los españoles se apagó cuando Francisco Ibáñez Talavera, uno de los mejores historietistas nacionales de todos los tiempos, fallecía en su Barcelona natal.

Ibáñez dedicó profesionalmente 71 años de sus 87 a dibujar una sonrisa en el rostro de los lectores gracias a historias loquísimas de personajes como Mortadelo y Filemón. Eso sí, siempre tenía sitio para la sátira y la crítica, y con un ojo que ya quisieran muchos.

Decimos que fueron 71, pero en realidad fueron más, pues la primera publicación que se conoce de Francisco Ibáñez, un dibujo, se remonta a cuando tenía 11 años en la revista Chicos. Profesionalmente, eso sí, inició su andadura en 1952.

Y menuda andadura. Mientras al otro lado del charco veíamos a superhéroes de todo tipo afrontando todo tipo de desafíos gracias a sus poderes, Ibáñez pertenece a esa generación del 57 de historietistas de la Escuela Bruguera que dieron al tebeo español un enfoque gamberrete que conseguía hacer que la luz brillase en los días más grises.

No fueron inicios fáciles para este estudiante de banca que decidió dejar atrás un empleo que podía convertirle en un hombre tremendamente rico, a dedicarse a la pasión de su vida, el tebeo, y compartir la riqueza de su imaginación con todos.

Aquellas primeras colaboraciones en revistas como Chicolino, Nicolás o La hora del recreo, se juntaron con las que llevaba a cabo con Editorial Marco en Hipo, Monito y Fifí y la segunda y tercera épocas de La Risa. En ellas encontraríamos joyitas como Melenas, Kokolo o Don Usura.

Pero hoy nos vamos a centrar en las obras más notables de Francisco Ibáñez, esas que asaltan nuestra memoria y la llenan de gratos y divertidos recuerdos gracias a la inagotable labor de este autor legendario. Iremos por orden de creación.

Mortadelo y Filemón

Y quiso el destino que su primera obra destacada de verdad, aquella que lo acompañaría toda la vida, sea la mejor de su carrera. Y no es que ninguna de las creaciones de Francisco Ibáñez que mencionaremos después de Mortadelo y Filemón sean malas, ni mucho menos, pero el nacimiento de los personajes en 1958 fue el inicio de algo muy especial.

Los agentes de la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea) no empezaron en la icónica parodia de la CIA, sino como agentes independientes. De hecho, la historia original se titulaba Mortadelo y Filemón, agencia de información, el pareado escogido por la editorial Bruguera de una ristra de ellos que presentó Ibáñez.

El "jefe", Filemón, siempre está de mal humor, mientras que Mortadelo tiene menos luces que una piedra, pero lo compensa con la fabulosa capacidad de disfrazarse de… bueno, de lo que sea.

El humor físico con abundancia de chichones es una de las señas identificativas de Mortadelo y Filemón desde sus inicios. Caídas, cachiporrazos, palizas… si estos personajes acumulasen cicatrices con todo lo que han vivido, serían auténticos catálogos del terror.

En su etapa madura, las historias de Mortadelo y Filemón pasaron a ser más largas, 44 páginas, y fue cuando ingresaron en la T.I.A. y conocimos a personajes como el Súper (Superintendente Vicente), el profesor Bacterio u Ofelia.

Mortadelo y Filemón cuenta una historia atemporal e intergeneracional gracias a cómo Ibáñez fue actualizando conceptos con el paso de los tiempos. Pero incluso las generaciones más jóvenes disfrutan con las locuras de este par.

En 1969, Mortadelo y Filemón dio el salto a animación (mira, a mí también me salen pareados) con su primera serie, y en 1971 saldría la primera película en animación. Puede que, en ese terreno, la serie de animación de los 90 sea más conocida.

Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo fue la última peli en animación, aunque antes tuvieron dos incursiones live-action con La gran aventura de Mortadelo y Filemón y Mortadelo y Filemón. Misión: salvar la Tierra.

Desde los 90, Mortadelo y Filemón fue prácticamente el único objetivo profesional de Francisco Ibáñez, y lo fue hasta su fallecimiento. Los agentes de la T.I.A. dijeron adiós en abril de 2024, pero seguro que afloran en cualquier momento, aunque sea a modo de homenaje, en las páginas de los cómics.

13, Rue del Percebe

Avanzamos un poquito, pero no demasiado, hasta 1961, cuando Francisco Ibáñez creó su segunda obra maestra: 13, Rue del Percebe.

La magia de esta publicación que Ibáñez escribió e ilustró junto con Joan Bernet Toledano radica en el formato de las páginas, que emulan la distribución de un gran edificio residencial al que se ha despojado de la fachada.

Cada viñeta de 13, Rue del Percebe corresponde a un piso del inmueble y sigue las aventuras y desventuras de sus pintorescos vecinos. También se muestran zonas comunes como el ascensor o el portal.

Si bien no era un formato 100 % novedoso, pues artistas como Will Eisner o Joaquim Xaudaró ya habían experimentado con ello, el formato para recrear las locuras de estos vecinos generó un gran éxito a lo largo de toda la década, hasta el fin de la publicación en 1970. Ibáñez nos regalaría 32 años después una página adicional de esta comunidad.

13, Rue del Percebe fue una publicación que se las vio con la censura del régimen franquista. El inquilino del 2º derecha no era del agrado de los censores. Era un científico loco que creaba diversos monstruos, pero para el régimen "solo Dios podía crear vida". Ibáñez le dio una salida honrosa al tener que mudarse porque "su nueva criatura era demasiado grande para esa casa".

El impacto de 13, Rue del Percebe se siente incluso en la actualidad. ¿No nos crees? Quizá te suenen series como Aquí no hay quien viva o La que se avecina, cuya premisa es, esencialmente, la misma parodia de la obra de Ibáñez. De este modo, la historia de esta comunidad está muy arraigada en España e incluso en el extranjero, gracias a las adaptaciones de la serie de los hermanos Caballero.

El botones Sacarino

Uno de los hilos conductores más socorridos en narrativa es contar con una profesión de la que parta todo. Varias de las obras de Francisco Ibáñez cumplen con este arquetipo, como El botones Sacarino.

El maestro barcelonés nos llevaría por primera vez al periódico El aullido vespertino, más tarde el DDT, en 1963, cuando quiso honrar la obra de André Franquin, Gaston Lagaffe, conocida en España como Tomás el Gafe. Sin embargo, para hacer más suya la creación, le calzó al personaje un atuendo casi idéntico al de Spirou, de Robert Velter.

El resultado fue un simpático botones con muchas responsabilidades, y también mucha afición por escaquearse del trabajo y liarla parda en la oficina con las "visitas" que llevaba.

Ibáñez trabajó en El botones Sacarino hasta principios de la década de 1980, cuando empezó a centrar casi toda su atención en las historias de Mortadelo y Filemón. La publicación continuó, pero la mayoría de historias eran refritos o creaciones apócrifas.

Hay, eso sí, una excepción de mediados de esa década, cuando Ibáñez hizo un crossover de Sacarino con Mortadelo y Filemón en la historieta Testigo de cargo.

Rompetechos

Avanzamos a 1964, cuando conocimos al entrañable y despistado Rompetechos, uno de los personajes más reconocibles de Francisco Ibáñez. Supuestamente fue Francisco Bruguera quien le pidió que creara un personaje basado en la película alemana Quax, el piloto Rompetechos, aunque existe versiones contradictorias.

La revista Tío Vivo de Bruguera vio el nacimiento de Rompetechos, un hombre bajito y miope que no deja en meterse en líos por las confusiones que provoca su miopía cuando sale a hacer recados de lo más cotidianos.

Rompetechos pasó por la revista Din Dan y tuvo sus propias publicaciones: Súper Rompetechos (1978-1985) y Extra Rompetechos (1982-1985).

Cuando Ibáñez se centró en Mortadelo y Filemón, Rompetechos pasó a segundo plano, pero tuvo numerosos cameos en las historias de los agentes de la T.I.A. a lo largo de los años. En los 2000, Ibáñez nos regaló algunas historias nuevas de este entrañable cascarrabias en la revista Top Cómic.

Pepe Gotera y Otilio

Seguimos en la edad dorada de Francisco Ibáñez para encontrar a Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio —sí, otro pareado—, que vio la luz en 1966 en la revista Tío Vivo de Bruguera.

Las historietas de este par de dos recurren a premisas que ya habían sido dominadas ampliamente por Ibáñez: Al igual que en Mortadelo y Filemón, la incompetencia de Otilio hace que Pepe Gotera termine pagando las consecuencias allá adonde van.

Y es que este par de chapuzas no dan pie con bola en las obras que visitan. La premisa general es que todo termine viniéndose abajo, inundado, incendiado... Ah, y ellos dos saliendo por patas mientras el cliente les persigue, y no para darles un abrazo.

A finales de la década de 1990, Antena 3 cogió la premisa de Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio para crear una de sus icónicas series: Manos a la obra. No es difícil encontrar semejanzas entre Manolo y Benito, sobre todo este último, que "hace la masa sin agua".

Vamos a hacer mención rápida para terminar a otra de las obras de Ibáñez, Chicha, Tato y Clodoveo, de profesión sin empleo, una sátira al desempleo que había en España en los 80, visto a través de los tres protagonistas. Irónicamente, en España no llegaron a publicarse en su momento todas las entregas, aunque sí en países como Alemania.

La huella de Francisco Ibáñez queda marcada en la cultura popular española gracias a su humor y sus personajes inolvidables que navegaron en tiempos donde había que tener cuidado de cómo y qué se decía en clave cómica. Un legado que perdura hasta nuestros días, y lo que les queda.

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Javier Cazallas

Redactor

Javier Cazallas es redactor y crítico de HobbyCine desde 2016. Está especializado en cine y series, así como en todo lo relacionado con la cultura pop.

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