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Club de Buceo
Análisis

Crítica de Club de buceo, temporada 1: Netflix busca su H2O para los más pequeños

Crítica de la primera temporada de Club de buceo, creada por Steve Jaggi. La nueva serie de Netflix está protagonizada por Miah Madden, Georgia-May Davis, Sana'a Shaik, Aubri Ibrag, Mercy Cornwall y Josh Heuston, entre otros. El estreno de Club de buceo en Netflix España es el 3 de septiembre de 2021.

Imaginad a vuestros hijos, primos, nietos, sobrinos o cualesquiera que sean vuestros allegados cuya fecha de nacimiento supere la insoportable brecha del 2000 rodeados de sus amigos y en una lancha por el mar. Ahora intenta imaginarlos sin un móvil en la mano. Imposible, ¿verdad? Para Netflix también.Club de buceo es la nueva serie australiana original de Netflix creada por Steve Jaggi que ha llegado a la plataforma para nutrir de contenido al mismo público que pueda interesar dramas tan naif como Carnaval.

La primera temporada de Club de buceo está protagonizada por un grupo de chicas jóvenes aficionadas al submarinismo que pierden a una de sus amigas en una de sus incursiones. 

Desaparecida y sin pistas que apunten a su paradero, Maddie, Stevie, Anna y la recién llegada Izzie tratarán de descubrir la realidad detrás de la ausencia de Lauren.

Aventuras infantiles del siglo XXI

La fotografía, los diálogos y los — escasos — temas en los que profundiza la serie quedarán tan cristalinos como las aguas de Queensland, localización en la que se ha rodado la serie, con tan sólo unos minutos del piloto: niñós de papá que vivirán una desgracia con insoportable ligereza.

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En esa parte, la del color y la temática, recuerda inevitablemente a esa serie de antiguas adolescencias que veían en televisión de tubo los capítulos de las sirenas de H2O en los dosmiles. Aunque de su parte inocente para inculcar valores con métodos infantiles solo le queda lo segundo, lo de los métodos.

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Pero Club de buceo quiere despistarnos. La sintonía de cabecera tira de orquesta para que nos sintamos lanzándonos al mar como si fuéramos bucaneros, con una simbología que trata de situarnos entre reliquias y tesoros escondidos en las profundidades... que no encaja, ni en fondo ni en forma, con su propuesta. Como tampoco lo hace su deslavazada banda sonora.

Esa es, de hecho, la contraparte de la trama. Este drama juvenil se estructura como una historia de aventuras en el mar en el que las protagonistas terminarán enfrascadas en una carrera por recuperar un antiguo tesoro perdido buscado por todo el planeta.

Lo que en papel suena a una historia de aventuras y drama juvenil que podría tener cierto interés, en pantalla hace aguas. No podía ser de otra manera cuando diálogos e interpretaciones que evitan caer en el dramatismo terminan haciéndolo cuando menos lo necesitan.

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Veremos a las amigas celebrando fiestas, montando espectáculos y dándose baños en alta mar apenas unas horas después de la desaparición de su amiga, siguiendo con su vida como si nada hubiese pasado para sumergirse en la siguiente secuencia en una conversación de tono bajo sobre cuánto la echan de menos. 

La serie trata sin una pizca de sensibilidad que una de sus mejores amigas pueda haber muerto en una de sus aventuras de submarinismo y lo hace con tantísimo descaro que sólo echa más tierra sobre el trabajo artístico.

Club de buceo

 Podemos entender la intención de buscar en su calificación un caramelito para los más pequeños de la casa, pero su obsesión por evitar cualquier atisbo de drama serio, por escaso que sea, termina ridiculizando toda la trama principal de la serie.

Lo que nos lleva a la incomprensible obsesión de infantilizar a adultos convirtiéndolos en falsos adolescentes. La media de edad de las protagonistas no baja de los 22 años, pero actúan con la inocencia de jóvenes de 14 años, lo que nos abandona a una sensación de cringe inevitable.

Netflix tiene en su cartel la americana Outer Banks, una serie con la adolescencia como protagonista, pero mucho más madura que la que tenemos hoy entre manos. Y no es el producto del año, ni por asomo, pero consigue introducir temas que aportan ese volumen que tanto echamos en falta en Club de buceo para que deje de ser un pasatiempo del que recordaremos poco.

La otra cara de la moneda

Con todo y con eso, podemos reconocerle algo: el misterio alrededor de la desaparición de la joven Lauren será para algunos su punto de concordia, no por su construcción sino por la temática relacionada con el submarinismo, y la producción consigue que la serie se sostenga en pie hasta el último capítulo.

Esa es, precisamente, su mayor baza. Es una serie tan blanca que no hay nada en ella que pueda perjudicar a sus espectadores, aunque tampoco tenga más que sacar para algunos que un divertimento lleno de buenas intenciones y vacío de trascendencia.

Y es que puede haber otra cara de la realidad. Esa de jovencitos Disney que siguen en primaria y pueden encontrar en la inofensiva oferta de la primera temporada de Club de buceo un pasatiempo agradable en el que los que ya peinamos canas no encontramos ni entretenimiento ni sentido. No en vano tuvimos H2O para rato en la programación hace alguna década.

Valoración

Club de buceo es una serie que apunta a jóvenes adolescentes, que termina enfocándose al público más infantil sin conseguir una trascendencia que la convierta en algo más que una aventura blanca y sencilla.

Hobby

50

Regular

Lo mejor

Contenido blanco para entretener una tarde de los más pequeños.

Lo peor

Su selección de banda sonora, su incapacidad para ser trascendente y el maltrato al que somete el drama banalizando la pérdida.

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