Ir al contenido principal
Antidisturbios
Análisis

Crítica de Antidisturbios, otra recomendable serie de Movistar+

Crítica de Antidisturbios, la miniserie creada por Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña para Movistar+ que llega a la plataforma el próximo 16 de octubre de 2020.

Movistar+ sigue sumando nuevas piezas imprescindibles a su catálogo de series. El 16 de octubre le toca el turno a Antidisturbios, la ficción creada por Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña compuesta por seis episodios de unos 50 minutos de duración. 

Como viene siendo habitual en otras obras precedentes, el sello autoral es muy potente, de modo que si disfrutasteis de películas como Que Dios nos perdone o El reino, vais a sentir que, de alguna manera, esta serie es una heredera natural de la esencia de aquellas.

De nuevo se saca el bisturí para disecar una realidad incómoda y desagradable, pero para nuestra desgracia muy familiar gracias a los sucesivos escándalos que van salpicando los titulares de los periódicos y alimentando los telediarios. Con un interesante añadido en la función: la manipulación mediática interesada por parte de poderes fácticos en la sombra. Vamos, que la serie sirve de denuncia de muchos aspectos de nuestro deficiente sistema político pero también para invitarnos a dudar de la información que nos llega.

Antidisturbios comienza presentándonos a Laia, una agente de Asuntos Internos implacable a la hora de hurgar en los hechos para alcanzar la verdad, a quien se le encarga investigar un polémico desahucio.

El grupo de antidisturbios encargado de la operación se ve forzado por mandato judicial a ejecutar la orden, a pesar de no contar con suficientes efectivos para ello. Durante los hechos, de los que somos testigos, un joven africano pierde la vida en un accidente, desatando una fuerte respuesta por parte de activistas por los derechos humanos y generando una gran animadversión hacia los agentes, que emplean la violencia en un momento dado.

Pasado un tiempo y a pesar de las promesas de que ninguno de ellos sufriría represalias, son sometidos a una escrupulosa investigación dejando un resquicio a la duda, ¿cuáles son los intereses ocultos más allá de lo aparente?

En Antidisturbios se mezcla una excelente trama policial con una forma de narrarla muy peculiar. El espectador se introduce de forma muy inmersiva en la acción y tiene todas las herramientas para juzgar a cada uno de los personajes por su forma de gobernarse porque está en el meollo de todo lo que sucede.

A nivel inmediato vemos la falta de medios materiales y humanos, el estrés, la fatiga y las repercusiones físicas como la somatización en forma de lesiones de espalda pero también se pueden ver las consecuencias a medio y a largo plazo para cada uno de ellos: depresión, distorsión de la realidad, conductas agresivas, hipersensibilidad... Pero Sorogoyen y Peña no están interesados en mostrar imágenes edulcoradas de la realidad: los personajes no son santos y tienen sus luces y sus sombras tanto en el plano laboral como el personal.

La gran pega que hay que ponerle a este relato es que, al margen de la magnética y a veces también desagradable protagonista principal (nos la muestran premeditadamente en planos muy cerrados y contrapicados deformando su cabeza para enfatizar sus capacidades intelectuales y sus ojos para resaltar su capacidad de observación al más puro estilo Sherlock), la atención se centra casi de forma exclusiva en los personajes masculinos y desatiende a los femeninos, que de una forma u otra son maltratados de forma sistemática: parejas rotas, infidelidades, humillaciones...

La estructura tiene también sus altibajos producto de su concepción como una película en seis actos más que como una serie como tal. Hay de hecho algunos saltos temporales que resultan algo confusos, como el que se produce tras las cargas contra los hinchas en la concentración y las repercusiones que todo eso conlleva para los personajes. Aunque el montaje de Alberto del Campo es muy eficiente, hay algunos "agujeros" en el guión.

Donde brilla con luz propia Antidisturbios es en el plano formal, que nos lleva a disfrutar de (y sufrir con) numerosos planos secuencia larguísimos en los que se mantiene la tensión con mano de hierro y en la que vemos a los personajes en peligro, en escenas multitudinarias y nos metemos en su piel. No hay departamento en este sentido que no haya dado el 120%: es tan reseñable la música de Olivier Arson, como la dirección de arte de Miguel Ángel Rebollo, y ha debido suponer un verdadero reto mover la cámara entre los personajes y planificar el rodaje de teniendo una calidad excelente del sonido (obra de Aitor Berenguer) y una textura muy realista en la fotografía (de Alex de Pablo).

La serie no tiene como fin último dignificar la labor de la policía (no estamos ante una hagiografía) pero sí aborda temas complejos como la precariedad laboral de ciertos colectivos dedicados al orden público y problemas estructurales en la gestión de recursos, la prevaricación, la corrupción política derivada de chanchullos inmobiliarios... Muy vinculado todo a la realidad, al punto de contar con un final que lanza un dardo a un episodio de nuestra vida reciente. Y de paso se aproxima al retrato de un personaje tan complejo e influyente como Villarejo por medio de su trasunto ficcionado, cuya vida y secretos a buen seguro daría para realizar una infinidad de temporadas de un buen thriller.

Ojo a los próximos estrenos de Movistar+ porque seguirán llegando series tan interesantes como Dime quién soy y Nasdrovia, de las que os hablaremos en fechas más próximas a su lanzamiento. ¡Qué gozada de catálogo y qué acertada la decisión de darle voz al increíble talento que hay dentro de nuestras fronteras!

Valoración

Rodrigo Sorogoyen mete el dedo en la llaga indagando, desde la ficción, en la realidad incómoda de la precariedad laboral de ciertos colectivos dedicados al orden público, la prevaricación, la corrupción política derivada de chanchullos inmobiliarios. De paso realiza un retrato robot de un personaje tan complejo e influyente como Villarejo.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

Grandes interpretaciones por parte de todo el elenco, largos planos secuencia cargados de tensión y mucha denuncia social.

Lo peor

Más allá del apurado retrato de la protagonista, la serie desatiende a todos los personajes femeninos, en papeles muy secundarios y de poca enjundia.

Y además