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elder scrolls blades
Análisis

Análisis The Elder Scrolls Blades para Nintendo Switch

Versión comentada: Nintendo Switch

El análisis de Elder Scrolls Blades para Nintendo Switch nos da la oportunidad de disfrutar de la versión de consola de un juego free to play (también disponible para dispositivos móviles) ambientado en el universo de los RPG de Bethesda como Skyrim u Obliviion.

Bethesda sorprendió a los jugadores de todo el mundo con el anuncio de un nuevo Elder Scrolls gratuito durante el E3 de 2018. Quizá no era lo que esperábamos, pero ningún aficionado puede pasar por alto la oportunidad de volver a Tamriel, el mundo que hemos explorado en las anteriores entregas (Skyrim, Oblivion, Morrowind...) y vivir nuevas aventuras. Por algo se cuentan entre los mejores RPG de la historia. 

Nosotros aprovechamos el lanzamiento del juego en Nintendo Switch para realizar este análisis de Elder Scrolls Blades (es el mismo juego que se encuentra disponible para dispositivos móviles iOS y Android desde hace un año). Y lamentablemente hemos descubierto que es la primera vez que un juego de la saga nos permite... aburrirnos. 

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El esquema de  Blades es interesante, y como todos los "free to play" gira en torno a la mejora del personaje y a conseguir nuevos objetos (con el típico índice de rareza), que se puede acelerar mediante microtransacciones y compras dentro de la aplicación, pero que no son necesarios para jugar. 

Una nueva aventura en Tamriel

En este caso encarnamos a un discípulo de los cuchillas (al que podemos generar con un editor) que acaba de llegar a su ciudad... o mejor dicho a las ruinas de lo que en su momento fue un lugar próspero. Nuestra misión principal es reconstruirlo. Y  para ello necesitamos materiales, la colaboración de los aldeanos, tiempo y dinero.  

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De modo que comenzamos por rescatar algunos vecinos, reconstruir el ayuntamiento, la herrería, el salón del alquimia... y participar en nuevas quests que nos permiten conseguir más recompensas, con las que a su vez mejorar el nivel de la ciudad y acceder a objetos más poderosos. 

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Las misiones son la columna vertebral del juego; mazmorras ambientadas en bosques y grutas, torres y fortalezas en que nos aguardan un montón de enemigos y podemos recoger suministros y cofres con objetos aleatorios. La exploración es prácticamente inexistente y se limita a buscar interruptores ocultos para encontrar habitaciones secretas, pero el avance en todas las mazmorras es lineal. Se limita a combatir... y el combate no está muy cuidado. 

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Ya juguemos con un mando tradicional o con los controles por movimiento, la lucha se limita a golpear, lanzar hechizos o cubrirnos con el escudo en el momento adecuado. En el interfaz aparece un círculo que se va rellenando -si mantenemos presionado el botón- y que nos permite asestar críticos cuando un enemigo se descubra; el timing es la clave. 

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Es verdad que bajo esta superficie tan sencilla, se esconden un montón de mecánicas propias de la saga: las vulnerabilidades a fuego, hielo y veneno, las diferencias entre armas de filo, contundentes o a dos manos (armas que se van deteriorando con el uso) y los efectos de las distintas piezas de armadura. Pero una vez que conseguimos dominar el combate básico, los enfrentamientos son enormemente repetitivos.

Tampoco ayuda la escasa variedad en los escenarios, ni la repetición de los enemigos (goblins, esqueletos, arañas o spriggans) a los que plantamos batalla una y otra vez. A medida que avanzan las horas, tenemos la sensación de estar repitiendo una y otra vez la misma misión con cambios mínimos en los objetivos, ya sea derrotar a un jefe final, liberar prisioneros o conseguir objetos.

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Una buena historia e ideas interesantes

Elder Scrolls Blades está repleto de buenas ideas; los diálogos con los NPC nos descubren una historia con conexiones a los juegos que conocemos y presentan algunos personajes interesantes, las posibilidades de reconstrucción de la ciudad son amplias, e incluso podemos formar un gremio con otros jugadores para intercambiar objetos, chatear o visitar sus ciudades. Tampoco falta una arena de combate y el abismo (una gigantesca mazmorra por la que descender a medida que crece la dificultad de los enemigos). Pero todos estos añadidos nos devuelven a los combates aparatosos y a las mazmorras repetitivas. 

 

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El ritmo de aparición y mejora de las armas tampoco está muy bien ajustado (un aliciente para comprar cofres), de modo que podemos quedarnos con el mismo equipo "estancados" mientras nuestro personaje sube de nivel. Y lo mismo ocurre con la velocidad de reparación de los edificios y de creación de las armas, que puede llevar bastantes horas (a menos que invirtamos gemas en acelerar el proceso).

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Las primeras sensaciones con Elder Scrolls Blades han sido muy buenas: la recreación de entornos y la vista en primera persona nos devuelven a Skyrim, la banda sonora está cuidada (los diálogos están en inglés con subtítulos en castellano) y la ambientación es fiel a la saga. Pero la repetición de las misiones arruina pronto este buen comienzo, y después de unas horas tenemos la sensación de jugamos una y otra vez lo mismo.

Valoración

Un "dungeon crawler" repetitivo y con un sistema de combate un tanto artificioso, que desaprovecha la ambientación de los Elder Scrolls, aunque cuenta con ideas interesantes.

Hobby

60

Aceptable

Lo mejor

Ambientación propia de la saga Elder Scrolls. La historia y la banda sonora.

Lo peor

Muy repetitivo en las mazmorras y con unas mecánicas de combate poco precisas. Abuso de las microtransacciones. 

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