Crítica de Los domingos: Alauda Ruiz de Azúa se corona con otro relato imprescindible

BTeam Pictures

Crítica de Los domingos, la nueva película escrita y dirigida por Alauda Ruiz de Azúa con Blanca Soroa, Patricia López Arnaiz y Nagore Aramburu. Estreno el 24 de octubre.

Alauda Ruiz de Azúa es una excepcional narradora de lo cotidiano. Lo demostró en su debut en Cinco lobitos y después en la miniserie Querer, que podéis encontrar en Movistar Plus+. Los domingos reafirma su compromiso con un tipo de cine que no se basa en los grandes giros de guión ni en la desgracia, sino en el paso mismo de la vida y las decisiones que toma cada cual.

La experiencia que escoge concretamente para esta película hace que sea más necesario que nunca una cierta distancia emocional del personaje principal. Ella no toma partido, no la juzga ni la encorseta, solo deja que su ecosistema familiar pase por delante de nuestros ojos para que veamos cómo y por qué termina llegando a su destino.

Son piedras angulares en la película tres actrices fabulosas: la debutante Blanca Soroa, que no ha podido escoger mejor el papel para su puesta de largo; Patricia López Arnáiz y Nagore Aramburu (a quien vemos en un pequeño aunque fundamental papel en la trama).

Ainara tiene 17 años y empieza a plantearse qué hacer en el futuro. Su familia imagina que se debate entre las mismas dudas que otros amigos de su edad: qué carrera escoger, a qué universidad ir, qué camino tomar.

Para sorpresa de todos, sus deseos van por otro camino. Lleva un tiempo realizando una profunda introspección para dilucidar si ha recibido la llamada de dios y si desea realmente convertirse en postulante de una orden de monjas de clausura, renunciando así a su libertad de movimiento, con votos de castidad, pobreza y obediencia.

La noticia cae como un jarro de agua fría en su tía Maite, que teme que haya sido manipulada para llegar a semejante conclusión y no quiere que Ainara se pierda las experiencias que puede ofrecerle la vida en plena juventud: desde las relaciones con sus iguales hasta recibir una educación superior.

Su padre viudo, mientras tanto, ha rehecho su vida con otra mujer y decide respetar su decisión, siempre y cuando a él no le salpique de ningún modo. Nada ata realmente a Ainara, cada vez más decidida a abrazar una nueva y austera vida para desconcierto de su tía y estupefacción de sus amigos.

Los domingos es una película muy compleja que abraza la reflexión, el drama y el humor del día a día. Aunque el caso de la protagonista es muy poco corriente, se nos dan todos los mimbres para tratar de comprender qué piensa la protagonista y por qué.

No es una película religiosa, a pesar de hablar de vocación, fe o creencias en un sentido más amplio siempre desde el respeto.

Pero (y he aquí su mayor valor), no habrá dos personas que salgan del cine pensando lo mismo. Algunos espectadores considerarán que es una cinta equidistante, respetuosa y tolerante, otros la considerarán proselitista, otros creerán que arremete contra la fe católica... 

Y la razón está muy clara: el espectador toma el partido que la guionista y directora no. Es inevitable posicionarse ideológicamente en esta pugna y sentir una mayor conexión con determinados personajes por la coincidencia con su mirada.

Puedes pensar que el abandono familiar arroja a Ainara a los brazos de la Iglesia, que es lo único en lo que ella encuentra cierto solaz y amparo o puedes pensar que es una decisión meditada y coherente de alguien tocada por una fe muy pura. Puedes pensar que está al borde de la locura al "recibir la llamada de dios" o que encuentra su camino, sencillamente, en el recogimiento.

La cinta es expositiva, sin más, y muestra alrededor de Ainara distintos posicionamientos ideológicos y morales respecto a los pasos que va dando. No es ni efectista ni artificiosa: que nadie espere grandes grandilocuencias ni golpes de timón. Pero no por ello es menos conmovedora.

Muy merecida la Concha de Oro en San Sebastián y el resto de los galardones que ha ido e irá recibiendo en el futuro. Primorosa dirección actoral y silencios tan elocuentes como los diálogos, naturales y cargados de significado. Y una puesta en escena sobria, sencilla pero muy funcional.

Al final, varias preguntas se nos quedan encapsuladas en el cuerpo: ¿qué haríamos nosotros? ¿Qué papel desempeñaríamos en esta función? ¿Y si Ainara fuera nuestra hija, sobrina o nieta?

Valoración

Nota 90

Alauda Ruiz de Azúa no rebaja un milímetro el listón y vuelve a dar en la diana con una película excepcional, escrita de manera exquisita y puesta en pie con maestría para hacer pensar al espectador. De lo mejor del año.

Lo mejor

Guión, interpretaciones, trasfondo, capacidad de despertar emociones en el espectador... es un peliculón.

Lo peor

Los momentos de fervor religioso pueden interpretarse de maneras muy distintas: el espectador escoge qué discurso dar por válido.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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