Big Little Lies, la gran ganadora de los Globo de Oro
Análisis

Crítica de Big Little Lies, la gran ganadora de los Globos de Oro

Por Jesús Delgado

Big Little Lies ha sido una de serie ganadora de los Globos de Oro 2018. La mini-serie de HBO se ha coronado como una de las mejores series del año 2017. ¿El secreto de su éxito? Os lo contamos en esta crítica dedicada a su temporada 1.

No necesitáis haber visto Big Little Lies, esta serie de la HBO para saber que es la bomba. Ni siquiera haber leído cómo arrasó en los Globos de Oro 2018. Porque si recordáis, incluso en los Emmys de 2017 arrasó. Y muy merecidamente, por cierto. La crítica y el público lo tiene muy claro: es de las mejores series de televisión actuales?

¿Pero Big Little Lies es todo lo que prometen los medios? Bueno, de eso va a esta misma crítica. Aunque ya os adelantamos que poco malo vamos a poder decir al respecto de esta producción nacida de la mente David E. Kelley (Ally McBeal). Quizá únicamente, y en adelanto al resto de la crítica, que tememos mucho que la ya anunciada temporada 2 de Big Little Lies acabe por desvirtuar el redondo proyecto que supone su trama original, expandiendo el formato de mini-serie con el que fue concebido.

Es una mirada a la clase media y alta californiana. Para ello, la mini-serie toma como foco de atención la vida social del pueblo de Monterrey, la primitiva capital cultural del Estado, y hogar de una "saludable" élite intelectual, empresarial y artística. Reese Witherspoon, Nicole Kidman, Shailene Woodley, Laura DernZoë Kravitz son las encargadas de dar vida a cinco mujeres muy distintas, cuyo nexo en común es la escuela de primaria a la que asisten sus respectivos hijos.

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A través del enfrentamiento entre dos de estas mujeres se nos revelará el glamuroso pero vacuo mundo en el que viven estas mujeres. Un mundo donde el éxito social y en los negocios solo maquillan unas insatisfacciones existenciales que rayan en la neurosis y el cúmulo de mentiras que ellas mismas se dicen a diario para poder levantarse de la cama cada mañana.

Y hasta aquí la sinopsis y una vaga idea acerca de qué va Big Little Lies. En la siguiente crítica, muy libre de spoilers, os damos más motivos para verla y también una referencia acerca de qué os podéis esperar.

Una hoguera de las vanidades en plena playa californiana

No estamos haciendo una referencia directa ni a la novela de Tom Wolfe ni al hecho histórico de la hoguera que vimos arder al final del Assassin's Creed II, pero algo de ello hay. En cierta manera, Big Little Lies es una narración acerca de la fortuna, la fama y, sobre todo, las apariencias y la vanidad materialista. También acerca de cómo ninguna de estas cosas acaban de hacer del todo felices a las personas, que terminan por buscarse las vueltas para ser lo más infelices posibles. Y, en tanto, litigiar, pleitear y competir con otras por meras cuestiones de ego.

Hay mucho más que eso en la serie de HBO, pero no os vamos a revelar todo en esta crítica. Eso si, de entrada ya os avisamos que no vayáis con expectativas de nada, tan solo dejaos sorprender. Porque quizá una de sus virtudes sea precisamente esa, la capacidad de retorcer una trama inteligente y conseguir hacerla funcional e interesante, con continuos giros de tuerca, que nos brindan un guión muy interesante. 

De hecho, para que veáis la calidad que os referimos, el desarrollo hace algo muy poco habitual, pero que consigue ejecutar con maestría: el crearnos prejuicios y luego desmontárnoslos. La trama presenta bajo un punto de vista y en una serie de situaciones a unos personajes que nos permitimos enjuiciar rápidamente, dejando que nos caigan mejor o peor (dependiendo de nuestra mentalidad) para, acto seguido, ponerlos en un rol distinto que nos desmonta la idea que nos hacían de ellos. Y eso no es nada fácil, ni a nivel argumental ni a nivel actoral. 

Los personajes protagonistas de esta serie de HBO son, ante todo, humanos. Y como tales tienen numerosas facetas y caras. Casi ninguno es un santo o un pecador de manera unilateral. El maniqueísmo está apartado del todo del discurso de la serie, que pretende ser ante todo justa con sus personajes. Son sencillamente personas haciendo cosas de personas. Todos tiene sus taras y miserias, pero también sus virtudes y grandezas.

Y, con todo, solo existen un par de defectillos en este planteamiento. El primero se refiere precisamente al escenario y a los habitantes de Monterrey. Debido a las peculiaridades de la localidad y también al punto de vista cultural estadounidense, la serie no ahonda en cuestiones como diferencias sociales, étnicas o económicas, que podrían agravar el ya de por sí nada tono de la serie. Es probable que lo haga deliberadamente.

Sea como sea, un atento visionado detecta este detalle perfectamente, que encaja con el paradigma subyacente del "sueño americano" que está implícito en el relato. Es una ausencia deliberada que puede entenderse como una sutil crítica a productos que ensalzan esta idea, tales como Archie o las sitcoms ambientadas en urbanizaciones residenciales en donde todo es idílico y feliz. 

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La otra flaqueza que encontramos se debe a una mera cuestión estética y de narrativa. El director de la serie Jean-Marc Vallée demuestra ser un buen editor, pero no excesivamente condescendiente con el público menos atento. La edición de su serie es más que correcta, con un ritmo saludable y bien medido, pero se permite abusar de flashbacks, escenas oníricas y secuencias que cuesta poner en contexto. Aunado al hecho de que la narración juega con numerosas retrospectivas, esto enrarece la manera de contar el relato, haciendo un poco densa la manera en la que se desarrolla. 

¿Pura obra de arte?

Pues no vamos a decir tanto, pero sí que podríamos decirlo. La fotografía de Big Little Lies es sencillamente hermosa. La elección de planos y la sutil dirección del reparto es simplemente de las de quitarse el sombrero. Vallée ya dejó muy claro su solvencia como cineasta y como director de actores en su Dallas Buyers Club, pero el canadiense también ha demostrado que puede brillar en el formato televisivo sin sudar. 

La banda sonora y el ritmo de las escenas que acompaña, la selección de la música como un personaje más y su manera de crear atmósferas con ella logra emocionarnos y también hacernos implicarnos emocionalmente con la trama. Su manera de jugar con los sentimientos del espectador, haciendo que a pesar del desagrado inicial que se pueda sentir por algunos personajes, evidencian al director como un excelente titiritero y manipulador del público.

Big Little Lies

Ahora bien, todo esto no podría tampoco haberse logrado sin un casting que no tiene desperdicio en ninguno de sus papeles. La veterana Laura DernNicole Kidman pueden sacar pecho por su trabajo, sobradamente digno de aplauso. Como también lo es el de su compañero, Alexander Skarsgård. Sus personajes y escenas son magníficos, pero no por ello podemos pasar por alto las actuaciones de Reese Witherspoon, de Shailene Woodley, o de los niños. Eso sería un auténtico agravio todo el elenco.

Concluyendo, Big Little Lies es enorme drama costumbrista actual que os recomendamos ver. No todo van a ser tramas criminales con abogados liantes, dioses nórdicos organizando una nueva guerra divina en el Corazón de América o complejas notas de suicidio en trece pasos. Hacednos caso, esta dura crítica a la diletante sociedad yankee de la Costa Oeste no es algo que os debáis perder. 

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Recordad, podéis ver Big Little Lies al completo ya en HBO España. Son solo siete capítulos de menos de una hora de duración cada uno. Eso sí, no os podemos prometer que tras verla quedéis saciados o que penséis, como nosotros, que una segunda temporada es del todo innecesaria. Sobre todo tras ver la conclusión de la mini-serie original.

Valoración

Drama sobre el lado oscuro del sueño americano, ambientado en Monterrey (California). A través de un relato protagonizado por cinco mujeres distintas visitamos las cloacas y los más sucios secretos de la clase media americana.

Hobby

87

Muy bueno

Lo mejor

La calidad actoral de su reparto. El inteligente guión y sus giros de tuerca. El juego de despiste de la historia. La dirección de Jean-Marc Vallée.

Lo peor

La narración resulta a veces confusa con excesivos flashbacks. La ausencia de hondura en las diferencias sociales de sus protagonistas.

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