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Cruella
Análisis

Crítica de Cruella: la coronación de Emma Stone como la villana perfecta

Crítica de Cruella, el live-action que Disney estrena de forma simultánea en salas de cine y Disney+ mediante acceso premium con coste adicional.

Después del estreno de Maléfica y Maléfica: maestra del mal, le toca a Cruella de Vil debutar en el escenario live-action de las adaptaciones de Disney de esta nueva etapa. Lo hace de la mano de una magistral Emma Stone cargada de hombros y todo glamour puesta en un contexto distinto al que conocimos en 101 dálmatas (¡Más vivos que nunca!) de 1996 en el que Glenn Close se encargaba de la villana, porque, como bien sabréis ya a estas alturas, Cruella es una película de génesis en la que se nos narran los comienzos del personaje, funcionando como precuela y dándole un background a esta malvada mujer.

Así y mediante una voz en off, Cruella se presenta a sí misma como Estella, una joven que desde el comienzo de sus días se sintió diferente y que siempre nadaba a contracorriente en su entorno contando además con una pecularidad estética: la mitad de su cabello era blanco y la otra mitad moreno.

Tras mudarse a Londres, Estella se queda huérfana y conoce a un par de ladrones con los que comienza a convivir y delinquir para ganarse la vida, mientras sueña con hacerse un nombre en el mundo de la alta costura. Su trabajo llama la atención de la baronesa von Hellman, una aterradora leyenda de la moda con un ego descomunal que tratará de aprovecharse de su talento para volver a despuntar mientras hace frente a una enmascarada estrella emergente que le disputará la atención mediática y pondrá de manifiesto su declive.

El curso de los acontecimientos hará que Estella abrace su lado más perverso y se convierta en la vanguardista y ávida de venganza Cruella de Vil.

Las claves para que Cruella sea una película sobresaliente son varias: una puesta en escena desbordante para recrear los años 70 en Londres de la forma más fidedigna posible, unas interpretaciones de lujo y una utilización de los recursos para narrar la historia que resulta brillante. Como ha expresado ya en diversas ocasiones la directora de vestuario Jenny Beavan su trabajo no ha ido encaminado tanto a crear un armario en el que prime la moda sino que se considera una "contadora de historias" a través del vestuario.

En la película sirve no solo para definir a los personajes sino también para enfrentarlos: la baronesa, con sus piezas esculturales y sus trajes sin aparentes costuras, relucientes y ostentosos simboliza el pasado mientras que las piezas que viste Cruella son pura provocación: mixturas de materiales, piezas que combinan estilos, con asimetrías y una reinvención absoluta de la forma de comprender el estilismo en la que irrumpe toda la estética punk que vehicula por supuesto  una protesta social. Y hay también cierto posicionamiento político al respecto: la aspirante no duda incluso en hacer una performance en la que literalmente emerge de la basura para reivindicar que el arte no depende tanto de dónde proceda sino del ingenio, la habilidad y el talento de quien se atreva a poner en cuestión el establishment.

Cruella es además una buena muestra del triunfo del esfuerzo colectivo, del trabajo artesanal y de la pasión por el detalle. A todos los niveles, desde la dirección del cineasta Craig Gillespie, responsable de películas imprescindibles como Yo, Tonya, La hora decisiva o El chico del millón de dólares que borda varios planos larguísimos y juega con la posición de la cámara, hasta el intrincado guión elaborado por Aline Brosh McKenna, Jez Butterworth, Kelly Marcel, Steve Zissis, Dana Fox y Tony McNamara y, por supuesto, cada departamento que ha contribuido a cincelar una película inolvidable: vestuario, maquillaje, peluquería, dirección artística...

Hay, eso sí, cierta utilización de CGI en varias secuencias que chirría un poco debido a la artesanía del resto de los apartados: se han valido de él para hacer más fieros a los dálmatas (Cruella tiene sus motivos para odiarlos) y también en la famosa secuencia de la capa envuelta en llamas que da paso a un provocador atuendo de la protagonista en la fiesta de máscaras de la baronesa, que ya pudimos ver en el tráiler. Es un mal menor junto al de la duración de la película, ligeramente pasada de metraje aunque dotada de un ritmo endiablado.

Cruella

Decir que el personaje de Cruella le sienta bien a Emma Stone es quedarse muy corto: ha nacido para interpretarlo, le sienta como anillo al dedo y, probablemente debido a su carácter y aspecto (incidiendo en la paleta de colores de negra, roja y blanca), es casi indisociable de la idea que tenemos en la mente de la Harley Quinn vestida de arlequín, que tenía una tendencia tan clara a desafiar la lógica.

La actriz se lo ha pasado muy bien interpretando a este peculiar personaje e incluso en rueda de prensa admitió preferir a Cruella por encima de Estella porque representa la aceptación de uno mismo: "Es humana, tiene debilidades. Cruella es una película sobre cómo las debilidades se convierten en fortalezas, sobre la aceptación". "Es un gustazo cuando puedes lanzarte con todo".

Un cajón repleto de genialidades que nadie ha visto y un corazón lleno de amargura

Emma Thompson por su parte, ha agradecido el haber podido interpretar un personaje 100% malvado. "Estoy rodeada de gente maravillosa, así que mi experiencia con gente realmente mala es poca, pero sin nombrar a nadie, mis contactos con personas así han sido en el mundo de los negocios. Es una mezcla de distintas personas. Tiene que destruir toda la competencia para poder triunfar". También alabó la recreación de la época: "Nací en el 59 así que en los 70 era una adolescente. He llevado trajes así como los que se ven en las calles de Londres en la película. Incluso el número del bus y la apariencia del bus es como los que tomaba cuando era joven. Era como volver a ser adolescente".

Respecto a la baronesa, la actriz también ha sabido llegar a su corazón: "en realidad, ella piensa que está haciendo lo correcto. La gente que es mala cree que es buena". Y admira de ella "su compromiso con la creatividad". Uno de sus puntos estelares en la trama es aquel en el que explica sus motivaciones: no quiere comprometerse emocionalmente por los demás porque su meta es su arte y considera que es obligatorio renunciar a pensar en los demás porque de lo contrario tendría que sacrificar su trabajo.

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Del reparto, además del duelo entre las dos "Emmas", sensacionales ambas, hay que destacar a John McCrea, dando vida a Artie, el compinche ideal para nuestra traviesa protagonista, así como a sus compañeros de fechorías Jasper y Horace interpretados por Joel Fry y Paul Walter Hauser.

No se puede hablar de Cruella sin hacer mención a su banda sonora, cuajada de grandes hits que además encajan a la perfección con las imágenes. Es un verdadero festín para los ojos y para los oídos y es por ello que solo podemos recomendaros que vayáis al cine a disfrutarla en pantalla grande. Os recordamos que también, desde el mismo 28 de mayo, podréis verla en Disney+ mediante acceso premium con coste adicional. Pocas veces os va a doler menos el desembolso.

Valoración

Gillespie se ha marcado una película escandalosamente deslumbrante: inspiradora, arriesgada, muy bien planificada y que supone un triunfo de la artesanía y el trabajo en equipo. Todo un pelotazo liderado por dos interpretaciones femeninas dignas de elogio de Emma Stone y Emma Thompson.

Hobby

90

Excelente

Lo mejor

El monólogo de Emma Stone, la realización, las interpretaciones, el vestuario, posticería y peluquería, la banda sonora y el tono de la película.

Lo peor

Hay algún breve instante en el que se alarga la película, pero el ritmo está tan marcado que es un mal menor. El escaso CGI utilizado sobra.

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