Crítica de Lo que aprendí de mi pingüino: una película emotiva, tierna y con más capas de lo que parece

Nostromo Pictures

Crítica de Lo que aprendí de mi pingüino (The Penguin Lessons), la adaptación del best seller internacional de Tom Michell protagonizado por Steve Coogan y Jonathan Pryce. Estreno el 5 de septiembre.

Definitivamente, no te la esperas. Lo que aprendí de mi pingüino es una película basada en hechos reales que adapta la novela superventas de Tom Michell en la cual cuenta su experiencia dando clase en Argentina. Eso sí, el guión de Jeff Pope amplía el contexto político para darle aún más sustrato a una historia de por sí curiosa.

A simple vista da la sensación de que va a tratar de la clásica amistad de un animal y un ser humano, tirando siempre de buenos sentimientos y de una estructura predefinida, sin adoptar excesivos riesgos.

Pero resulta que sí, que los adopta y no solo eso sino que además consigue ser una narración tan introspectiva como tierna y luminosa, a su manera. Todo eso sin resultar en exceso sensiblera ni maquillar la crudeza de los acontecimientos que rodean a los personajes.

Tom, un profesor británico que está de vuelta de todo y se traslada a Argentina en 1976 para trabajar en una escuela privada destinada a los hijos de las clases pudientes. Ajeno a la convulsa realidad social del momento, solo le preocupa dejar pasar el tiempo para poder disfrutar del tiempo libre.

Y el golpe militar le brinda la ocasión en bandeja. Con la escuela cerrada, él y uno de sus compañeros se desplazan a Uruguay donde salen a bailar y conocer gente nueva, alejados de los problemas. Incluso entabla conversación con una hermosa mujer con quien se va a pasear por la playa. Es allí donde, de manera fortuita, encuentran un pingüino envuelto en alquitrán.

Con la intención de impresionar a su ligue, Tom recoge el pingüino y lo lleva a su habitación, donde ambos lo limpian y le devuelven la movilidad. Sin embargo, ella tiene que marcharse y él se queda a su cargo, lo que no le hace ninguna gracia. Deshacerse de él le resulta imposible, por más que lo intenta, por lo que termina llevándoselo a la escuela de tapadillo.

Aún no es consciente, pero Tom acaba de tomar su primera decisión desinteresada y, a partir de ese momento, convivir con el pingüino le va a ir transformando poco a poco: desarrollará su empatía, su capacidad de escucha y rebajará sus altísimos niveles de cinismo británico para confrontar las consecuencias de lo sucedido.

Lo que aprendí de mi pingüino narra el viaje emocional de un hombre que pasa de estar completamente cerrado, dejando que todo le pase por delante de los ojos sin tomar partido en nada, a ser una persona comprometida con el dolor ajeno. El catalizador de esa evolución es el pingüino, que tiene el don de sacar lo mejor de los demás: la ternura, la sensibilidad y la comprensión.

Siendo un "extraño" en la escuela, estimula la curiosidad de los alumnos, pero también se convierte en el guardián de los secretos de todo aquel que lo conoce, puesto que resulta ser el mejor terapeuta, siempre dispuesto a escuchar.

Una de las fortalezas de la película es el reparto: a Steve Coogan le va como anillo al dedo el papel de cínico de verbo afilado que poco a poco se va descubriendo mucho más humano de lo que parecía; Jonathan Pryce es el perfecto director adusto y autoritario, aunque también con ganas de encajar; Vivian El Jaber personifica el dolor de una madre y en general el cast está perfectamente ajustado.

A nivel técnico, Lo que aprendí de mi pingüino no precisa de grandes florituras pero sí de una buena dirección de actores: Peter Cattaneo (Full Monty) le saca partido tanto a las estrellas como al animal, que jamás se muestra de manera antropomorfa ni se pretende que interactúe como lo haría un humano.

En lo que respecta a la ambientación, sabe recuperar la estética de los años 70 sin pasarse de frenada ni caer en la caricatura. Muy buen trabajo de dirección artística.

La película tiene un pulso firme pero apacible: es divertida sin ser descacharrante, conciliadora sin resultar empalagosa y delicada sin llegar a la sensiblería barata. Es conmovedora de manera genuina.

En buena medida puede traerle a la audiencia a la cabeza películas como Los que se quedan. Habla, a fin de cuentas, del vínculo de un profesor con sus alumnos y de cómo, para reencontrarse con ellos, es él el primero que tiene que convertirse en aprendiz olvidando mezquindades y dejando que despierte en él cierto espíritu de sacrificio.

Valoración

Nota 72

No es una feel-good movie del montón: Lo que aprendí de mi pingüino es una reflexión acerca de qué es lo que nos hace humanos y dónde encontrar el coraje para sacudirnos el cinismo y arrimar el hombro donde es necesario.

Lo mejor

Es una película de una profundidad que no esperas y con unos personajes de los que te vas quedando prendado.

Lo peor

El guión altera el libro original de las memorias de Michell incidiendo más en el entorno político de los personajes, cosa que no agradará a todos.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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