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La Sirenita y Howard Ashman
Reportaje

Howard Ashman, el genio detrás del Renacimiento de Disney

¿A que si canturreamos "Bajo el mar" o "Bella y Bestia son" sabéis reconocerlas inmediatamente? Pues hoy os vamos a hablar de Howard Ashman, el letrista y productor cuya influencia fue vital para el Renacimiento de Disney a finales de la década de 1980.

Desde luego que no lo parece, pero La Sirenita cumplió 30 años el pasado 17 de noviembre. La historia de Ariel supuso un auténtico bombazo que terminó de catapultar de nuevo al éxito a Disney y su departamento de animación después de unos largos años conocidos como "La Era Oscura" en los que el estudio parecía haber perdido su toque característico. Ariel le valió a Disney dos Oscars, muchos más premios, un auténtico taquillazo... y el amor del público. No solo eso, sino que La Sirenita abrió la puerta a un aluvión de nuevas películas que supusieron un auténtico renacimiento para el estudio y que ayudó a hacer millones de infancias un poquito más mágicas. Uno de los responsables de este éxito fue Howard Ashman.

Ashman fue un dramaturgo y letrista con una amplia experiencia en musicales, que junto al compositor Alan Menken fue responsable por La pequeña tienda de los horrores y de su adaptación a la gran pantalla. Cuando Ashman llegó a Disney en 1986 como letrista para Oliver y su pandilla, el estudio estaba a un mal paso de la bancarrota. Fue entonces cuando comenzó a trabajar en La Sirenita, el nuevo proyecto animado que ya se estaba cociendo en La Casa del Ratón. Ashman se convirtió en productor de la cinta y, de nuevo contando con Menken, consiguió darle un giro completo a la producción.

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Para ello, el letrista y productor usó su experiencia trabajando en teatro musical e incorporó elementos de los musicales clásicos en la historia de Ariel, dándole una estructura y creando una nueva estructura que Disney repetiría hasta la saciedad en sus siguientes películas, que pasaron a ser conocidas como "El Renacimiento". Uno de los puntos más característicos, además de la posibilidad de mover la trama mediante canciones, fue la introducción de la "I Want song", que en palabras de Ashman venía a ser "habitualmente la tercera canción del musical, cuando la protagonista se sienta o algo y canta sobre lo que quiere en la vida. ¡Y entonces el público se enamora de ella, y la apoya durante el resto de la noche para que lo consiga!

¿A que se os ocurren unas cuentas canciones de este tipo? "Parte de él" en La Sirenita, el reprise de "Bella" en La Bella y la Bestia, el reprise de "El Rey" en Aladdin, "Ahí fuera" en El Jorobado de Notre Dame... y la lista sigue y sigue. La fórmula musical de Ashman se vino repitiendo hasta 1999, con Disney recuperándola de nuevo (y consiguiendo una vez más auténticos bombazos en taquilla) para sus películas de princesas con EnredadosFrozen e incluso Vaiana

La influencia de Ashman no se limitó únicamente a la estructura musical y al poderoso impacto de sus letras, también fue muy relevante su labor como productor. Se le permitió elegir equipos completos, trayendo a colaboradores a su elección, influyendo en la dirección de los proyectos y actores, en incluso determinando ciertos puntos narrativos y personajes. Tras el éxito de La Sirenita, desde Disney quisieron seguir la tradición de adaptar cuentos y recuperar un antiguo proyecto del estudio: La Bella y la Bestia. Sin embargo, la producción de la película sufrió todo tipo de altibajos y reescrituras y la historia no terminaba de encajar.

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Así que Ashman apostó por un nuevo enfoque y dar más protagonismo a la Bestia, convirtiéndolo en un personaje con el que el espectador pudiese empatizar y el primer "príncipe" en tener su propia historia dentro de la trama principal. La Bestia se convirtió en algo más que...bueno, una bestia. Se convirtió en un héroe atormentado con su propia voz dentro de la historia que de alguna manera recreaba la propia situación de Ashman. El productor por aquel entonces ya había sido diagnosticado de VIH y la enfermedad había empezado a debilitarlo poco a poco desde la producción de La Sirenita.

Según Bill Condon, el director del remake en acción real de La Bella y la Bestia, la enfermedad de Ashman fue crucial para la película original y el personaje de la Bestia, aunque esto nunca fue confirmado por el propio dramaturgo. "Fue idea suya, no solo hacerla un musical, sino convertir a la Bestia en uno de los personajes centrales. (...) específicamente para él, era una metáfora del SIDA. Estaba maldito, y esta maldición había traído una enorme tristeza a todos los que le querían, y quizás existía la oportunidad de un milagro, y una forma de que la maldición se levantase. Fue una cosa muy concreta, lo que hizo". Aquí podéis verlo de pie, en el centro de la imagen.

Howard Ashman

Además de esto, Ashman trataba los ensayos y las sesiones de rodaje con los actores de voz como si de un auténtico ensayo de teatro se tratase, animándoles a actuar con su cuerpo entero y llevar al máximo su interpretación, lo que luego ayudó a los animadores a insuflar de vida a los personajes y darles movimientos tan realistas y naturales que caracterizan la animación de las películas de Disney.

De nuevo, la fórmula de estructura musical, llevada al extremo con un pueblo entero cantando y presentándonos su realidad, fue un auténtico éxito. La Bella y la Bestia ya no fue solo una película animada para niños, se convirtió en una auténtica experiencia musical que hizo que los adultos acudieran en solitario al cine. Disney volvió a arrasar en taquilla y crítica, consiguiendo incluso una nominación a Mejor Película en los Oscars de 1992, algo de lo que muy pocas películas de animación pueden presumir.

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El letrista y productor comenzó a trabajar en ideas y letras para Aladdin, la próxima película en producción, a pesar de que su salud se debilitaba cada vez más, llegando a escribir varias canciones desde la cama del hospital. Ashman no llegó a ver el increíble éxito de La Bella y la Bestia ni su estreno final, ya que falleció el 14 de marzo de 1991 debido a complicaciones causadas por el SIDA. La película está dedicada a él, con un "A nuestro amigo Howard, quien dio a la sirena su voz y a la bestia su alma, siempre estaremos agradecidos". 

La Bella y la Bestia - Dedicatoria a Howard Ashman

Desde Disney conocen de sobra la importancia de Howard Ashman en el Renacimiento de sus películas animadas. Don Hahn, uno de los grandes productores de Disney y responsable también de La Bella y la Bestia y El Rey León ha declarado de él que "Para nosotros, nuestra generación, era un tipo como Walt Disney", y el propio Roy Disney lo ha llamado en ocasiones "otro Walt", por su creatividad e influencia en el camino del estudio.

El legado de Howard Ashman continúa hoy en día, habiendo influenciando a numerosos compositores y letristas de musicales actuales y marcado millones de infancias con sus canciones e historias. Entre ellos, Robert Rodriguez, el compositor de Frozen, o Benj Pasek y Justin Paul, responsables de La La Land y de la música en el remake en acción real de Aladdin, crecieron con la música de Ashman y Menken y son la prueba de que la fórmula musical de Ashman y la magia de Disney siguen más vivas que nunca.

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