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Unbelievable Netflix
Análisis

Crítica de Creedme (Unbelievable), la miniserie basada en hechos reales de Netflix

Crítica de Creedme (Unbelievable), creada por Sussanah Grant, Michael Chabon y Ayelet Waldman para Netflix. La miniserie de intriga y drama narra la historia basada en hechos reales de Marie Adler, una joven que fue acusada de denunciar una violación en la que nadie creía. El estreno de Creedme en Netflix España es el 13 de septiembre de 2019.

Hay historias sobre las que cuesta escribir. No por razones creativas ni anímicas, sino emocionales. Nos ha pasado cientos de veces: hemos leído, visto y escuchado historias que estremecen, que paralizan, que remueven. Historias que activan resortes, que moldean, que obligan a reflexionar. Historias que cambian el mundo porque nos cambian a nosotros.

No siempre son relatos grandilocuentes; a veces sólo necesitamos uno pequeño para conseguir un gran cambio. Creedme (Unbelievable), la nueva miniserie de Netflix, es uno de ellos.

Este drama criminal de Netflix de ocho capítulos cuenta los sucesos basados en hechos reales de Marie Adler, una joven adolescente del estado Colorado que fue acusada de realizar una denuncia falsa por un cargo de violación en el que nadie creía. Ni la policía, ni sus amigos, ni su entorno. Sólo dos inspectoras y su férrea determinación encontraron el camino hacia la verdad que le había sido arrebatada.

Sussanah Grant, Michael Chabon y Ayelet Waldman firman la creación de Creedme, el estreno de Netflix que cuenta en su reparto protagonista con Kaitlyn Dever, Merritt Wever y Toni Collette (Hereditary). Un retrato imperdible sobre la libertad, la esperanza y el feminismo basado en una historia merecedora del Premio Pulitzer al mejor artículo ("An Unbelievable Story of Rape") que terminó convirtiéndose en libro ("A False Report: A True Story of Rape in America) y ahora en miniserie. Si tenéis que ver algo este fin de semana, que sea esto.

"Estás sola"

La serie abre la trama con el relato de la violación de Marie Adler (Kaitlyn Dever), a quien nos muestran como una adolescente asustada que no llega a comprender la magnitud de lo ocurrido, pero que le duele como nada que haya sufrido en su ya bastante complicada vida. La sensibilidad con la que relatan los hechos mediante flashbacks muy precisos establece el tono delicado, elegante y sobrio con el que evolucionará el resto de la serie. Porque Marie no será la única víctima, pero sí el eje central y el catalizador de toda la respuesta emocional que esperan de nosotros.

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Después de narrar los acontecimientos a la pareja de inspectores, éstos comienzan una campaña de presión en la que manipulan a Marie hasta el agotamiento, obligándola a afirmar que se había inventado todo. Básicamente porque no tenían nada a lo que agarrarse sin rascar más de lo que permite la comodidad del día a día. Más de lo que ofrecen a un trabajo del que dependen vidas. Cada detalle que Marie no recordaba o confundía, incluso las opiniones de sus tutores de acogida basadas en la percepción que tenían del estado en el que se encontraba la joven, fueron utilizados como una daga con la que hacer más sangre en la herida.

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Cuando la presión de los investigadores es insoportable, Marie firma la declaración y todo su círculo le da la espalda, trascendiendo el caso a la televisión y multiplicándose el acoso y las vejaciones. Porque Marie está sola. Tan sola como lo había estado siempre, pero más sola que nunca porque tenía que enfrentarse a un monstruo que desconocía. Porque, parafraseando a la serie, en un apocalipsis zombi lo verdaderamente peligroso son las personas. Y ya lo eran antes de la pandemia.

Pero Creedme también tiene ese chispazo de esperanza encarnado en los personajes de Karen Duvall (Merritt Wever) y Grace Rasmussen (Toni Collette). Dos inspectoras de la policía de Colorado que cruzan sus investigaciones y se dedican en cuerpo y alma a esclarecer el caso. No por la satisfacción del deber cumplido, sino por pura empatía. La serie hace gala de personajes femeninos perfectamente definidos y empoderados sin el esfuerzo de buscarlo de forma explícita, evitando cualquier tipo de visión sexual sesgada para uno u otro sentido.

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La serie podría caer fácilmente en la culpabilidad del hombre como representante de las atrocidades que se producen en la trama — y es un esfuerzo no pensarlo así —, pero escapa del discurso maniqueísta con sutileza, reflejando una realidad alejada de los estereotipos, tanto para ellas como para ellos.

Las escenas de la vida en casa de ambas inspectoras son absolutamente maravillosas: sus parejas no son el cabeza de familia testarudo y estandarte de la masculinidad, sino personas reales. De las de verdad. De las que van a un karaoke y cantan aunque hagan el ridículo, de las que hacen ejercicio en la bici estática de casa para no sentirse culpables por la pizza del mediodía y de las que ayudan a sus parejas con los problemas laborales. Y los protagonistas de estas últimas líneas son hombres, porque esa es también la cotidianidad.

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En el apartado interpretativo, Kaitlyn Dever interpreta con una finura exquisita la debacle de su personaje, Marie Adler. Consigue que sea doloroso mirar, pero que seamos incapaces de apartar la vista. Ella es una de las grandes piezas del rompecabezas de la investigación, pero no la más importante, y, sin embargo, consigue que cada minuto suyo en el metraje valga oro. Si hablábamos de la necesidad de transmitir un mensaje, Dever es una de las principales artífices de esa trascendencia.

Como también lo son la maravillosa Toni Collette, que no nos pilla de improvisto, y Merritt Wever, que conforman una pareja de policías con una dicotomía de lo más interesante. Su evolución en ocho capítulos tendría que hacer tirarse de los pelos a producciones de unos cuantos ceros más, tanto en el presupuesto como en la duración.

Y si queremos buscar peros, la serie hace uso del montaje alterno para narrar la investigación policial que se produce tres años más tarde de la violación de Marie. Las piezas encajan, pero con dudas. Hay detalles explícitos (los teléfonos móviles, por ejemplo), pero la transición es tan abrupta que no termina de funcionar.

Muchas lecturas ofrecen Mindhunter, la serie criminal de Netflix por excelencia, como una inspiración al cambio con Creedme. Y "creedme" que, de ser así, la historia podría ser fascinante, pero nunca tan necesaria. El estreno de Netflix centra su atención en el tránsito emocional que atraviesan las mujeres implicadas en el caso, víctimas e investigadoras; en cómo una realidad tan cruda cruza de puntillas ante los ojos de la sociedad sin que ésta haga nada.

T. Christian Miller, coautor del artículo original junto a Ken Armstrong, asegura que el violador "podría haber sido convertido fácilmente en un personaje del estilo de Hannibal Lecter y haber mostrado escenas de él planeando, tramando y haciendo las cosas que hizo" y que, sin embargo, "ellos retuvieron esa voz". Un detalle imprescindible para comprender el objetivo de la serie: no hay espectáculo de luces, sólo la cruda y desagradable realidad.

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Creedme tiene algo que contar que, de otra forma, se habría visto enterrado al servicio de la ficción más comercial. Sacrificar el mensaje significa tachar "subversivo" de sus propósitos y, sin él, sólo estaríamos hablando de un drama criminal más. Con el movimiento feminista en pleno auge, muchos señalan que la miniserie de Netflix llega más a tiempo que nunca. "Más a tiempo que nunca". La realidad es que siempre habría llegado a tiempo porque siempre ha existido una lucha. No importa cuándo ni cuántas veces se repita; la historia importa porque la lucha sigue.

La nueva miniserie de Netflix nos hará sufrir, nos hará emocionarnos, nos hará querer apartar la vista, pero estaremos tan dentro que será imposible escapar de ella. Es necesaria, subversiva, elegante y absolutamente imprescindible.

El ritmo de la investigación es el justo y necesario para detenerse en los instantes de mayor carga dramática, la economía narrativa es encomiable al dirigir la acción a través de los diferentes casos sin caer en la repetición de esquemas o la saturación de información y las interpretaciones protagonistas son realmente poderosas. No hay un espectáculo de explosiones, ni un villano carismático, ni un protagonista divertido. Lo que tenemos es la realidad: una tan pura y tan ingrata como la vida misma. Pero puede que tengamos algo que decir al respecto.

Valoración

Creedme (Unbelievable), y creedme de verdad, es una de las miniseries más brillantes de Netflix: sobria, elegante, sutil, subversiva y necesaria. Te hará sufrir, te hará reflexionar y querrás apartar la vista, pero no podrás hacerlo. Un drama criminal con un fondo que la coloca a la altura de las mejores producciones de la plataforma.

Hobby

82

Muy bueno

Lo mejor

Las actuaciones, especialmente de Kaitlyn Dever, son soberbias. Los diálogos y el ritmo de la investigación hacen el resto.

Lo peor

El montaje intercala con ciertas dudas sucesos del presente con el pasado.

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