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Dead to Me
Análisis

Crítica de Dead to Me (Muerto para mí), serie original de Netflix

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de Dead to Me (Muerto para mí), una serie original de Netflix creada por Liz Feldman (la guionista de Dos chicas sin blanca) y protagonizada por Christina Applegate (Malas madres), Linda Cardellini (Vengadores: Endgame) y James Marsden (Westworld).

"Lo que ha unido la muerte, que no lo separe el hombre", ésta podría ser la máxima que definiría el negro corazón de la serie original de Netflix titulada Dead to Me (Muerto para mí) que verá la luz en la plataforma el próximo 3 de mayo.

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A lo largo de los diez episodios de unos 25 minutos que componen la primera temporada, la serie aborda el duelo ante la pérdida de un ser querido en todas sus vertientes y fases. Incluso de lo que supone la renuncia voluntaria a alguien, que sería la expresión que le da título "muerto para mí".

Jen (Christina Applegate) es una sarcástica e histriónica viuda que tiene que afrontar un fuerte bache económico y hacerse cargo de sus hijos después de la muerte de su marido, atropellado en extrañas circunstancias de madrugada en las inmediaciones de su hogar. Obsesionada con encontrar al culpable, increpa constantemente a la policía, que su opinión no hace lo suficiente como para hacer justicia mientras apunta las matrículas de cuantos conductores imprudentes encuentra a su paso.

Con el ánimo de encontrar algo de apoyo, Jen comienza a asistir a una terapia grupal en la que conoce a Judy (Linda Cardellini, a la que acabamos de ver en La Llorona), una mujer optimista, agradable y entregada a los demás que también ha sufrido una pérdida y trata de rehacer su vida espiritual. Para su sorpresa surge entre ambas una amistad inesperada, a pesar de que sus personalidades son del todo distintas. A medida que estrechan su relación compartiendo confidencias, traumas, proyectos, responsabilidades y muchas botellas de vino, Judy tratará de proteger a Jen de un secreto impactante que podría destruir su vida como la conoce y dedicará no pocos esfuerzos a superar sus propias contradicciones.

El clima en el que se desarrolla Dead to Me recuerda poderosamente a Mujeres desesperadas: no, no cuenta con una voz en off que nos ponga los pelos de punta respecto a lo que sucede en un idílico barrio residencial, pero sí que tiene ese punto de acidez y mala uva a la hora de retratar las miserias de la clase acomodada y de hacer que los personajes tengan que lidiar con los cadáveres que tienen en el armario.

Lo mejor de la serie de Netflix es que consigue sorprenderte con un cliffhanger al final de cada episodio que suele hacer girar la ruleta de los sucesos en una dirección inesperada, lo que hace que el visionado sea de lo más adictivo. Por su duración, además, pide a gritos dedicarle una tarde de maratón. Consumida así, se hacen un poco más evidentes las reiteraciones, aunque éstas suelen obedecer a la lógica dosificación de la información que requiere ir desvelando de manera paulatina los detalles del accidente que sirve de desencadenante para la acción. 

Menos justificable es el hecho de que los personajes masculinos sean tan planos, máxime teniendo a dos protagonistas tan interesantes liderando la ficción. Dead to Me es una serie que enarbola la bandera de la igualdad entre hombres y mujeres y aborda también realidades que rara vez se hacen hueco en una comedia negra de esta índole: desde el "no es no", los abortos, los embarazos, las mastectomías y las crianza de los hijos, hasta las relaciones sexuales y la ruptura de las cadenas de la sumisiób.

Las tramas avanzan a buen ritmo y, aunque hay algunas secundarias que se quedan un tanto deshilachadas, dan pie a que se sigan explorando en el futuro. Respecto al reparto, la química entre Christina Applegate y Linda Cardellini es magnífica: representan esos polos opuestos que se atraen y complementan a la perfección. Una de esas amistades inquebrantables que tienen un origen que os será familiar ya que la creadora de la serie no es otra que Liz Feldman, la guionista artífice de Dos chicas sin blanca, que desarrollaba otra "amistad imposible" pero muy especial entre dos mujeres que a priori no tenían nada que ver la una con la otra.

A Cardellini, por cierto, la vais a ver mucho, ya que últimamente es la pimienta de todas las salsas: además de La Llorona, aparece en Vengadores: Endgame y pronto estrenará también Fonzo, el biopic de Al Capone, dando vida a Mae Capone.

También destaca el trabajo de James Marsden (Westworld) y el de el veterano Edward Asner, a quien recordaréis los más maduritos por su serie Lou Grant y que, como curiosidad, le prestó su voz al robot Music Destroyer en la serie de 1993 Las aventuras de Sonic, el erizo, a Healer en X-Men Legends o a J. Jonah Jameson en la serie Spiderman de los 90. Un actorazo que se deja caer por la serie elevando el listón.

En suma, Dead to Me se merece un visionado y una renovación por una segunda temporada. Esta serie de Netflix te termina enredando de tal manera que le coges mucho cariño los personajes y te deja con ganas de más.

Valoración

Drama y comedia van de la mano en una serie sobre una amistad profunda e imposible entre dos mujeres antagónicas unidas por la desgracia. Con un tono que recuerda a veces al de Mujeres desesperadas, Dead to Me es una serie ideal para maratonear.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

La magnífica química entre las protagonistas, giros de guión inesperados que hacen avanzar la narración y su tono distendido salpicado de humor negro.

Lo peor

Algunos personajes masculinos son un tanto cliché: desde el clásico ex atractivo y canallesco hasta el amigo gay histriónico.

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