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Annette
Análisis

Crítica de Annette, el excéntrico musical de Leos Carax protagonizado por Adam Driver y Marion Cotillard

Crítica de Annette, el excéntrico musical del cineasta francés Leos Carax protagonizado por Adam Driver, Marion Cotillard y Simon Helberg de estreno el 20 de agosto en cines y en Prime Video. En FilmIn a partir del 26 de noviembre.

Si este verano estás ya hastiado/a de tanto blockbuster y te apetece experimentar algo distinto, Annette es tu película. Ojo, porque no va dirigida al público general, sino que es una de esas cintas incalificables en las que se mezcla lo trascendental con lo absurdo, lo etéreo con lo mundano y lo íntimo con lo grandilocuente. Despierta en la audiencia toda clase de sensaciones: emoción, hastío, rechazo, buen rollo, candidez, enfado...

Calificada como una sublime locura, el anterior trabajo del director francés Leos Carax, Holy Motors, nos voló los sesos hace ya nueve años y ahora, aunque no consigue firmar un trabajo tan desafiante para los espectadores, desde luego sí que consigue que se te grabe en la memoria más de una secuencia.

En parte esto tiene que ver con la banda sonora de Annette, obra de la banda de rock Sparks, formada por Ron y Russell Mael, que asimismo firman el guión, porque estamos en un musical de principio a fin en el que las canciones se suceden desde el momento en el que la voz de un narrador introduce al reparto cantando "esto va a empezar".

Los juegos metalingüísticos que tanto le gustan a Carax vuelven a hacer acto de presencia con apartes de los actores en los que se dirigen al público, momentos en los que se vuela la cuarta pared, interludios informativos o piezas de introducción y despedida en la que se da la catarsis del público, regresando a la realidad. Todo es tremendamente teatral pero también, por su escala e intensidad hiperbólico y muy exagerado.

Ambientada en Los Ángeles, Annette narra la historia de Henry, un monologuista de humor incisivo apodado como Ape of God, y Ann, una cantante de renombre internacional. Delante de las cámaras, forman una pareja feliz y llena de encanto. El nacimiento de su hija Annette, una niña misteriosa, cambiará sus vidas para siempre. 

Leos Carax saca oro del reparto dejando de lado lo superfluo para alimentar el relato: no le interesan tanto el raccord, los detalles o respetar el eje como crear sensaciones por medio del uso de la iluminación (gran trabajo por parte de Caroline Champetier), sobreimpresiones, fundidos y un elemento que se introduce a mitad del metraje elevando la película muchísimo: la marioneta de Baby Annette.

Éste es el elemento más original y bien llevado de la película dado que a pesar de ser un objeto inanimado el trabajo de los creadores, artistas y marionetistas a la hora de darle expresividad y dotarla de movimiento es magnífico. Nunca dejamos de ver que es un muñeco, pero se trasluce de forma perfecta su sufrimiento y es hasta más fácil empatizar con este personaje que con otros de carne y hueso.

Que Adam Driver y Marion Cotillard realicen un trabajo interpretativo brutal no es noticia (se gastan los dos un buen vozarrón, además), si bien es algo que tenemos que hacer notar, pero sí que puede resultar mucho más curioso para los espectadores encontrarse a un Simon Helberg alejándose por completo de su papel de Howard Wolowitz en The Big Bang Theory para abrazar una propuesta de este calibre, en las antípodas, y haciendo gala de una intensidad emocional inusitada.

Todo desborda tragedia en esta película, no solo en el nivel de la relación sentimental de los protagonistas, abocada al fracaso desde el comienzo, sino también de forma más profunda cuando aborda los excesos de la sociedad de consumo, la forma en la que la exposición pública crea tótems mediáticos y luego los desecha a su antojo.

En suma, Annette es una película llamada a ser divisiva: en primer lugar porque es exigente con la audiencia, que para entrar en la propuesta tiene que poner algo de su parte y en segundo lugar porque siendo deslumbrante en muchos momentos, Carax se gusta demasiado a sí mismo en otros, alargando el metraje de forma innecesaria y poniendo a prueba la paciencia de los espectadores con números musicales machacones. 

Valoración

Leos Carax vuelve a marcarse una película metalingüística, grandilocuente y de desmesurado dramatismo con sus habituales perlas de humor negro y toda la mala leche del mundo a la hora de criticar los medios de comunicación y la sociedad de consumo.

Hobby

75

Bueno

Lo mejor

La fuerza de algunas secuencias y todo lo relativo a la realización de la marioneta de Baby Annette (genial trabajo de artistas y técnicos).

Lo peor

El corpus de la historia es bastante simplón: una tragedia en tres actos previsible y operística con demasiadas ínfulas de grandeza.

Y además