Crítica de Daniela Forever, la nueva experiencia sensorial que nos propone Nacho Vigalondo

Filmax

Crítica de Daniela Forever, el romance de ciencia ficción de Nacho Vigalondo protagonizado por Henry Golding, Beatrice Grannó, Nathalie Poza y Aura Garrido. Estreno el 21 de febrero de 2025.

Pocos directores españoles tan libres y comprometidos con el género fantástico como nuestro Nacho Vigalondo, un tesoro nacional por esa capacidad de crear mundos nuevos y sumergirnos en ellos sorprendiéndonos y llevándonos por donde menos cabría esperar.

En Daniela Forever hace un alegato bestial de los mundos soñados e imaginarios. Como si del clásico cuento japonés se tratara, nos habla de un personaje que se pierde en su propia obra por su voluntad.

Todo en la película nos seduce para pensar qué haríamos en su lugar, si tomaríamos las mismas decisiones o caminos distintos y, en suma, cómo nos enfrentaríamos a los retos existenciales y de crecimiento personal que se le plantean.

Asumir la pérdida

Cuando Nicolas conoce a Daniela, su vida empieza a tener sentido. Cultivan una relación a lo largo del tiempo y, a pesar de sus diferencias, encuentran un equilibrio. Ella, ilustradora de vocación, es una mujer creativa y luminosa. Ël es menos sociable y busca más la comodidad y la tranquilidad, pero encuentra en Daniela a una aliada perfecta.

Su mundo se viene abajo cuando ella fallece en un accidente fortuito. Obsesionado con su recuerdo, se niega a salir de casa y bordea la depresión. Al menos, hasta que una amiga le invita a formar parte de un exclusivo ensayo clínico secreto.

Consiste en tomar una medicación que proporciona la posibilidad de crear un mundo virtual en el que todo es posible: bajo su influjo los sueños se hacen realidad.

La intención es que supere el duelo y se abra a un mundo nuevo que lo saque de su apatía, pero Nicolas contraviene las recomendaciones y lo utiliza para recrear de nuevo a Daniela y revivir con ella su relación... ahora, enteramente a su medida puesto que él toma todas las decisiones.

Tanto es así que Nicolas se enfrenta a la amenaza de perderse en sus ensoñaciones hasta que tiene que tomar una decisión crucial: ¿hasta qué punto ama a Daniela? ¿Será capaz de liberarla o se empeñará en retenerla de forma posesiva hasta el final en sus "sueños lúcidos"?

Daniela Forever tiene varios aspectos superatractivos. Por una parte, el reparto, encabezado por Beatrice Grannó (que dio la campanada con su papel en The White Lotus 2) y Henry Golding (asiduo en las películas de Guy Ritchie y a quien veremos pronto en La vieja guardia 2) pero en el que también encontraremos a Nathalie Poza, Aura Garrid o Rubén Ochandiano.

Por otra parte, los efectos especiales y la vinculación del arte de la ilustración con lo que ocurre en la película. Las obras de arte que se muestran son sobrecogedoras dentro de su aparente sencillez, jugando con los colores complementarios pero mostrando sombras divergentes o momentos de iluminación.

Además hay secuencias de las que se te graban en la retina dado que ese mundo soñado, que transcurre como superpuesto al real, amplificándolo y permitiendo que veamos lo imposible, como automóviles rebotando contra nuestro todopoderoso protagonista o fragmentos de realidad no explorada que permanecen en la niebla.

El apartado visual de la película es uno de los elementos más fuertes y evocadores porque hace que emerja una suerte de Madrid soñada, mucho más amable y clemente que la ruidosa y contaminada capital en la que todos nos hemos sentido alguna vez desamparados.

A la ecuación hay que unir dos temazos de Hidrogenesse que le aportan capas a la película como son Escolta la tempesta y El beso.

Daniela Forever no es una película fácil de desentrañar ni de comprender. El montaje no es cronológicamente lineal y hay momentos en los que la frontera de la realidad y su versión distorsionada resulta resbaladiza. Todo esto nos conduce a un final algo críptico, abierto a distintas interpretaciones que puede dejar desilusionados a quienes esperen algo más cerrado.

En verdad, Vigalondo ya nos tiene acostumbrados a este tipo de artificios narrativos en los que el espectador termina tan absorbido por la obra como sus personajes, de manera que tiene que darle un sentido a lo que ve que se acomode a su cosmovisión.

Lo que late de fondo y le da sentido a la historia es qué es en último término el amor y hasta dónde se puede llegar cuando se ama de verdad a alguien, más allá de los estereotipos impuestos por los cuentos de hadas y, sobre todo, lo complejo cuando no imposible que es asumir la pérdida, acaso superarla de algún modo para liberar al otro y a uno mismo. Es mucho más profunda de lo que parece.

Valoración

Nota 75

Vigalondo vuela por libre, una vez más, para contar una historia en la que el arte, el sueño y el duelo se dan la mano de una forma visualmente deslumbrante, aunque haya giros que hagan que se tambalee la narrativa.

Lo mejor

Los hallazgos visuales de la película, sobre todo en ese mundo idílico de los sueños en los que mora el protagonista hasta perderse en ellos.

Lo peor

Algunas ideas funcionan mejor que otras y el desenlace queda abierto a la interpretación.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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