Crítica de El diablo en Ohio, una decepcionante miniserie que ni Emily Deschanel consigue levantar

El diablo en Ohio

Crítica de El diablo en Ohio, la miniserie de misterio de Netflix sobre una secta satánica con Emily Deschanel como protagonista. Estreno este 2 de septiembre de 2022.

Netflix ha lanzado ya los ocho episodios de entre 40 y 50 minutos que componen la miniserie El diablo en Ohio (Devil in Ohio) y nosotros los hemos visto del tirón para ofreceros una crítica completa.

Lo primero y quizás lo que tiene un mayor potencial para intrigar, es el origen de la historia en sí misma puesto que cuenta con elementos extractados de la realidad como algunos datos sobre una secta satánica que realiza ritos escalofriantes.

Está basada en la novela del mismo título de Daria Polatin que ejerce como guionista y showrunner. Y cuenta con una trayectoria bien interesante jalonada de éxitos como guionista entre los que podemos incluir Shut Eye, Jack Ryan, Castle Rock o Heels. El libro ha recibido toda clase de elogios como el de ser absorbente, complejo y adictivo.

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Tráiler de El diablo en Ohio, ya en Netflix

¿Le pasa lo mismo a su traslación a la pequeña pantalla? Ojalá pudiéramos decir que sí, pero la verdad es que a pesar de contar con un enorme potencial, se va demasiado por las ramas explorando subtramas superfluas y no consigue nunca encontrar el tono. Cierto es que cada episodio finaliza en un punto crucial que hace casi obligatorio darle al "play" para seguir viéndola, pero le pesa tanta paja.

Los tres últimos episodios son especialmente insatisfactorios, con el último entrando ya de lleno en la utilización de ciertos recursos que adolece de interés y desinfla el misterio principal. Las revelaciones llegan tarde y mal y el aspecto es demasiado parecido al de cualquier serie de misterio del montón, cuando tiene aspectos que podrían haberse desarrollado de forma más adulta.

Hablamos, claro está, de las implicaciones de escapar de un culto religioso y de todos los procesos psicológicos por los que pasa una víctima, desde los resortes que la pueden llevar a sugestionarse y recuperar conductas o hábitos que están fuera de lugar (esto está resuelto de forma especialmente pobre en El diablo en Ohio) hasta el necesario apoyo para iniciar una recuperación haciendo terapia.

 

El diablo en Ohio arranca mostrando cómo una joven escapa en camisón de un grupo endogámico y secreto. Ella es Mae Dodd y recala en los servicios sociales donde conoce a la doctora Suzanne Mathris, una psiquiatra que se vuelca en su recuperación.

Los intentos de que Mae viva en un hogar de acogida no dan fruto y Suzanne decide que viva temporalmente con ella junto a sus tres hijas y su marido. Las dinámicas familiares no tardan en resentirse, sobre todo cuando Mae deja ver el trauma que ha experimentado y toma decisiones inquietantes.

Dado que se muestran malos tratos físicos, psicológicos y tácticas de control mental y de instrumentación de los miembros de una comunidad, en un determinado punto incluso se ofrece el número al que hay que llamar para protegerse de una situación de abuso y pedir ayuda pero esto suena a chufla si tenemos en cuenta lo fantasiosa y desenfocada que está la serie.

La mayoría del público que se acerque a ella lo hará con la idea de ver o bien una serie de terror centrada en una de esas realidades incómodas que subyacen en nuestra aparentemente plácido entorno o bien con una perspectiva algo más frívola pero tan válida como la anterior: como un pasatiempo ligero con algún destello de mal rollo. 

El diablo en Ohio nunca logra decidirse ni reconciliar esos dos puntos de vista y además introduce aún más ingredientes que emborronan su propósito: drama familiar, conflictos adolescentes y más de un momento que roza lo ridículo no tanto por su plasmación visual como por la poca coherencia que tiene el comportamiento de los personajes.

Hay que blindarse a muchas decisiones estúpidas que toman sobre la marcha para darles el pábulo necesario y que nos importen y por tanto nos conmueva lo que les sucede. Así que empatizar es muy complicado.

El diablo en Ohio

En el elenco sobresale la presencia de Emily Deschanel (la inolvidable Temperance Brennan de Bones) pero, por desgracia y a pesar de que trabaja bien erigiendo un personaje complejo, con conflictos internos y una gran entereza moral, la historia no le hace justicia.

En resumidas cuentas, El diablo de Ohio podría ser una miniserie mucho mejor con la mitad de episodios y desarrollando en profundidad los conflictos que nos interesan que son el de las relaciones de poder de la secta con sus acólitos y el de la transferencia entre la joven fugada y su terapeuta. El resto es un barullo que solo mete ruido y desplaza el foco de atención de lo importante.

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VALORACIÓN:

El diablo en Ohio no tiene claro qué quiere ser (¿un drama familiar? ¿una serie de terror con el satanismo como trasfondo? ¿una historia de superación para supervivientes de abusos?), así que tira por la calle de en medio para contentar a todo el mundo: es una miniserie fallida, simplona y con puntos de giro de los que dan vergüenza ajena.
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LO MEJOR:

El arranque, cuando aún no se han puesto las cartas sobre la mesa y hay abiertas distintas posibilidades.
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LO PEOR:

Llama la atención que basándose en hechos reales la serie haya acabado siendo un producto tan formulario, plano y poco interesante.
Hobby

55

Regular

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