La boda de mi ex
Análisis

Crítica de La boda de mi ex con Keanu Reeves y Winona Ryder

Por Raquel Hernández Luján

Victor Levin escribe y dirige la comedia ácida La boda de mi ex (Destination Wedding), protagonizada por Keanu Reeves y Winona Ryder. Veamos qué tal aguanta la química entre ambos actores.

Puede que leáis el título de esta película, veáis el cartel y a dos viejos conocidos como Keanu Reeves y Winona Ryder y estéis tentados a pensar que La boda de mi ex, titulada en su versión original Destination Wedding es más de lo mismo: otra edulcorada comedia romántica flojita que tiene poco que aportar... Pero, ¡sorpresa! Contiene los diálogos más intrincados, cínicos y bestias que hemos escuchado en mucho tiempo (por no hablar del polvo más surrealista y divertido de la década).

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Resumiendo mucho, la película trata de cómo dos completos inadaptados, más raros que un perro verde, se encuentran por casualidad y terminan haciendo migas, a pesar de ser dos perfectos petardos de vuelta de todo que han perdido la fe en el amor, en las personas que los rodean e incluso en ellos mismos. Vamos, que son los primeros sorprendidos por encontrar cierta afinidad. Pero, siendo sinceros, lo más divertido es el anticortejo que hay entre ellos durante el 90% de la cinta (y que recuerda, por cierto, a clásicos como Indiana Jones y el templo maldito).

Ellos son Lindsay y Frank, dos solitarios y antipáticos invitados a una boda que comparten las mismas miserias. Obligados a convivir durante un fin de semana odioso en el que tienen que desplazarse para asistir al enlace del ex de ella, se conocen por casualidad en la cola del aeropuerto e inician una diabólica conversación que los atará durante el resto del metraje.

Así las cosas, no les quedará más remedio que compartir su hipocresía en el enlace y en los eventos previos que incluyen la cena de ensayo y los juegos de la mañana previa a la boda en sí, por no hablar de la relación con el resto de los invitados, entre los que se incluye parte de la familia de él.

Con una puesta en escena extremadamente sobria y unas contadas localizaciones, está claro que el presupuesto de La boda de mi ex se ha ido, en gran parte, en el fichaje de los dos actores, perfectos para sus respectivos papeles. Sí, tanto Keanu Reeves (John Wick: Parabellum), como Wynona Rider (Stranger Things) son insoportables en sus papeles: él es hierático, egoísta, avaro y en apariencia, por completo incapacitado para amar a nadie más allá de sí mismo, con un ego exorbitado; ella es histriónica, enredada en sus constantes tribulaciones y juzgando a los demás de la peor manera posible, con el añadido de que su trabajo consiste en hacer justo lo contrario, velar por la corrección política.

Lo curioso es que, una vez que entras en la película y en la dinámica de estos dos verborreicos personajes, ya no puedes escapar de ella: no solo tienen una gran química (es la cuarta vez que trabajan juntos tras haber coincidido en Drácula de Bram StokerA Scanner Darkly y La vida privada de Pippa Lee y son además amigos en la vida real) sino que es fácil verse reflejado en alguna de sus manías y contradicciones, así que al final acabas deseándoles que, de alguna manera, les vaya bien.

La boda de mi ex

Por otra parte, La boda de mi ex consigue, con nota, dar un repaso a todas las convenciones sociales a las que nos sometemos con mayor o menor grado de mansedumbre. ¿Quién no ha ido a una boda por obligación? ¿Quién no ha estado sonriendo como un idiota mientras fantaseaba con asfixiar a los contrayentes con sus propias manos? ¿Quién no ha terminado pasando por el aro, vistiéndose de etiqueta y plegándose a los deseos de los recién casados aunque estuviera deseando salir corriendo?

Victor Levin, que ya contaba con alguna experiencia en romances atípicos con películas como De 5 a 7 (por si queréis recuperar al malogrado Anton Yelchin en una cinta poco conocida) o series como la mítica Loco por ti, y que ha sido nominado a los Emmy hasta en cuatro ocasiones por su trabajo como productor en series como Mad Men o El show de Larry Sanders, no se mata con la realización, pero sabe explayarse bien en la escritura del guión, que sería por cierto trasladable a un escenario teatral con relativa facilidad. 

En suma, La boda de mi ex es una película de comedia muy sorprendente en sentido positivo, que incluso exige un segundo visionado para sacar todo el jugo a los afilados y ágiles intercambios dialécticos de los protagonistas. De hecho, incluye alguna que otra perlita como el guiño a Pactar con el diablo, la peli que protagonizó el actor en 1997. Por cierto, da gusto ver que Keanu Reeves no se encasilla de forma exclusiva en películas de acción y consigue sacar su vis cómica sin traicionar su naturaleza... ya sabemos que no es el colmo de la expresividad, pero ya está Winona Ryder compensándolo con sus mil y una caras.

Valoración

Una comedia romántica inusual, con personajes llevados al extremo y mordaces diálogos en los que es fácil perderse. Con todo, disfrutable y entretenida.

Hobby

78

Bueno

Lo mejor

La magnífica química entre Keanu Reeves y Winona Ryder, algunas líneas de diálogo memorables y el polvo al aire libre más surrealista jamás rodado.

Lo peor

Embarranca al final, cuando no le queda más remedio que plegarse a la fórmula del género para terminar siendo amable. Es difícil adrede.