Crítica de Celeste: Clara-mente una inteligente y entretenidísima serie costumbrista capaz de hacer interesante a una inspectora de Hacienda

Nunca antes la vida de una inspectora de Hacienda al borde de la jubilación podría convertirse en una aventura tan inteligente, satírica y bien interpretada para recordarnos que el fraude, «clara-mente», es como suena.

Lleva un jersey de punto, de esos que pican como el dolor, con pelotillas que ruedan por el tejido como las arrugas marcan el peso de los años. Camina haciendo tronar los zapatos; los golpes se entremezclan con el ruido de los papeles, la fotocopiadora y el martilleo de las teclas de ordenador.

Se sienta en su mesa, su amiga de batalla. Puede que la única. En la oficina hace frío, pero no del que cala los huesos, sino del que congela las emociones. Allí persiguen el fraude al Estado, tan aletargados como embriagados por la apatía funcionarial.

Dibujar a un inspector de Hacienda basado en los prejuicios, ya lo veis, tiene poco de complicado. Pero estas líneas aplastarían al peso cualquier opción de convertirlas en una ficción interesante. Y por eso tiene tanto mérito lo que Diego San José ha creado con Celeste, la nueva serie de Movistar Plus+ protagonizada por Carmen Machi.

Sin medias tintas ni mascaradas, la serie se sumerge en la persecución de Celeste (Andrea Bayardo), una popular cantante latina que estaría defraudando a Hacienda al asegurar que no reside en España, evadiendo así sus impuestos. Sara Santano (Carmen Machi) retrasará su jubilación para demostrar que, como mínimo, ha pasado 184 días en el país. Y le sale a pagar.

Es como suena: la serie está inspirada en la terna de Shakira y la fiscalía española, con las idas y venidas de la Audiencia Nacional que acabarían con la colombiana pagando 14,5 millones de euros para evitar una pena de 8 años de prisión y el doble de dinero. La suegra, la prensa y la deuda en Hacienda. Faltaba la película —en este caso, la serie—.

Un tema delicado que en otras manos podría volverse terriblemente soporífero. Pero el guión, bebiendo del costumbrismo que con tanto equilibrio elevó a Vota Juan, construye una historia inspirada en el morbo con una interesante reflexión sobre la identidad laboral, la ambición y la soledad.

En seis capítulos de 30 minutos, de los que ya están disponibles los dos primeros en la plataforma, San José hace respirar el drama que había mantenido en el pecho de sus comedias (Ocho apellidos vascos, Fe de etarras) para ofrecer una mezcla entre el thriller, el drama y la comedia más vulnerable.

Has leído bien: 30 minutos. El género parece enterrado en ficciones que necesitan rellenar los 60 minutos para aumentar el tiempo de visionado de las plataformas, y es otra de las razones de su éxito: cada minuto, como un café Espresso, viene perfectamente condensado en su dosis.

Las inspectoras ya no lloran, las inspectoras capturan

Sobre la vida de todo autónomo y empresario se cierne la aterradora sombra del inspector de Hacienda. No es el caso de Amancio Ortega o de la propia Shakira; los mortales padecemos un terror casi infantil, como si del Hombre del saco se tratase, a ser investigados y sufrir las consecuencias de nuestro propio desconocimiento.

La burocracia de España es lo que tiene; tengas o no conocimiento de causa, el peso de la ley caerá sobre ti si asomas el cogote por debajo de la cama. Pero tú, al fin y al cabo, sólo eres un peón más. El verdadero juego empieza cuando se mueven los alfiles. Cuando el encargo lleva cinco ceros.

Eso es lo que consigue que Sara Santano decida embarcarse en una nueva persecución. Un último baile. Quiere redimirse de aquella antigua batalla perdida contra un futbolista «del Madrid», aunque también sirva de distracción para no ahogarse en la soledad de su casa ahora que su marido no está.

Reconvertida en una especie de Terminator del fisco, Carmen Machi ofrece una lección magistral de equilibrio dramático. La serie coquetea constantemente con nuestro sonrojo y nuestra vergüenza ajena en situaciones que, paradójicamente, son tan naturales como el vermú de aperitivo en Madrid.

Andrea Bayardo como Celeste
Andrea Bayardo como Celeste

Es una superheroína a la española, llena de grises que podrían hacerte odiarla si la realidad te aplastase como una de sus víctimas fiscales. Es adusta, más sociable de lo que ella misma se demuestra, determinada e involuntariamente divertida. Esto último es el toque cómico que pincelan Diego San José y su equipo como marca de autor. Y cuánto se lo agradezco.

No esperes romperte la tripa a carcajadas. Celeste es una serie de sonrisas inesperadas mientras sus personajes y sus diálogos hacen que te mires con los demás, si ves la serie acompañado, buscando la complicidad del costumbrismo que tan bien entra cuando se hace con criterio.

Pero no vayamos a llevarnos a engaño: muchos estarán aquí por el morbo. Sí, también tú, que miras de reojo a ese familiar que veía Sálvame, aunque sea por echarte unas risas. Porque esta reconstrucción de la polémica fiscal de Shakira será una de las pocas ocasiones en las que verás con buenos ojos una inspección de Hacienda. Y, créeme, te relamerás con cada día sumado al calendario de los 184.

Junto a Machi también brilla Manolo Solo como el fotógrafo que también tuvo mejores días de gloria y ahora vive de los pellizcos menos reconfortantes de perseguir a famosos, consiguiendo con muchísima elegancia convertirse en el descargo humorístico más evidente de la serie.

Toda la ambientación de la serie, sus decorados y el vestuario potencian esa dualidad de lecturas que ofrece la serie. La del morbo y la comedia sobre la amargura del personaje, y también la de su reflexión, por ligera que pueda parecer, sobre la pérdida de identidad tras la jubilación.

El T-1000 cubre su endoesqueleto con forma de Carmen Machi
El T-1000 cubre su endoesqueleto con forma de Carmen Machi

Celeste va a buscarte como un viejo amigo que no ha perdido su habilidad para darte alguna bofetada de realidad entre viejas historias de risas. Una historia que te atrapa con su red costumbrista y te recuerda que todos nos enfrentamos en algún momento a la soledad y la pérdida de la rutina.

Sara sigue adelante. Renegando de las ideas de su hija de buscar amistades, pero intentándolo a pesar de todo. Porque sigue viva. Y hasta que encuentre una nueva, la oficina, la rutina y la caza de Celeste serán su yesca.

La relación entre ambas, por distante y silenciosa que parezca, es un núcleo emocional de la serie. Celeste no es sólo su ratón, es un espejo en el que detesta mirarse. Su piel, su éxito, su autoridad. Una mujer que no parece pedir disculpas por lo que quiere, por lo que ha conseguido, mientras Sara ha sido siempre una pieza más en el engranaje de un sistema frío.

Entre post-its con fechas, presentaciones de carné de inspectora que hincharían de orgullo al mismísimo Robocop y ralis inesperados junto a algún «paparazzo», la investigación se desarrollará de forma tan brillante que sólo faltan los Estopa para terminar de apuntalar una de las mejores series españolas del año.

Valoración

Nota 86

Celeste se perfila como una de las series del año en España: thriller, drama y comedia que utiliza el morbo del caso Shakira para construir un relato costumbrista inteligente, consiguiendo un equilibrio perfecto entre la comodidad de los 30 minutos de cada episodio y la profundidad de temas como la soledad y la identidad.

Lo mejor

El equilibrio entre la comedia costumbrista, la profundidad temática y el tenso juego de persecución, con una Carmen Machi que brilla en cada escena.

Lo peor

El morbo del caso real puede quitarle méritos a la originalidad de la propuesta y atraer ojos menos interesados en ella.

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